miércoles, 4 de agosto de 2010

Cazador Blanco, Corazón Negro

Director: Clint Eastwood
Año: 1990 País: EE.UU. Género: Drama Puntaje: 08/10
Interpretes: Clint Eastwood, Jeff Fahey, George Dzundza, Alum Armstrong, Marisa Berenson, Timothy Spall y Charlotte Cornwell

Piel gruesa, coriácea, enorme y árida probóscide y marfil de dos metros. Seis toneladas de bicho, seis toneladas de músculo adherido a un barril de costillas y entrañas; un abdomen como cuatro sacos de dormir cosidos con piel; un corazón con ojos de buey en lugar de válvulas, de cadencia de latido pausada, señorial; enormes fuelles intercostales capaces de resoplar un tornado. Con una licencia se podía conseguir que ese enorme mamífero, ese pedazo de vida pura y salvaje que llena con litros de espuma sanguinolenta el vacío, cayera de costado, se desplomara, mientras la tierra se retuerce en un quejido de infrasonidos. John Huston siempre rodó así, matando elefantes. No es accidental que él adaptara “Moby Dick” al cine, pero sí es una fascinante casualidad. Se fue al Congo para buscar la casualidad que le permitiera apurar la vida que le había sido concedida. Y, una vez allí, la eventualidad de su afición al whisky probablemente le salvó de caer enfermo de disentería durante el rodaje. Basada en la novela que Peter Viertel la historia narra los avatares que precedieron al rodaje de John Huston de la mítica película "La Reina de África". El director viajó a África con el pretexto de localizar los exteriores. Una vez allí, y para desesperación de los productores, su único y verdadero interés estaba en lograr cazar un elefante. Dirigida y protagonizada por Eastwood, quien encarna al director de cine, tozudo y de personalidad autodestructiva, empeñado en su objetivo incluso no durara en despreocuparse de la película.

No es casual que Eastwood quisiese homenajear a John Huston en uno de sus mejores filmes, En “Cazador blanco, Corazón Negro” el destacado director querido por todos o por la mayoría, en la que me incluyo, pero a quien no se le puede negar que presumiese de una libertad sólo lograda a base de muchos años y mucho talento. Como menciones el filme está basado en el libro homónimo que el guionista Peter Viertel escribió a raíz de su colaboración con Huston en el rodaje de “La Reina de África” (1951). El guionista, mantuvo a lo largo de la elaboración de la película una extraña relación de amor/odio con el director, sobretodo en el período que ambos pasaron previamente al rodaje, acabando de ultimar las escenas que habían de constituir el filme. “La Reina de África” estuvo a punto de no ser realizada, debido al caprichoso comportamiento de Huston, quien estaba interesado en realizar el filme más por la posibilidad de capturar algún ejemplar de caza mayor durante su estancia en la selva africana de Uganda, que por el hecho en sí de dirigirlo y llevar a cabo un buen proyecto. Huston, en su autobiografía, reconoce su obsesión por cazar un animal, primero un leopardo, al cual renunció tras hablar con un guía que había perdido un hijo atacado por uno, después un elefante, que por suerte, nunca llegó a cazar, aunque lo intentó en numerosas ocasiones.

Peter Viertel convirtió, junto a James Bridges y Burt Kennedy su novela en un buen guión cinematográfico, que cayó en las manos de Eastwood en 1989, y que éste se empeñó enseguida en filmar. Y es que no extraña que Eastwood se sintiera atraído por un retrato biográfico de Huston. De hecho, Clint Eastwood admiraba profundamente a este director, hasta el punto de exigir por parte de los guionistas la suavización de su figura, que en la novela original era mucho más inhumana, cruel y egoísta. En el filme, las primeras palabras, pronunciadas en off por Peter Verrill (nombre en la ficción de Viertel) dicen: “John Wilson (Huston, en la vida real), un hombre violento aficionado a la violencia. Algunos atribuyeron su vida salvaje y atormentada a su atracción por la autodestrucción. Esas opiniones siempre me han parecido inexactas. Por eso tenía que escribir todo esto sobre John, un brillante cineasta que mandaba al carajo a los demás y violaba continuamente todas las leyes tácitas del mundo del cine. Pero tenía la mágica y casi divina habilidad de salir siempre airoso”. Así jugaba al cine Huston, con la ruleta rusa de Raoul Walsh y Howard Hawks, para devorar la vida y dar rienda suelta a la necesidad salvaje de moldear la figura del perdedor que tanto le obsesionaba. John Huston apuró sus días entre elefantes, boxeo, alcohol, ironía, literatura y cine. Plenamente consciente de que, ya que la muerte es lo único predecible, esto de vivir consiste en cazar casualidades.

El personaje de Huston (llamado John Wilson en la cinta) es en el filme bastante más humano y amable de lo que la fama de Huston ha querido mostrar de él. Aún siendo déspota, cruel, egocéntrico, misógino y despreocupado, el personaje de Eastwood deja traslucir un halo de humanidad que lo hace aún más atractivo, sin llegar en ningún momento a provocar ternura o simpatía hacia él. La obsesiva intención de cazar un elefante (el tigre no aparece en todo el filme) responde más bien a una imagen romántica de enfrentamiento del hombre con la naturaleza, ejemplificado esto en el duelo final de Huston frente a frente con el animal y ante el cual decide echarse atrás, como vencido por la poderosa fuerza ancestral del mastodonte. Ilustrando la obsesión de Huston, es de destacar el diálogo que mantiene éste con Verril, quien le tacha de “hijo de puta egoísta e irresponsable por echar a perder el filme con la obsesión de cazar al animal, una de las criaturas más nobles y raras que vagan por este planeta”. Huston le contesta que matar un elefante no es un delito, sino un pecado (Huston lo menciona así en su autobiografía), y que por eso mismo le atrae tanto la idea. Parece como si no pudiera controlar los impulsos irrefrenables de luchar siempre contra lo establecido, de ejercer como el espíritu rebelde e irracional que Huston siempre fue.

Genial es el tratamiento visual que recibe la figura del personaje de Huston, siempre escondido bajo el ala de su sombrero, como ocultando la mirada que delatase su verdadero yo, tan infranqueable para el mundo exterior. La dirección de fotografía, magnífica en todos los aspectos, corrió a cargo de Jack N. Green, habitual en todos los filmes de Eastwood desde su primera colaboración en “El Guerrero Solitario” (1986) hasta la actualidad. Otros habituales participaron también en esta película, como el productor ejecutivo David Valdes (Warner), el montador Joel Cox o el excelente compositor Lennie Niehaus, que tantos logros había conseguido junto a Clint Eastwood, entre los que destacan sin duda “El Jinete Pálido” (1985) o “Bird” (i1988). Eastwood consiguió con su interpretación de John Wilson uno de los mejores papeles de toda su trayectoria interpretativa. Pese a que el filme fue un estrepitoso fracaso en taquilla, obtuvo los elogios de gran parte de la crítica, la cual afirmó que Eastwood había conseguido con “Cazador Blanco, Corazón Negro” el más alto nivel de dirección e interpretación. Y efectivamente, este filme puede considerarse como uno de los mejores y más personales realizados por Eastwood, y esto es patente en cada uno de los fotogramas del metraje, en cada una de las palabras que Eastwood emite por boca de su personaje, imitando a la perfección los ademanes y la manera de hablar de Huston.

Eastwood sentía un cariño especial por este filme, y su implicación en la historia es realmente palpable, como por ejemplo en la soberbia interpretación de la escena final, cuando al volver de la frustrada y accidentada cacería, cae derrotado y avergonzado ante su propia estupidez, la cual es recordada insistentemente por el ruido de los tambores que recuerdan al guía negro muerto, y los cuales repiten sin parar lo que un guía traduce como reproche al cazador blanco con corazón negro. “Cazador Blanco, Corazón Negro” es una reflexión sobre el género humano y sobre la relación del hombre con la naturaleza. El poder de la creación, representado en la imponente figura del elefante, supera la condición humana, y ésta sucumbe finalmente ante aquél, ante la muerte que le mira a los ojos. Sólo entonces Huston podrá empezar su rodaje, una vez haya exorcizado del todo sus obsesiones y sus miedos. Sólo al final pronunciará la palabra tan esperada por todos, "Acción", pero lo hará casi en un susurro, como derrotado ante sólo él sabe qué, sucumbiendo al triunfo de una fuerza más poderosa que su propia personalidad de dios creador.

"Peculiar y brillante historia sobre el rodaje del clásico de John Huston”

domingo, 1 de agosto de 2010

El Último Tango en París

Director: Bernardo Bertolucci
Año: 1972 País: Italia/Francia Género: Drama/Erótico Puntaje: 09/10
Interpretes: Marlon Brando, Maria Schneider, Jean-Pierre Léaud, Massimo Girotti, Maria Michi, Catherine Allegret y Giovanna Galletti

Nacida en estado de desequilibrio; rodada sobre el exceso, filmada por un director para la desconfianza (que más sabe de crítica cinematográfica que de poesía en imágenes): por algún motivo incomprensible Bertolucci pudo regalarnos la obra definitiva sobre la belleza imperfecta. Un último baile descompasado que, como bien se ha dicho, narra el naufragio urbano de dos perdedores en la ciudad que nunca más volverá a ser la del amor. Paris, dos desconocidos, un piso vacío, un breve encuentro sexual sin palabras. Un colchón, un sillón, una lámpara sin tulipa, tan desnuda como el alma de estos dos náufragos que se encuentran para hacer el amor en un apartamento. Aquí y ahora. No hay palabras, no hay historias de un pasado frustrado, no hay futuros perfectos imposibles. No hay biografías. Dos soledades. El sexo se convierte en la verdadera forma de comunicación, la más básica, pero la más real. Jeanne tiene 19 años, Paul 45. La cámara gira alrededor de ellos. Como en un cuadro de Edward Hopper, aislados del mundo, este apartamento casi vacío es el único lugar donde su historia es posible.

Jeanne es una joven moderna que aún sueña con príncipes y castillos donde protegerse del miedo y del frío. Su novio Tom hace cine de vanguardia, “cinéma verité” con pretensiones políticas, un niño grande capaz de proclamar a gritos su amor perfecto y pop en una estación de metro, un voyeur indiscutible que quiere rodar absolutamente todo en 16 mm, hasta su propia boda, nada alejado de la idea burguesa de los Lumiére de reproducir y dejar grabadas para la posteridad sus posesiones, sus familias, sus trabajadores. Es el discreto encanto de la burguesía. Jeanne se refiere a Olimpia, su criada, como la personificación de la virtud doméstica: fiel, económica y racista. Por el contrario, el mundo de Paul tiene una luz triste. Un pasado en América. Otro en París. Su mujer muerta. Un hotelucho sórdido y claustrofóbico en herencia. Viejas fotografías en color sepia. Putas acabadas, saxofonistas borrachos y otros perdedores. Incluso hasta el amante de la esposa parece un clon de sí mismo. Sexo compulsivo y desaforado, un nuevo lenguaje entre dos para dos. Jeanne busca sentir, experimentar. Quiere saber. Paul persigue calmar su angustia existencial. Quiere olvidar. Sexo, cada vez más excitante, cada vez más violento: a la ternura de ella, él responde con sadismo.

Ella aún sueña con un matrimonio feliz. Las parejas jóvenes que sonríen desde las vallas publicitarias anuncian que es posible. La vida de él ha sido una mentira. Un matrimonio fracasado, una herida abierta. El pasado, que se resiste a cerrarse. Jeanne construye un héroe romántico ideal (¡¡es Marlon Brando!!) atraída por su magnetismo sexual, irracional, casi animal. Paul destruye ese héroe irreal, mientras se reconstruye a sí mismo (Es el testamento de Brando. La leyenda dice que nunca se leyó el guión completo y que algunos de sus monólogos fueron totalmente improvisados). Gruñidos por palabras. Ella confiesa que lo ama. El pone en práctica la última prueba. La mantequilla. La puta familia. Los cerdos y las ratas. La humillación definitiva. Traspasados todos los límites, tabúes y abismos que parecían insalvables, Paul cree haber encontrado a alguien que le ama tal y como realmente es. Y aparecen las palabras. El pasado de él se convierte en historia. Ella piensa en el futuro. Se dan de bruces con una realidad en la que no serán capaces más que de bailar un tango desacompasado. Flores a la esposa muerta. La pistola del padre. La próstata y las hemorroides. Enseña a Tom el apartamento. Paul, por fin, quiere el amor y todo lo demás. Jeanne tiene dudas, pero el vestido hace a la novia. Ha tomado una decisión.

Paul es un atormentado, un ser destrozado ( su esposa se ha suicidado, y no quiere construir un mundo nuevo) y un alma en pena continua, que no necesita redimirse, pero que lampa por encontrar a alguien con quien dejarse morir, a quien confiar su letanía más íntima. Y entonces es cuando aparece el sexo y es en su gramática de sudor y de silencios en donde Paul y Jeanne consiguen una comunicación plena. Eros y Tanatos, la vida y la muerte bordadas en el sexo, como decía Serrat en la copla de su Curro el Palmo, la eterna historia del bien y del mal, de la luz y de su reverso, no necesariamente tenebroso: esto es lo que se esconde debajo de la ropa de los amantes, en el suelo del apartamento parisino, con luz del sol invadiendo la pantalla. Asombra que los años no hayan restado un ápice de contundencia a este film: se ha sobrepuesto a su mensaje, aunque tiene todas las papaletas para perderse porque es, muy fundamentalmente, un filme preciso de una época precisa y se entiende que los espectadores que lo vieron en su estreno alojaran un asombro mayor, una reverencia más profunda, un amor más visceral por la experiencia que supone su visionado.

"Puto Dios", dice Paul debajo de un puente mientras un tren pasa. Paul no quiere saber nada del pasado de su amante casual. No hay nombres. No hay historia. Hay epidermis. Hay un revolcón que ha dado suficientes quebraderos de cabeza a los reprimidos y a la censura imperante como para tener este filme como cabecera del pecado, con la imagen voluptuosa de Jeanne en la bañera, enjabonado por el hierático Paul, quemada por una tarde invernal tristísima y hermosa. No escandaliza como entonces, gracias a ese Dios de debajo del puente que Paul insultaba, pero deja un poso de angustia, de escozor en el alma, que es donde más escuecen todas las cosas. Palabras mayores de filósofos de mesa camilla como nihilismo o existencialismo para una sencilla remembranza de una película de erotismo dramático o de drama erótico, pero el sexo es el vehículo para que estos personajes toquen el cielo o toquen fondo y acaban en la gloria o en el infierno. Importa poco. París, no obstante, teniendo muchas películas, tiene a ésta como una bandera firme de su aureola de romanticismo decadente.

París pone el dolor, Brando la desesperación (y una inmensa interpretación) y Schneider el cuerpo; para grabar con pornográfica alevosía unos íntimos actos de amor (no los polvos, sino los diálogos), y una salvaje violación, con penetración, en los secretos vomitados y escondidos de dos personas que creen saber ocultarlo todo y se les ha olvidado vestirse. Ella buscando un padre que le contara cuentos, él escupiéndole las verdades de este mundo; ella esperando que la sacaran a bailar, él forzándola sobre la pista; ella deseando un beso de buenas noches, él cubriéndole la vagina con mantequilla; y pese a todo ella amándole y él correspondiéndola. Algunos se han empeñado en ver en “El Último Tango en París” un estudio sobre la sexualidad, o un cursillo intensivo de lo más perverso del kamasutra, pero esta película es mucho más: es un alegato contra la visión romántica e idealizada del amor, es un profundo análisis de las relaciones de pareja y una crítica a la familia: “esa santa institución, ideada para inculcar la virtud entre salvajes, …donde la libertad es asesinada por el egoísmo”, y por último, es también una reflexión sobre el hecho cinematográfico. La cultura cinematográfica del pasado (Brando es el cine clásico), frente a las propuestas radicales del cine de los 60: el “cinéma verité”, el “free cinema”. No es casual que Tom esté interpretado por Jean-Pierre Léaud, alter-ego de Truffaut en sus películas y actor fetiche de la Nouvelle Vague (Curiosamente repite la misma función simbólica que el personaje que interpretaría en “Soñadores” treinta años después). Tiene la obsesión de atrapar la realidad dentro de un encuadre: lo que queda fuera de campo no existe, no es verdad. Esto es una sencilla crítica de cine, un apunte sobre el pasado, si no has visto la película, que esperas.

"Intenso drama de desencantos y hermosuras”

viernes, 30 de julio de 2010

Casi Famosos

Director: Cameron Crowe
Año: 2000 País: EE.UU. Género: Drama/Comedia Puntaje: 09/10
Interpretes: Billy Crudup, Frances McDormand, Patrick Fugit, Kate Hudson, Jason Lee, Philip Seymour Hoffman, Anna Paquin, Fairuza Balk y Zooey Deschanel

Gracias a sus buenas críticas musicales, William Miller (Patrick Fugit) un jovencísimo reportero es contratado por la revista "Rolling Stone" para cubrir la gira de una famosa banda llamada “Stillwater”. A pesar de su corta edad y de la oposición de su madre (Frances McDormand), el chico vivirá junto a los músicos y sus fans, en especial con Penny Lane (Kate Hudson) una seductora groupie de la banda, una aventura inolvidable. Basada en la propia experiencia del director, obtuvo un gran éxito de taquilla. La cinta es casi como cualquier otra comedia americana. Trabaja casi sobre los mismos tópicos de un montón de películas hollywoodenses. Sus recursos formales y su tono, entre humorístico, melancólico y romántico, casi no distan de tantos otros filmes del rubro, ni de las anteriores películas de Cameron Crowe, su director. Pero “Casi Famosos” tiene un guión sin fisuras, actuaciones parejas y convincentes, mejor música, cierta nostalgia que la vuelve atrapante y una trama que explota el recurso autobiográfico para ahondar en el mundo del Rock and Roll y la crítica musical de los años 70s.

Nos han llamado brujos literarios o moscas de la fruta, pero los periodistas no somos otra cosa que testigos de cargo. Observadores impasibles que ordenan ese ruido de fondo llamado información, retransmitido desde mil y una antenas parabólicas (léase seres humanos) que se parecen, más o menos, a personajes de una película. Que esa película (la vida) sea aburrida o divertida depende, en muchas ocasiones, de quién la cuente y de cómo la cuente. Cameron Crowe empezó a contarla cuando tenía 15 años, una edad en la que más que hablar (o escribir) debería haber escuchado a los que lo rodeaban. Escuchó, tomó nota y nos sorprendio con esta película autobiográfica, fresca, ligera, amable, que limpia la era del sexo y drogas. Ser honesto e inclemente. Ese es uno de los consejos que la irresistible Penny Lane (extraordinaria Kate Hudson) le da al jovenzuelo William Miller (Patrick Fugit) desde su sabiduría de groupie más allá del Bien y del Mal. “Casi Famosos” es una película honesta, pero no inclemente: su mirada es dulce incluso en los pasajes más crepusculares de la historia de los Stillwater, miscelánea de Led Zeppelin, The Who y los Allman Brothers, grupo apócrifo hermanado lejanamente con los protagonistas de ese brillante falso documental que era “This is Spinal Tap”.

No está presente, en este sentido, el cinismo malintencionado de los artículos de Rolling Stone, porque Crowe siente cariño por todos sus personajes, incluida una madre simpáticamente castradora que Frances McDormand interpreta con su acostumbrada e infinita gama de matices. Crowe, excelente guionista (Billy Wilder es uno de sus ídolos, y eso se nota), consigue definir a sus personajes con apenas un trazo, un gesto, una palabra. La voz cantante de la película se apropia del ánimo del espectador con una extraña mezcla de inocencia, pasividad, curiosidad y capacidad de observación, contagiándonos su vitalidad y nostalgia. Sin embargo, llega un momento en el que a Crowe se le ve el plumero y se pone de lado de la conciencia moral de la película (la madre), demostrando que el gritón reaccionarismo de “Jerry Maguire” (su anterior cinta, que tuvo un éxito medio extraño) no era una casualidad. Parece que este niño prodigio tiene que acallar su misteriosa mala conciencia reivindicando extraños procesos de redención que pasan por aceptar el valor de la familia (disfuncional o no) y el amor por encima del arte y el dinero.

En el filme se recrean muy bien los 70s, en la que ya se empezaba a hablar de la falta de "mensaje" por parte de los músicos, y el día a día de una banda de rock con ganas de comerse el Mundo. El joven crítico acompaña al grupo en todo momento y se ve involucrado en todo lo que significa estar rodeado de auténticos rock stars, desde sus comienzos, hasta su gloria. Primeros "bolos", contactos con cazatalentos y ejecutivos de discográficas, apariciones en radios, coqueteos con las drogas y el sexo, las giras, los problemas entre los miembros de la banda...Quizás cabe señalar, que en la película se suaviza bastante el tema del coqueteo de drogas y sexo, y ese camino del exceso queda en pequeñas fiestecillas de roqueros. Salvo este pequeño y prescindible detalle, el resto del filme acerca de un modo muy gratificante cómo se vivía la música rock en aquella época, y sobretodo, la vida de una banda de rock n' roll, que tirando de autobús y guitarras, atraviesan la carretera haciéndonos disfrutar de diversas experiencias. El joven crítico es testigo de cada uno de esos momentos que va escribiendo en pequeñas notas con una idea clara: conseguir que los Stillwater sean portada de la revista que por aquel entonces tan sólo protagonizaban gente cómo los Beatles o los Stones.

Otro de los componentes (no el menos importante) es la música. Crowe la ama y lo demuestra: “Casi Famosos” no sólo es "sobre" músicos sino que "está hecha" de música. Una materia prima con la que crea climas, expresa emociones, postula ideas sobre los verdaderos fans de los cantantes, mira con nostalgia esos discos que son el "ideal" de la hermana de William y luego el de él, que intentará capturarlos con palabras. Si bien la música cumple con un rol importante dentro del filme, lo de Crowe no llega al regodeo. Las secuencias de los recitales, por ejemplo, sólo son utilizadas para hacer avanzar el relato y mostrar la transformación de William (como cuando Penny le quita el lápiz con el que toma apuntes para que se relaje y disfrute). Aunque todas estas criaturas giran en torno de William, el filme nunca abandona el punto de vista de su personaje principal. Por eso se justifican en parte ciertas escenas de "sexo, droga y rock and roll" que pecan de inocentes, o aparecen directamente fuera de campo (porque William no las ve) para el espectador. Lo mismo ocurre con algunas secuencias algo remanadas que, no obstante, cumplen un papel dramático. Como cuando el joven va con su nuevo "amigo", el guitarrista Russell Hammond (Billy Crudup), a una fiesta y el músico toma ácidos, se cree un dios y desde lo alto de un techo salta a una pileta rodeada de adolescentes.

O cuando los integrantes del grupo se pelean por el protagonismo en una remera de promoción y casi terminan separándose. No son tramos del todo lúcidos, pero aportan información valiosa en función de lo que William escribirá sobre la banda en la revista. Que esta película haya sido tomada de la propia experiencia personal de su director Cameron Crowe es sin duda lo más fascinante. Este alucinante y apasionante viaje a las entrañas de una banda de rock y a su mundo, es una de las experiencias más divertidas y genuinamente disfrutable que dio el cine en mucho tiempo. Con un argumento excelente, Crowe dio la obra clave de su carrera sin dudas. Apoyado de la impresionante banda sonora y de un elenco extraordinario, en el que resaltan las composiciones del joven Patrick Fugit, muy comprometido con su rol, de la maravillosa Frances McDormand como la atormentada madre y de la encantadora Kate Hudson, quién se lleva las palmas con su Penny Lane, radiante y divina en cada escena en la que aparece. Relato extraordinario, lleno de una precisión y de una profesionalidad realmente visible, espectacular recorrido por la década del setenta y su música.

"Crónica nostálgica del mundo roquero de los años setenta"

domingo, 25 de julio de 2010

Taxi Driver

Director: Martin Scorsese
Año: 1976 País: EE.UU. Género: Drama Puntaje: 10/10
Intérpretes: Robert De Niro, Jodie Foster, Albert Brooks, Cybill Shepherd, Harvey Keitel, Peter Boyle, Leonard Harris y Martin Scorsese

Cuando me preguntan por mi película favorita, irremediablemente se me vienen a la cabeza una en concreto que destaca sobre las demás; una cinta que aunque sé de sobra que no son de diez técnicamente hablando (aún siendo geniales), logra sin embargo hacer que me estremezca cada vez que la veo, me refiero a “Taxi Driver” dirigida por el genial Martin Scorsese. La cinta narra la historia de Travis Bickle (Robert De Niro), un solitario e introvertido veterano de Vietnam, padece insomio, lo que le permite conseguir un trabajo como taxista nocturno en Nueva York. Con el tiempo, llega a conocer todos los ambientes de la ciudad, desde las mansiones residenciales a los barrios más sórdidos. En una ocasión, se enamora de una muchacha llamada Betsy (Cybill Shepherd) que trabaja en la oficina de un candidato a la presidencia. A partir de ese día siempre detiene su coche en el lugar indicado con la esperanza de ver a su amada, al tiempo que en su cabeza va perfilando la idea de limpiar las calles de la escoria. Además en su vida aparecerá una joven prostituta (Jodie Foster) a quien querrá rescatarla de su proxeneta (Harvey Keitel).

En primer lugar cuando vean la película déjense llevar por esos planos de Nueva York tan bellos rodados desde el mismo coche y relájense con la gran banda sonora de Bernard Herrmann (además fue su último trabajo). “Todos los animales salen de noche. putas, macarras, maleantes, mariquitas, lesbianas, drogadictos, yonquis. enfermos, corruptos. Un día lloverá de verdad y limpiará toda esta escoria de las calles”. Palabras textuales de la voz en off de Travis Bickle, quien ya nos va perfilando su personalidad. En principio, para que una película funcione debe haber nudo, desarrollo y desenlace, o sea, que cada cierto tiempo ocurra algo que impacte al espectador, que le invite a quedarse en su butaca, siempre sin perder el hilo de la historia. Y esta película no sólo logra eso, sino que va mucho más allá, nos regala un guión sutilmente estructurado, con hallazgos a los 10 minutos, a la media hora, alrededor del minuto 50 y antes de llegar al final. Cada secuencia, escena o plano merece un punto y aparte. La cámara recurre al travelling lento y a movimientos de cámara que sólo un autor como Scorsese podría hacer. Él mismo aparece en el filme dos veces: la primera vez mirando sentado a Betsy y la segunda vez siendo un cliente de Binckle. Este papel debía haberlo hecho otro actor pero al final no pudo ser y decidió hacerlo él mismo.

“La soledad me ha seguido toda mi vida, a todas partes. En los bares, en los coches, en las aceras, las tiendas, por todas partes. No hay escapatoria. Soy el hombre solitario de Dios” “God’s Lonely Man”, es una obra de Thomas Wolfe) dice durante la película, el personaje de Binckle que va enloqueciendo, se va transformando en algo que da miedo. Días después de haber comprado una Mágnum 44, un 38 corto, una Colt del 25 automática y una Walther del 380, se encara al espejo, como si retara a alguien diciéndole: “You talking to me?... You talking to me?”(“¿Me dices a mí?..¿Me dices a mí?”). Desde esa escena, la gente suele imitar a De Niro gesticulando y diciendo eso mismo. Paul Schrader hizo el guión en un momento de su vida bastante crítico. Se había separado de su mujer y no tenía dónde vivir. Dormía en su coche o alguna vez en casa de su exnovia. No sabía qué hacer con su vida. Entonces se le ocurrió el personaje del taxista como una metáfora de la soledad del hombre. Eligió el nombre de Travis Bickle porque tiene un punto poético y duro a la vez. “Travis” viene del término inglés “viajar”, como un errante. Y “Bickle” viene de “bicker”, que significa “discutir”. Lo que hace Scorsese es presentar a un tipo aparentemente normal. Pero conforme avanza la película, vamos viendo que ese semblante serio y normal va dando paso a una persona inestable, y paranoica, cuya única vida consiste en su taxi. Ahí es realmente cuando vemos al Travis que Scorsese y Schrader querían mostrar. Un personaje que desvaría, loco, violento, casi surrealista.

En la cinta asistimos a la incapacidad para integrarse del atormentado protagonista y a sus perjuicios, circunstancias que le abocan a una vida estancada tras la guerra del Vietnam. Todo ello va alterando psicológicamente a Travis (de la desasosegante interpretación de de Niro ni hablo. Los actores, todos, parecen más que nunca personajes reales). Un hombre marcado por una vida tediosa, por la sociedad en la que le ha tocado vivir, una sociedad que le rechaza pero con la que comparte prejuicios y que tratará de “limpiar” pese a todo. Poco a poco la ira hará acto de presencia en él. El personaje acabará en un callejón sin salida. Podríamos asegurar, sin embargo, que el torbellino de violencia que desata Travis tiene un fin práctico acendrar de escoria la ciudad para resolver con ello un conflicto mayor y más profundo: el de la redención. El motivo principal que guía a Travis en su festín violento es sacar a Iris del mundo de la prostitución y. de paso, limpiar el mundo de ruines como Sport, el proxeneta de Iris interpretado por Harvey Keitel. La Redención será la que libere del Pecado a las personas para alcanzar el estado de Gracia, trinidad propia de la teología calvinista, en la que fuertemente educaron a Paul Schrader. El intento de rescatar a los esclavos del vicio, de la miseria moral y de la corrupción del alma no cabe duda de que es una laudable misión, por lo que parece evidente que lo erróneo en Travis es el método para alcanzar su fin.

Combatir la corrupción con la violencia otra forma de corrupción, y de las más detestables es crear un círculo vicioso sin salida. Este proceder viene determinado tanto por el pasado como por la situación de marginación social en la que se encuentra en la actualidad. ¿Podemos entonces acusar a Travis de ser lo que es?; ¿no es Travis el producto de una sociedad despiadada e inhumanamente injusta? La respuesta quizá absuelve a la pobre alma perdida que es Travis Bickle. Según Scorsese la línea que separa la locura de la razón es tan simple y delgada como la simple interpretación y desarrollo de un acontecimiento concreto. Al menos junto con Paul Schrader, es una constante que se deduce a juzgar por su exposición. Y la verdad es que “Taxi Driver”, no sólo es una película diferente, sino una referencia del género que otorga un punto de vista nuevo al concepto que se puede tener de un psicópata. Porque no olvidemos que Travis Bickle es un psicópata, un individuo solitario, totalmente desconectado del mundo real y que se mueve o actúa sin criterio alguno, movido por los impulsos que afectan a su ansiedad por lograr una vida normal, en lo que entiende es un mundo contaminado y dominado por la corrupción. De tal manera podemos ver a un ser humano desde muchos ángulos diferentes, porque Travis no se limita a mostrar una faceta concreta sino que reacciona ante su entorno que termina por establecer su actitud en un momento dado. Es en ese punto donde la película es genial, la ambigüedad popular y la noche vista a través de los ojos de Travis mientras conduce el Taxi, así como los pasajeros que recoge, hace que nos replanteemos quién está más loco si el mundo o el pobre e inadaptado Travis.

Recuerdo como si fuera hoy mismo, el impacto que me causó la primera vez que la vi y como me encanto ese camaleón llamado Robert De Niro. Luego, después de haberla revisado un buen número de veces, uno va descubriendo esa cantidad incalculable de detalles que la hacen imperecedera. Para mi es la mejor obra de Scorsese y de la historia. La forma en que está rodada me sigue pareciendo un prodigio. La primera aparición del taxi entre el humo de los alcantarillados es ya todo un alarde de maestría, las atmósferas malsanas y enfermizas de los tugurios que recorre el personaje, y los planos con que Scorsese nos narra la destrucción de la ciudad desde el interior del auto. “Taxi Driver” viene a ser mi película preferida, y es que son tantas veces las que me he visto en la vacía mirada de Travis, o en su cansada voz, que más que una película se convierte en algo personal. Aún así, y gracias a lo que sea; dentro de esta agobiante jaula de asfalto, tengo mis pequeños oasis personales; mi propia redención la encuentro en el cine, en los libros, en la música; en algunos amigos fieles...Es gracias a todo eso, que ahora escribo desde un punto de vista más "lejano" unos sentimientos que bien podía haber escrito en cualquier papel hace unos pocos de años; entonces, no tenía nada de lo que ahora me hace sentir, y fue entonces cuando “Taxi Driver” me ayudó a tragarme esa bilis con menos dificultad. Por eso mismo, hoy más que una crítica le hago un pequeño homenaje. Disfruten de esta joya del cine; pues tiene desde buenas actuaciones hasta un guión espléndido. Los que aún puedan sentir, la entenderán.

“Mi película favorita”

martes, 20 de julio de 2010

Antes del Atardecer

Director: Richard Linklater
Año: 2004 País: EE.UU./Francia Género: Romántico Puntaje: 10/10
Interpretes: Ethan Hawke, Julie Delpy, Vernon Dobtcheff, Louise Lernoine Torres, Rodolphe Pauly, Albert Delpy y Marie Pillet

Ahora me toca terminar lo hecho por mi compañero Adrián, quien comento “Antes del Amanecer”, yo analizare su secuela “Antes del Atardecer”. Jesse (Ethan Hawke) y Celine (Julie Delpy) una vez se conocieron en un tren y pasaron juntos una noche inolvidable paseando por Viena. Prometieron encontrarse de nuevo seis meses después. Han pasado nueve años desde entonces, y Jesse y Celine se vuelven a reunir, esta vez en París. Jesse está de gira promocionando su novela cuando la ve entre la gente en una librería de París. Ella lleva un tiempo viviendo en la capital francesa. Él vive en Nueva York. Jesse inmediatamente decide dejar todo para pasar el tiempo con Celine, de nuevo, esta vez paseando a orillas del Sena. Ambos pasan la tarde en los cafés, en los parques, recordando aquella tarde en la capital austriaca y lo vivido por ambos hasta entonces. Pocas palabras necesitan para comprobar que sigue habiendo lo mismo que entonces.

El amor dichoso no tiene historia. Sólo pueden existir novelas del amor mortal, es decir, del amor amenazado y condenado por la vida misma. Lo que exalta el lirismo occidental no es el placer de los sentidos, ni la paz fecunda de una pareja. No es el amor logrado. Es la pasión del amor. Y pasión significa sufrimiento. He ahí el hecho fundamental de “Antes del Atardecer”. Como ya es sabido “Antes del amanecer”, filme estrenado en 1995 y del que éste es secuela, contemplaba un fuerte desvío. Se trataba de la representación de un amor que prometía, que se proyectaba al futuro, que prometía una concreción a pesar de su regodeo en el presente. Concreción dudosa, tal vez, cargada de obstáculos territoriales y temporales. Es decir, en esta historia de amor había una idea de tiempo, que sucede, que acumula, pero por sobre todas las cosas un amor que nace en el tiempo y que con su bocanada de esperanza parece ubicarse muy lejos de una defunción. El título en este sentido es muy elocuente: todo sucede antes de que todo realmente suceda. ¡He aquí dos seres que pretenden vivir el amor como si no fuera una catástrofe que merece ser vivida!

Ahora bien, la elipsis de nueve años (dentro de la historia pero también entre una producción y otra) trae un fantasma, puesto que ya sabemos que no se ha cumplido el pacto del reencuentro a los seis meses del romance original. Este fantasma es el del amor desgraciado cuya figura sería el gran mito de Tristán e Isolda. Pero no se trata de una reescritura, ni siquiera hay una alusión a esta historia desdichada. Diríamos que se trata más bien de una muy lejana profanación del mito, un referente remoto, casi un coqueteo sobre su simbología o sintomatología en vez de sobre sus contenidos manifiestos. El síntoma de este mito era, el de exaltar un amor cortesano fundado en una fidelidad contraria al matrimonio legal, es decir, contraria a las costumbres feudales. Y fundamentalmente lo que exhibía (a través de algunos velos por supuesto; de otro modo no se trataría de un mito) era, por un lado, la incompatibilidad radical entre el amor y el matrimonio y, por otro, la postergación del amor, es decir, su imposibilidad de "hacerse realidad". Por eso señalamos que más que rememorar la infortunada historia de Tristán e Isolda, “Antes del Atardecer” retoma estos dos añejos elementos de la misma, adhiriendo por lo tanto a cierta inextirpable al parecer herencia.

Sin embargo, no es tan sencillo. Como veremos, el filme por momentos se rebela a esta herencia y por momentos queda atrapado en ella. En primer lugar, la cinta niega instaurarse como una falta, puesto que la trama (y el drama) no se apoya en un adulterio consumado, aunque deje asomar esa posibilidad. Se trata de un amor extra-cotidiano: en esta historia no interesa la rutina de los personajes, sus actividades diarias, sus aburrimientos, no es un encuentro signado por la experiencia del "todos los días". Es un amor de frontera, sin territorio, un amor-pasión signado por el desencuentro, aunque por otro lado sin fatalidad (no hay muerte implicada a pesar de que la muerte de la abuela pueda ser leída como obstáculo del amor) y sin consumación final, lo cual deja afuera la culpa o la elección como posibles operadores de la acción. Solo encontramos un fluir temporal que añora un tiempo no vivido, un blanco que los personajes sólo pueden sintomatizar en los diálogos. La palabra no sólo evoca lo no vivido o no informa solamente sobre lo efectivamente vivido por cada uno, sino que cubre una ausencia. De ahí la verborragia que no admite elipsis temporales ni cortes en los planos, es decir, la fragmentación del espacio.

Es interesante, en este sentido, el largo plano secuencia en el interior del auto en el cual los personajes se sinceran respecto de lo que cada uno cree sentir por el otro, así como las largas tomas que acompañan el deambular de los personajes por la ciudad de París. De esta manera, la filmación en tiempo real colabora en favor de un alejamiento no sólo de convenciones narrativas pensemos cuán extraño resulta en la tradición cinematográfica intoxicar una historia de amor con vestigios documentales sino también de cierta idea de felicidad que se pone en juego en este filme. Idea que condice con una situación social generalizada que vulgarmente se califica como crisis social del matrimonio en tanto institución. Por tanto, podemos arriesgar que a pesar de lo maravilloso de este filme, pensado individualmente, resulta más interesante ver de qué manera se teje un puente entre ambos filmes, y más interesante aun sería ver de qué manera estos dos filmes arrojan cierta idea sobre el mundo. Es decir, cómo se resuelve el amor, no el de Jesse y Celine en particular (no solamente), sino el concepto de amor que arroja Richard Linklater sobre la pantalla. Más que el amor, podríamos decir qué concepto de felicidad se juega en esta historia, en esta narración, y qué concepto de felicidad se juega en nuestra Historia occidental.

Es claro que esta secuela responde a una idea moderna de felicidad y, sin temer cometer una herejía, se puede arriesgar también que “Antes del Atardecer” es un síntoma de la ruina de un modelo, el de familia, o el del matrimonio como institución. Por ello el filme es inconcluso, más que abierto. La felicidad es algo en vías de ser aprehendido, no imposible de capturar; pero su dominio es siempre algo fugaz. De ahí que la cámara no se atreva a intentar registrarla. ¿Qué podría esperarse de la nostalgia una vez consumada? Y es aquí donde el filme queda atrapado en la lógica del amor cortesano. A pesar de todo, lo que ambos personajes aman no es tanto al otro en si, sino al otro en tanto es aquel del cual estoy separado, por fuerzas inmanejables. Lo que posibilita una gran pasión es, después de todo, lo que la obstaculiza. Aún en el siglo XXI. En "Antes del atardecer" se cuenta una historia de amor retomada en el tiempo, y lo hace muy bien, usa una narración clara y concisa, contándonos la historia dando importancia a la historia en sí, poniendo el protagonismo en quien debe estar, en los actores principales (creíbles en su papel, demacrados en la vida real nos muestran con crudeza la ficción). Pero el rasgo que más significo es la capacidad que tiene esta película de arrastrarnos en la historia de amor, en hacérnosla creer, en hacernos partícipes de la misma.

"Un reencuentro apasionante”

domingo, 18 de julio de 2010

Antes del Amanecer

Director: Richard Linklater
Año: 1995 País: EE.UU./Francia Género: Romántico Puntaje: 10/10
Interpretes: Ethan Hawke y Julie Delpy

Hola amigos cinéfilos discúlpenos por alejarnos del blog sin decir nada, esta interrupción fue algo que teníamos que hacer para el bien de los editores, ósea nosotros y del blog, siempre es bueno dar un suspiro, pero no se preocupen hemos regresado a nuestras andanzas y con más de lo mejor del cine, aunque los posteos no serán frecuentes, le prometemos que no les defraudaremos, ya esta todo listo, así que empecemos y que mejor que iniciar este retorno con una gran película como es “Antes del Amanecer” de Richard Linklater. La sinopsis es la siguiente, Jesse (Ethan Hawke) es un joven periodista norteamericano (que acaba de romper con su novia) entre un viaje de tren de Budapest a París conoce casualmente a Celine (Julie Delpy), una bella estudiante francesa, ambos entablan una conversación, así entre los temas que tocan están el amor, la muerte, de la vida y de un futuro que no compartirán... o a lo mejor sí. Una bonita película, de sencillo pero cautivador guión, ideal para corazones inquietos.

En el cine como en el fútbol, se dice que lo más complicado es hacer que lo difícil parezca simple. Y eso es precisamente lo que hace Richard Linklater con esta pequeña gran joya del cine romántico. La película mírese por donde se mire desborda originalidad, tanto en su concepción como en su realización. Es una película muy sencilla a la vez que arriesgada, los personajes tienen una química muy especial entre ellos y eso hace que la película no sea aburrida sino todo lo contrario, tiene un cierto efecto hipnotizador y absorbente gracias a los diálogos interminables y a los escenarios en los que se desarrolla. Hawke y Delpy parecen haber sido concebidos con el propósito de interpretar a unos mágicos Jesse y Celine, que juntos nos hacen pasar momentos realmente bonitos, ruborizantes, y hasta incómodos, como si fuésemos nosotros mismos los que estamos viviendo esa situación. Reducir a dos personajes toda la película es una tarea arriesgada que requiere gran variedad formal, una selección perfecta de la música para que no distraiga, y una fotografía digna de las mejores postales. Todo eso lo tiene “Antes del Amanecer”.

La base que soporta a este filme es el diálogo constante entre dos personas desconocidas, que coinciden en un tren, y pasan un día juntos alrededor de Viena. No hay un tema básico, no hay un problema que resolver, no hay una meta que conseguir, no hay nada. Solo son las ideas de dos personas al respecto de las cosas y los casos de la vida. Si se me planteara escribir el guión para esta idea, me luciría muy difícil. Cuán inteligente tiene que ser un guión para soportar 101 minutos de solo conversación, sin mayor apoyo de personajes secundarios, y sin ninguna acción de ningún tipo que ayude? El guión de "Antes del Amanecer" es suficientemente inteligente para hacerlo, ya que los ciento y tantos minutos de este filme transcurren rápidamente, y al final de la película uno siente cierta tristeza, de tener que dejar de escuchar los pensamientos de estos dos encantadores personajes. Me fascina la manera en que la cámara sigue a Jesse y Celine en su deambular por los parajes más reconocibles vieneses: Schönbrunn, la Ópera, el Prater, la Ringstrasse, los puentes del Danubio, etc.

Richard Linklater hace un cine que funciona a la manera de una cámara presurizadora. El efecto que tienen sobre el espectador sus películas surge del contraste y la interacción entre el interior y el exterior de la propia obra. Hablamos entonces de un cine de espacios acotados, de mundos regidos por normas particulares, temporales, espaciales o genéricas. Aunque pueda parecer que la película de Linklater funcione como una fábrica de recuerdos, también nos habla sobre cómo la memoria define nuestra personalidad, y sobretodo cómo deformamos los recuerdos para poder seguir viviendo. El cine de Richard Linklater, construido sobre ejercicios intelectuales sofisticados, lleno de personajes con los que identificarse con facilidad, parece ser consciente de que su existencia bajo la mirada del espectador es limitada, efímera. Podría decirse que existe sólo para el recuerdo. Es un cine que olvida trabajar ciertos sentidos (el olfato, el tacto y el gusto) para fortalecer su existencia abstracta, conectada a una forma híbrida entre la memoria y el sueño.

Este filme esta dentro de aquellos que más he disfrutado. Como dije me encantan los diálogos, las conversaciones tanto de temas triviales como de temas más profundos me fascinan, el inicio de una historia de amor que tiene prisa en desarrollarse ya que los personajes tienen un solo día para conocerse y enamorarse, y el final es de lo mas bello, nos quedamos con un buen sabor de boca, esperando fervientemente que Jesse y Celine lleguen a un acuerdo, intercambien números de teléfono, o queden en algo seguro…pero no, ya saben como termina y nos quedamos esperando. Esta película que no parece una película. Parece una historia real donde tenemos el privilegio de estar cerca para sentir y sentirnos útiles en este mundo. Que actuaciones tan memorables la de este par de actores. Todo el peso recae sobre ellos y no les emerge falsedad ni por un segundo. Parece como si estuvieran realmente viviendo ese momento mágico de encontrar la persona de sus vidas. Gran riesgo del director que termina creando un filme memorable. Sin apostarle a efectos especiales ni relaciones lacrimógenas Linklater nos regala una verdadera obra de arte.

Creo que nunca una historia de amor se había contando con tanta simplicidad y tanto arte...Es realmente una película para todos aquellos que creemos en un amor que no dista demasiado de la amistad, un amor sencillo y profundo alejado de las historias americanas. Puedo decir que hasta fue gracioso comprobar que esa película tiene tanto de realidad como la vida de cada uno de nosotros, y que en cada escena había algo muy parecido a fragmentos de la vida de cada uno...Bello filme, en el próximo post nuestra compañera Mabel nos hablara de su secuela “Antes del Atardecer”, que están maravillosa como esta, no miren la historia en desorden, si se encuentran con "Antes del Atardecer" en el camino, guárdenla para después y disfruten primero de esta primera parte.

"Una sencilla pero maravillosa cinta"

domingo, 20 de junio de 2010

2001: Odisea en el Espacio

Director: Stanley Kubrick
Año: 1968 País: Inglaterra Género: Ciencia Ficción Puntaje: 10/10
Interpretes: Keir Dullea, Gary Lockwood, William Sylvester, Daniel Richter, Douglas Rain y Laonard Rossiter

La cinta más magnética y una de las más geniales de Kubrick. Cuenta la historia de la humanidad, en diversos estados como el pasado y del futuro, es considerada por la mayoría de la crítica como la película de ciencia-ficción de culto por excelencia de la historia del cine. Hace millones de años, en los albores del nacimiento del mundo unos homo sapiens descubren un monolito que les lleva a un estadio de inteligencia superior. Millones de años después otro monolito de las mismas características vuelve a aparecer, enterrado en una luna, lo que provoca el interés de los científicos humanos. Por último, HAL 9000, una máquina de inteligencia artificial, es la encargada de todos los sistemas de una nave espacial tripulada durante una misión de la NASA. Posiblemente todas estas líneas suenen descabelladas, pero reflejan cierta realidad. “2001” no es un filme sino muchos filmes, y cada uno de ellos varía en el transcurso de la cinta. Sin duda el amanecer de la humanidad es perfecto, un ejemplo de lenguaje cinematográfico. Kubrick logra transmitir el concepto de “Deux Ex Machina” que significa la presencia del monolito: la inteligencia extraterrestre que aparece en momentos claves de la humanidad para iniciar avances en la evolución de la especie.

Sin duda alguna una obra clave en el género de la ciencia-ficción sobrepasando la mera exposición de continuados efectos especiales aderezados con marcianos y naves interestelares y adentrándose en la más absoluta y apasionante fantasía, esa excitante fantasía que rebosa nuestros corazones de curiosidad, felicidad o simplemente disfrute. Esta película es una fantasía. Un surrealista cuadro espacial que desborda imaginación de un genio que desgraciadamente nos ha dejado y que posiblemente se este adentrando en ese túnel de color música y belleza que aparece en el hermoso final de esta odisea. Y ¿quién sabe si se estará adentrando en esa habitación estilo Luis XVI que tan cálidamente acogía a Bowman susurrándole que no hay que tener miedo a lo desconocido, que lo desconocido y la muerte forman parte de la propia evolución? La temática (o temáticas) del filme se debaten entre la ciencia y la mística: el germen de la inteligencia; la evolución de la humanidad peligrosamente sustentada en la tecnología, con la amenaza de que ésta acabe volviéndose contra su creador; y finalmente la necesidad de un paso del hombre a un estado posthumano al margen del cuerpo y la materia para que la humanidad recupere el poder sobre sí mismo. Es decir, el pasado, presente y quién sabe si futuro de la humanidad. Una auténtica odisea con tintes épicos, que desde el momento de su estreno, se convirtió en un auténtico fenómeno cultural que hizo correr ríos de tinta sobre sus posibles interpretaciones destacando la enigmática figura del monolito, llegando a ser junto con el ordenador Hal9000 el inanimado protagonista del filme.

"2001: Odisea en el Espacio" es la mayor aventura cinematográfica jamás creada, que penetra en nuestras retinas alejándolas de el mundo sórdido aburrido y plenamente conocido que es el nuestro y adentrándolas en el apasionante, excitante y misterioso universo que guarda tan celosamente secretos que quien sabe si algún día llegaremos a descubrir. Kubrick se propuso crear una obra maestra y lo consiguió sobradamente. Aquel genio tan lamentable en la escuela pero tan apasionante en el cine consiguió un espectáculo en el que paradójicamente su ambigüedad se convierte en el secreto de su éxito convirtiéndose en su día en un espectáculo de masas y objetivo de múltiples investigadores, geólogos, darwinistas, astrónomos o simplemente cinéfilos que se agolpaban en la taquilla dispuestos a ver su proyección en Cinerama. Cabe resaltar que la elipsis del hueso-espacio, el monolito y el enmudecimiento de Hal forman ya parte de la iconografía del siglo. “2001” es ese monolito, ese tótem cinematográfico que marca un antes y un después en la cine de ciencia ficción. Esta palabra le corresponde con toda justicia. La preocupación de Kubrick por el verismo de todo lo que aparecía en la pantalla hace que estemos ante una película en la que las especulaciones que muestran vienen sostenidas por sólidas bases hasta hacer de “2001” una ficción, exenta de realidad, pero llena de realismo. En sí es una ópera. Es cine en estado puro. Pese a su extenso metraje, no creo que lleguen a 20 minutos los diálogos de la película, lo que hace que toda la fuerza, toda la fascinación venga dada por una imagen cuidada, impactante, magnética, que se queda grabada para siempre en nuestras retinas. A esto se suman unos efectos especiales (ideados por el propio Kubrick y Douglas Trumbull, que también fotografiaría y haría los fx de “Blade Runner”) que aún hoy mantienen el tipo.

Con esta película y una vez establecido definitivamente su residencia en Inglaterra Kubrick asume personalmente el control de su obra lejos del férreo control creativo, excepto el financiero de Hollywood y con un elenco de actores desconocidos por aquel entonces dentro de una producción de este calibre, creando en pocas palabras un milagro fílmico y dotándolo de una estructura narrativa mediante el uso de las poderosas e impactantes imágenes, de muy poco diálogo e insertando temas de música clásica en base a un inteligente y maduro guión del propio Kubrick en colaboración con el escritor Arthur C. Clarke para crear lo que ya es por derecho propio todo un clásico que ya es parte de la historia de cine. La verdadera estrella y protagonista de 2001 y la que más perdura en nuestro recuerdo sabemos que es la fría, cínica y estática súper computadora HAL 9000. De una personalidad avasalladora y que naciera primariamente en versión femenina, cambiando para evitar las connotaciones sexuales que distraerían por demás según el director. En cuanto a la temática, es cierto que es complicado entenderla a todos los niveles la primera vez que se ve, que es algo ambigua en algunas cosas y que en ciertas partes parece más bien una especie de poesía visual o filme surrealista. Lo cierto es que casi todas las personas con las que he hablado de ella tras un primer visionado parecían entender el trasfondo de forma algo intuitiva pero sin llegar a explicárselo del todo. A mi me pasaba lo mismo las primeras veces que la vi. Pero insistí porque, pese a no entender mucho (tenía unos 10 años) me fascinó desde el primer visionado. Las ideas mostradas en esta película son muy interesantes y diferentes a lo que se solía ver en el cine de la época (ahora se ha imitado mucho), aunque la forma de presentarlas sea algo críptica.

Kubrick trabajó cuatro años en la producción, con millones de dólares invertidos en el guión, maquetas muy elaboradas, costosos y complicados decorados y unos artesanales pero muy desarrollados e innovadores efectos especiales que ganaron merecidamente un Oscar y que posteriormente influiría por su gran realismo y profundidad en el género con películas que se han beneficiado con todos los logros técnicos obtenidos a partir de esta película, y que aún se siguen beneficiando como el desarrollo de la infografía por ejemplo. En fin para aquellos que no la han visto en el cine, les recomiendo que se apresuren a comprarse un proyector de video, y una pantalla de 2,5 mts más grande si les cabe en casa. Se dejen de prejuicios, abran sus mentes a una historia que exige algo más del espectador, de lo hoy en día nos suele ofrecer Hollywood, y podrán disfrutar de una de las mas grandes creaciones del séptimo arte. Tal vez su desmesurada ambición a la hora de abordar los asuntos más trascendentes sea la razón de que esta película haya dado lugar a más interpretaciones que ninguna otra. A este respecto convendría recordar las palabras del propio Kubrick cuando afirmaba que había concebido la película como una experiencia sensorial más proclive a ser captada por esa intuición infantil con la que nos abrimos, maravillados, al misterio del universo, que por la lógica convencional con la que cartografiamos la realidad con el fin de volverla manejable.

"2001: Odisea en el Espacio" tiene algo, algo indefinible, algo grandioso, algo enigmático. Es hermética hasta la exasperación y, al mismo tiempo, es sencilla y transparente. Mi primito, por ejemplo, la ha asimilado como una película de aventuras. A mí me sigue dejando un regusto a epopeya, a poesía de muchos quilates. Encierra secretos, intuiciones, muchas claves y pocas certezas. Por tanto, se nos presenta abierta, polisémica, inquietante, peturbadora. En resumidas cuentas “2001: Odisea en el Espacio” es una película que ha envejecido muy bien con el paso del tiempo y que sigue siendo muy admirada por los aficionados al género que con ella sigue ganando adeptos, según la impresión que le pueda causar o la interpretación libre de la obra en si ya sea una influencia religiosa o mística, ya que “2001” es una obra abierta a cualquier tipo de interpretación o impresión que pueda causar en el espectador que la ve por primera vez. Pero sin lugar a duda este filme cambio la perspectiva del cine y de la cultura humana en sí, seria un delito que una persona que se hace llamar cinéfilo no la haya visto y no lo haya valorado.

"Maravillosa obra, sin duda toda una revolución en su época"

martes, 15 de junio de 2010

Perfect Blue

Director: Satoshi Kon
Año: 1998 País: Japón Género: Terror Psicológico Puntaje: 09/10
Productora: Rex Entertainment

"Perfect Blue" narra los extraños eventos que suceden alrededor de Mima Kirigoe cuando decide abandonar el trío de música pop llamado Cham, al que pertenece junto con otras dos muchachas. Sabiendo que la popularidad de los "idoru" (ídolos pop) es pasajera, y siguiendo los consejos de sus amigos, Mima decide probar suerte como actriz de reparto en un drama televisivo, donde empieza a interpretar escenas muy distintas a la limpia imagen que mantenía como miembro de Cham. Entonces, Mima empieza a cuestionar su decisión de abandonar al grupo, que ha tenido gran éxito como dueto. Y, para colmo, la joven sospecha que un fanático enloquecido la espía, pues descubre un sitio en Internet en el que alguien, fingiendo ser ella, escribe un diario que describe con gran detalle sus actividades diarias. Pero las cosas toman un tono de pesadilla cuando Mima empieza a ver a su doble (un "doppelganger") que la reprocha por abandonar al grupo y le muestra cómo sería su vida si no se hubiera separado. Eventualmente los eventos parecen relacionarse cuando empiezan a morir violentamente algunas personas cercanas a Mima. Parece que la doble quiere obligarla a abandonar su nueva carrera... o tal vez lo único doble sea la personalidad de Mima.

Aunque así parezca, no estoy contando el final de la cinta. La trama se complica aún más, y la resolución es inesperada, pero lógica y satisfactoria. "Perfect Blue" es un thriller psicológico en todo el sentido de la palabra, y está perfectamente estructurado. La motivación de los personajes es realista y creíble, y la lógica interna de la cinta parece sólida y consistente. Y el director Satoshi Kon (aparentemente protegido del Maestro Katsuhiro Otomo, director de "Akira") sabe mantener un ritmo ágil, pero lo suficientemente pausado para compenetrarnos con la protagonista, de tal forma que los misterios que la rodean se vuelven más amenazadores e impenetrables. La animación misma podría ser más fluida, pero el diseño de producción (tanto en escenarios como personajes) compensa con creces las fallas técnicas menores que, después de todo, son tan comunes en la animación japonesa. Esta película, creo que va a seguir siendo una de las joyas de Satoshi Kon. Además que fue la película que lo catapulto a la fama. Esta historia se caracteriza por tener alta dosis de suspenso (por así llamarlo), hay imágenes crudas. Y se muestra un poco de imágenes sugerentes. Pero lo que llama la atención en la cinta, es la psicología que se representa. Sinceramente a mi me dejo algo confundida. Por ejemplo les contare que esta película se la preste a dos de mis mejores amigas, a las cuales, no les gusta el anime, cuando la vieron se quedaron encantadas.

La verdad es que en este film Kon consigue una perfecta mezcla entre el estado de confusión y fantasía de la protagonista, su propia realidad vital y además juega de una forma muy acertada con la excusa del papel de la protagonista como actriz en una serie, la mayor linealidad de la historia consigue que a pesar de las diferentes inserciones entre realidades el espectador no se pierda. Además la trama crece en intensidad de modo paulatino, tejiendo una telaraña de la que es imposible escapar, además, en este trabajo no hay elementos superfluos o banales que distraigan al espectador y el clímax la pone el desenlace, que pese algunas licencias inevitables, es sólido, creíble, coherente y sorprendente. Es una película breve, directa, interesante y desafiante, un puzzle que se construye poco a poco, sin fisuras, con una historia tan compleja, bien construida y planteada que para sí quisiesen muchas grandes producciones con protagonistas de carne y hueso, hecho que me hace plantear esta obra que bien podría considerarse, en cierta medida, un buen aperitivo al universo de Lynch. Una obra cuyo único defecto, como dije anteriormente encontramos una animación que no está, ni de lejos, a la altura de la historia, pero que termina convirtiéndose en un defecto menor en comparación con todo lo que ofrece.

Alucinantes son los mundos perpetrados por Satoshi Kon. No conozco otro director capaz de saltar con tal naturalidad de la realidad a la ficción y con un dominio de la multidimensionalidad narrativa tan fluido y fácil, el director japonés tiene perfectamente definidas las leyes de la lógica interna en cualquiera de sus mundos. Por extraño o complicado que aparente ser lo que nos cuenta, está articulado de manera que el espectador es cien por cien cómplice de lo que está viendo. "Perfect Blue" es, El desarrollo, eso sí, no podía ser menos clásico y en este caso lo que acabaremos viendo será mucho más de lo que se nos ocurriría haber esperado; lo que en un principio parecería la historia de un perseguidor, resulta ser un juego de reflejos en torno a la psicología del perseguido. Lo cual sirve en bandeja la oportunidad para que Kon, una vez más, demuestre su inigualable destreza para narrar en varios niveles, reales e imaginarios. Lo mejor...es que realmente borra la línea. Sabrán a que me refiero. Es también un análisis de la fama y el éxito, el guión incluye igualmente y de manera brillante lo que en psicología suele llamarse efecto reflejo: Ver en los demás aquello de lo que carezco o aspiro, pero en un contexto único y comprendido gracias a las insinuantes imágenes y a la sólida narrativa; que si bien en algunos momentos parece abusar de entreverados lances; cobra vida como un elemento que además realza el drama y contribuye con una sensación de suspenso casi visceral, apenas soñada por producciones de acción ¿viva? y con más recursos pero carentes de imaginación e ideas originales.

Si bien la animación es más bien modesta, con un sólo sombreado (en algún momento se añade un segundo, pero suelen ser planos estáticos), un guión fabuloso que sabe desarrollar prodigiosamente un argumento muy absorbente, la eleva a un nivel muy alto tanto dentro del genero anime como del cine en general. Posee momentos angustiantes, sabe crear tensión, y toda la maraña que se desarrolla durante el tercer cuarto del metraje, que puede llegar a ser liosa de verdad, queda resuelta y explicada con exquisita fluidez en unos veinte minutos finales soberbios. A destacar la escena de la violación, tanto por el desasosiego que provoca como por contener pistas subliminales y casi imposibles de observar a simple vista, pero que finalmente acaban por encajar con precisión en el fragmentado puzzle que es el guión. Completamente recomendable tanto para amantes del anime como para aquél que no lo sea, pero avisando que contiene escenas de extrema violencia y de sexualidad casi explícita, que no la hacen aconsejable para los más pequeños. De los múltiples aspectos que expone el argumento; siempre girantes a la condición de la popularidad encuentro notable y particularmente lógica y consistente la forma como se aborda el delirio que causan los débiles ídolos contemporáneos en sus fetichistas seguidores que a la postre desemboca en descontrolados y obsesivos comportamientos.

No quiero usar la frase: "Perfect Blue” es tan buena como una película de acción viva, porque eso implicaría un prejuicio contra las cintas animadas. Sin embargo, tal vez ese es el único modo de expresar su gran calidad... eventualmente uno olvida que está viendo dibujos animados, pues el perfecto guión, las actuaciones de los personajes y de los actores de voz, y la sólida dirección de Kon nos sumergen en la película tan efectivamente como en los mejores thrillers "vivos". Abra que decir que no todos los productos animados son para niños, y ciertamente yo no recomendaría "Perfect Blue" para toda la familia. Se trata, en cambio, de una fascinante película para adultos que examina el fenómeno de la fama y el efecto psicológico que tiene sobre los artistas. El hecho de que emplee caricaturas para plasmar su narrativa es meramente incidental, y esto la hace muy valiosa como una obra que podría ayudar a eliminar el inherente desprecio que las audiencias modernas tienen por el cine animado, considerándolo exclusivamente "para niños", o de menor calidad. "Perfect Blue" prueba que no importa el medio que se emplee, siempre y cuando las historias sean buenas y el personal creativo tenga talento. Satoshi Kon y su equipo son muestra de ello.

“Técnicamente asombrosa y perturbadora”

miércoles, 2 de junio de 2010

Mystery Train

Director: Jim Jarmusch
Año: 1989 País: EE.UU. Género: Drama/Road Movie Puntaje: 08/10
Interpretes: Masatoshi Nagase, Youki Kudoh, Nicoletta Braschi, Cinqué Lee, Screamin' Jay Hawkins, Elizabeth Bracco, Tom Noonan, Steve Buscemi y Tom Waits

Cuenta la historia de unos adolescentes japoneses en peregrinación a Graceland (casa de Elvis Presley). Si hay una película de este peculiar director que sin miedo pueda ser considerada como un puzzle cinematográfico esa es “Mystery Train”. Mucho más compleja sus tres anteriores filmes, en esta Jarmusch opta por el camino difícil: deconstruir el relato e impregnarlo de la marca de la casa. A pesar de que la cinta esta compuesta por tres historias que componen el mosaico particular, comparten una misma línea temporal y espacial, el director acude al montaje paralelo escapando de los convencionalismos lineales. Una misma noche, una ciudad característica, un disparo y una serie de vínculos que hacen nexo entre las tres historias "Mystery Train” se convertiría así en la película más dinámica de Jarmusch, hasta esa fecha; la más mixta en movilidad de planos, así como la más tensa y activa' de su filmografía.

La cámara fija sigue siendo predominante en aparición, pero los travelings laterales, en esta ocasión, toman mayor importancia, pues como dinámica de tren, los personajes se movilizan de lado a lado demostrando direccionalidad y divagación. Jarmusch, a esas alturas, ya hizo un semidecálogo de su cine, en el cual la errancia y la inactividad dramática son sus más resaltantes leyes expresivas. El por qué del título sólo puede atribuirse a los aires poéticos que alcanza el director en todas sus películas. Jarmusch es un artista indiscutible y no pueden pasarse por alto según qué detalles. La película empieza y acaba de la misma manera; un plano de un tren que, como canta la canción, lleva en él numerosos misterios. Mientras que lo que en “Extraños en el Paraíso” servía de vehículo a los personajes era un coche y al final de la cinta, también un avión y en “Bajo el Peso de la Ley” era una barca, en esta ocasión Jarmusch elige un tren, medio que para Jarmusch queda ligado al misterio y la evolución. El viaje aquí sucede fuera de campo, fuera de lo que abarca la película. Ya partiendo de esto, podemos empezar a tener en cuenta las diferencias formales y estructurales con respecto de las tres anteriores. A continuación la descripción de los tres segmentos que forman la cinta.

“Far from Yokohama”: Es una road-movie, pero hacia atrás. Jarmusch hace que sus viajantes vivan la acción parando su viaje y estacionando su tren. Con la pausa en sus caminos y sin moverse espacialmente, los personajes evolucionan y viven la experiencia de un viaje de estas características. ¿Quién dijo que no había road-movie sin cambio de escenario? Jun y Mitzuko llegan a Memphis desde Yokohama tras la estela del Rey del Rock&Roll. Conformando el modelo que conocemos del típico turista que pretende conocer mucho en pocas horas, se recorren la ciudad en busca de los estudios de grabación de los grandes genios del Rock. Cansados, se alojan en la habitación de un hotel cutre en el que hacen el amor apasionadamente. En una secuencia magníficamente rodada donde la cámara los observa desde el techo en un brillante picado, la luz incide sobre ellos, regenerando su aura. De fondo “Blue Moon” de Elvis Presley por la radio. A la mañana siguiente, unos minutos antes de abandonar el hotel y la ciudad y emprender así un camino hacia otros puntos marcados en sus guías, un disparo suena cerca.

“A Ghost”: Luisa, una italiana desesperada que decide pasar deambulando perdida por la ciudad las horas muertas que le quedan hasta que el avión que les llevará a ella y a su marido (muerto) de vuelta a casa, En un restaurante en el que la italiana busca un poco de tranquilidad, un extraño la aborda contándole una historia peculiar: asegura el buen hombre que ha visto el fantasma de Elvis. Alucinada, acaba compartiendo habitación con una joven a la que acaba de abandonar el novio, Dee Dee. En mitad de la noche, a Luisa le despierta un azote: el fantasma del mismísimo Rey que pasaba por allí y que carece de ningún sentido ni sirve en absoluto para la trama argumental, pero que en cambio, viene a confirmar por si aún quedaba alguna duda, que Jarmusch no se estanca en ningún género concreto. A la mañana siguiente, mientras las dos mujeres se despiden, un disparo suena de fondo. “Lost in space”: Johnny acaba de perder a su novia. Will, su mejor amigo y Charlie, su cuñado, deciden consolar sus penas con el alcohol y el aire fresco de la noche de Memphis. Tras diversos incidentes debido al estado de sobriedad de los tres amigos y acercándose peligrosamente al género policiaco, acaban pasando la noche en la habitación de un hotel. Al despertarse la mañana siguiente, y aún con efectos de la borrachera de la noche anterior, Charlie, en un forcejeo con un arma, acaba hiriéndose en la pierna.

La economía expresiva de las secuencias de los japoneses, donde los diálogos por poco desaparecen, facilita el lucimiento de la narración audiovisual del relato de Jarmusch. Seguramente sea este primer segmento el más logrado de toda la película. Cuarenta minutos le bastan a Jim para sintetizar todas las premisas que trataba de hacernos llegar desde “Extraños en el Paraíso”. Una constante que arrastra desde entonces es la del personaje gracioso que adopta el rol de payaso. Una persona humilde, optimista, alegre, ingenua y vital que nos aparece como la encarnación de la estupidez supina y ridícula. Roberto (Bajo el Peso de la Ley), Mitzuko y Helmut el taxista neoyorquino de “Noche en la Tierra”, perdedores innatos, despiertan la compasión del espectador y crea entre ambos una tensión empática que los une a lo largo del metraje. Y a pesar de esa mirada divertida e irónica a los personajes, por cierto, reparto coral, novedad en el cine del director, esa atención especial y dedicada por definirlos, a Jarmusch no se le olvida lo que le movía la cámara en sus primeras obras. La búsqueda de un tratamiento eficaz para la sociedad Americana que sufre las consecuencias de la década de los 70. La América profunda y enferma que no reconoce como suya la dolencia y por tanto no puede, ni quiere buscar cura.

Todos los personajes de su historia buscan con cierto entusiasmo la plenitud contextual, Jarmusch atribuye a un sitio en especial (Graceland, la tierra del “Rey” Elvis) la calidad de receptor de esas ilusiones, propone un lugar de desencanto, un seudo paraíso tangible desconsolador, y hasta peligroso ¿Qué mejor lugar para pensarlo como mundo ideal que la tierra del Rey? El reino del rock, y el de las euforias desmedidas, asienta con la cabeza en negación para las expectativas infundamentadas de sus visitantes. “Mystery Train” se divide en tres episodios, tres historias que juntas proponen como si de una sola se tratara; pues van anexadas (enganchadas) por la percepción del espectador para con el ambiente retratado, proponiendo integridad al relato dividido con rostros diversos pero contextos compartidos. Todo esto para generalizar la idea de desilusión conjunta, y diversa, con aumento progresivo. Esta cinta es la película más compleja de Jarmusch. Y con ella vuelve al color para decolorarlo, alude a la actividad y dramatismo para desinflarla ante los ojos de todos, apela al movimiento para denotarlo como lineal y soso. Jarmusch hace entrar al tren a su encuadre al principio de su película, asimismo que lo hace salir al final. El tren entró ilusionado, dudo que haya salido con la misma emotividad...

“Una película embriagadora y seductora”