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martes, 29 de noviembre de 2011

Sword of the Stranger

Director: Masahiro Ando
Año: 2007 País: Japón Género: Animación Puntaje: 08/10
Productora: Estudio Bones



Japón medieval en pleno reinado de la dinastía Sengoku, un samurái llamado Nanashi, que significa "sin nombre", salva a un niño llamado Kotarou y a su perro Tobimaru en un templo abandonado, Kotarou no tiene familia y es perseguido por una misteriosa organización militar de China, por lo que el niño contrata a Nanashi como guardaespaldas, el samurái ha abandonado su nombre junto a su pasado, ha "sellado" su espada debido a un suceso pasado que lo atormenta en forma de pesadillas. El encargado de perseguir a Kotarou es un hombre llamado Rarou, que pertenece a la organización de origen chino y que esta bajo las ordenes de un anciano llamado Byakuran, aunque, a diferencia de sus compañeros, Rarou no posee un concepto de "Rey", solo busca luchar contra el más fuerte. Una de las aportaciones más notables de la épica japonesa al cine contemporáneo es probablemente la figura del samurái, popularizado en occidente a través de el manga y el anime, el samurái descasta por representar un feroz individualismo frente a las estrictas normas sociales que regían las acciones del guerrero, una estampa que casi podríamos calificar de romántica. Algo de esa nostalgia hay en el primer largometraje del animador Masahiro Ando y el Estudio Bones, creador de la popular serie “Fullmetal Alchemist” (2003), “Sword of the Stranger” es una dicotomía a la modernidad y a la tradición, que parece haberse trasladado también al apartado técnico, sin obviar que los estudios japoneses son únicos a la hora de mezclar animación tradicional con CGI. En este sentido, la productora animada que la produce ofrece en su primera película autónoma una realización notable.



La primera toma de contacto es engañosa. Apenas la de una de tantas películas ambientadas en el Japón feudal consistentes en dos talentos destinados inequívocamente a enfrentarse en una épica batalla final, en la que median multitud de peleas de mayor o menor cuantía o importancia que suceden hasta la finalización de su metraje. Sin embargo, lenta pero inexorablemente, “Sword of the Stranger” avanza poco después hacia unos extremos que van mucho más allá de la simple lid entre dos portentos de la esgrima. La cinta es toda una reivindicación de la superioridad militar y combativa del Imperio del Sol Naciente en mitad del consabido y tradicional duelo mantenido entre China y Japón por la hegemonía de Asia, que mantenían dos planteamientos tan diferentes como contrapuestos en aquella era: la primera con numerosos avances científicos y una diplomacia de cuya importancia han quedado pocos lugares a la duda y la segunda anclada en un agobiante feudalismo y un férreo cerco a las influencias extranjeras que sólo se levantará en plena era Meiji, durante la segunda mitad del siglo XIX. En cuanto lo personajes podemos aclarar que Kotarou es un niño que debe aprender a valerse por si mismo de un momento a otro. Al momento de conocer a Nanashi, hace todo lo posible por demostrar que es una persona totalmente autosuficiente. A medida que avanza el metraje, el espectador se entera de la historia del pequeño y ve como este evoluciona bajo el cuidado de Nanashi. El samurái por su parte, también evoluciona durante el transcurso de la película; en un principio se muestra como un hombre más bien egoísta cuyo pasado no está demasiado claro. En el último tramo de la cinta se explica el porqué del errático comportamiento de Nanashi, al mismo tiempo que se ven los frutos de su relación de amistad con Kotarou. Ambos son personajes con carencias a nivel emocional, por lo que el lazo que los une se asemeja al existente entre un padre y un hijo.


En relación a la época exacta en la que se desarrollan los hechos, estamos en plena era Sengoku (1467 hasta 1568), un periodo histórico caracterizado por las tensas relaciones entre ambas potencias merced a los estragos de los wako (piratas japoneses) en las costas dominadas por los Ming, que llevaron a éstos a prohibir hasta en dos ocasiones el comercio con sus tradicionales enemigos nipones. Ante esta situación, no cabe sino decir que de la primera a la última muerte que podemos contemplar está claramente destinada a ilustrar la hegemonía de los guerreros nipones frente a sus adversarios Ming que inicialmente miran con desprecio el territorio que invaden, aunque finalmente no les queda sino reconocer el valor y el coraje de los samuráis y sus peculiares costumbres y formas de concebir el combate. Este enfrentamiento puede apreciarse incluso en las armas, entre las cuales cabe destacar la katana permanentemente enfundada de Nanashi. Todas esas pinceladas no sirven, sin embargo, para explicar ciertos detalles que, si bien podrían constituir ciertas licencias narrativas, no dejan de ser chocantes. En cuanto a los villanos de turno, todos están motivados por sus ambiciones personales; algunos desean eliminar el dominio Ming en la zona, otros la vida eterna, o algunos como Rarou, el villano principal de la cinta, solo desean encontrar un rival a su altura. La verdad es que no se da mucha información con respecto a los habilidosos soldados Ming, ni como Rarou terminó trabajando para el Emperador Chino. Lo que si llama la atención es que tanto Rarou como Nanashi son extranjeros. Esto se suma al cuidado que puso el director al momento de diferenciar la cultura china de la japonesa (de hecho el filme está hablado en japonés y chino mandarín). Estos detalles probablemente responden al deseo del director de construir una historia que rompiera las barreras del lenguaje, y que fuera atractiva tanto local como internacionalmente. Al mismo tiempo, el director prefiere entregar una mirada imparcial del conflicto entre ambas naciones, retratando a los chinos como hombres obsesionados con la ciencia y la espiritualidad al servicio de sus gobernantes, y a los señores feudales japoneses como hombres ambiciosos cuyo único interés es el dinero y el poder.



Reflexiones históricas al margen, nos encontramos sin duda ante toda una demostración de buen hacer por parte del Estudio Bones; diseños planos y sobrios pero contundentes y llamativos fondos llenos de acetatos en sus colores; planos efectistas y luchas rápidas y emocionantes. El apartado técnico es sobresaliente y en todo momento consigue envolver al espectador en un ambiente bélico muy pocas veces visto en unos años en los que las curvas de Haruhi Suzumiya y que decir de la banda sonora que la acompaña, que generalmente esta constituida por melodías que van acorde a cada escena del filme. Su animación es soberbia, movimientos cuidados y fluidos sin exagerar, siempre apuntando a la mayor expresividad de los personajes, cada personaje deja al descubierto de forma concreta su propia personalidad en su aspecto visual. Sabemos cual es el tipo duro, cual es el personaje desinteresado, se puede decir que se nota algo cliché en algunos personajes, pero no se dejen engañar, mas de una vuelta de tuerca siempre encontraremos algo más detrás de la visual de los personajes, un ejemplo claro, Nanashi, nuestro protagonista, como dije anteriormente los fondos son soberbios, magníficamente detallados y cuidados ayudan a una composición equilibrada de las escenas, sin sobresalir sobre los personajes, pero aun así si se les presta atención uno queda absorto por tremendo detalle y cuidado. En conjunto, la obra es toda una experiencia visual, podemos ver el sello del estudio de animación por todos lados en este aspecto, ya que el estudio a demostrado ser muy cuidadoso en los aspectos gráficos de sus obras, ya sea dando atmósferas originales y cuidadas, así como momentos de animación únicos desde tremenda acción hasta momentos típicos, y todo esto esta multiplicado por demasía en esta producción. En cuanto a su desarrollo, el guión sigue un desarrollo perfecto y equilibrado. Los personajes están perfectamente presentados, su personalidad es desde un principio atractiva y evolucionan de forma creíble en cuanto a su relación, sin que en ningún momento se levante esa constante aura de misterio que envuelve por ejemplo la historia de Nanashi o el origen incierto de Kotarou.



Los combates en “Sword of the Stranger” son simplemente espectaculares, cuidados hasta el extremo en materia de realismo y detalles. Aquí no vas a ver escenas típicas de anime de tipos superfuertes o con extraños poderes, y un festival de espectacularidad en cuanto a lo extremo de las peleas…bueno, vas a ver un festival de espectacularidad en cuanto a lo extremo de las peleas, pero de una forma demasiado excelente. Las peleas están coordinadas de tal forma que se deja entrever una coreografía posiblemente realizable por personas, no exagera en cuanto a potencia o habilidad, sino que se tiene muy en cuenta el limite que puede tener un humano, por otro lado los detalles en cuanto a técnica de combate están pulidos al limite, golpes, poses, avances, bloqueos, todo esta embebido por un cuidado de lo realista que es muy fuerte. Se nota el estudio detallado sobre movimientos y artes marciales para lograr coreografías perfectas a la hora del combate, sorprender al espectador por lo espectacular de las mimas, y no buscar la exageración para lograr una buena impresión. No puedo, sin embargo, obviar una evidencia como es la de la extrema crudeza de muchas de sus escenas. En este último caso, las mutilaciones y la generosidad a la hora de mostrar sus estragos en las carnes serán constantes. En cierto modo confieso que alguna de sus escenas se vuelve particularmente desagradable debido a la constante presencia de sangre y miembros amputados que inundan el paisaje. A ello hay que añadirle las escenas de torturas que, si bien no son demasiadas, no hacen sino agravar esta circunstancia de cara a las mentes más sensibles. En otras palabras, estamos ante una película destinada exclusivamente a un público adulto es difícil que a estas alturas una cinta de este tipo presente una propuesta por completo original. “Sword of the Stranger” está fuertemente influencia por el cine de samuráis de Akira Kurosawa, aunque si presenta un ritmo narrativo y una estructura más propia del cine hollywoodense. La historia se desarrolla de manera bastante lineal, evitando caer en complicaciones innecesarias, lo que ayuda a que la cinta no se vuelva en ningún momento tediosa.



El director se preocupa de mantener ocultas las razones por las cuales los Ming están persiguiendo a Kotarou, siendo este el misterio principal que presenta el filme. Más allá de esto, “Sword of the Stranger” no presenta grandes sorpresas, lo que no influye mayormente en el resultado final de la cinta. Terminado de ver esta obra, un filme poco conocido, pero del que no desmerece nada si lo comparo con los grandes clásicos del anime, aunque es en su tramo final donde todas esas emociones fluyen y se conjugan para ofrecer uno de los finales más espectaculares y violentos del cine en los últimos años. La sangre estalla y cubre de golpe, todas las escenas de peleas, en una espiral de violencia que se acrecienta a cada minuto del filme, una violencia cruel, indigna e inmoral, las escenas donde la muerte se hace la dueña, son grotescas (muchas de ellas) y sin ningún pudor ni censura. Es un filme que combina sabiamente el cine de samuráis, el cine de aventuras, el de acción y con un elemento fantástico. Peso a esto último, conviene recordar que vivimos en una época en la que todo se resuelve con una protagonista sensual, unos temas pegadizos para los openings y los endings y una avalancha de merchandising en forma de posters, videojuegos, figuritas, etc. En medio de tanta mediocridad, siempre es bueno que de vez en cuando salga un producto que mantiene una cierta dignidad argumentativa…algo que todavía permita afirmar que en Japón se hace anime y no meras extensiones animadas de campañas publicitarias. En definitiva es unna película entretenida, emocionante y cautivadora que, pese a ciertos detalles de dudoso gusto, no cabe sino aplaudir como una de las mejores películas de los últimos años en la animación japonesa. Con su opera prima Masahiro Ando deja patente un profundo amor no solo por el dibujo animado, sino también por un género cinematográfico más referenciado que practicado en los tiempos que corren. Al igual que le ha sucedido a muchos westerns modernos, su cinta que va a medio camino entre la visceralidad y el homenaje no termina de encontrar su lugar, pero la espectacularidad técnica y los recursos artísticos de que se vale dan como resultado un notable anime.



"Una buena animación, argumento y desenlace"

miércoles, 16 de noviembre de 2011

¡Agáchate Tonto!

Director: Sergio Leone
Año: 1971 País: Italia/EE.UU. Género: Western Puntaje: 08/10
Interpretes: Rod Steiger, James Coburn, Romolo Valli, Maria Monti, Rik Battaglia, Franco Graziosi, Antoine Saint-John y David Warbeck



Juan Miranda (Rod Steiger), un vulgar ladrón mexicano, y John Mallory (James Coburn), irlandés veterano del IRA y experto en explosivos, se conocen en México, y planean trabajar juntos robando bancos, o al menos eso es lo que cree Miranda. Un día dinamitan lo que Miranda creía que era un banco local, y que resulta ser una prisión para revolucionarios, Mallory ya lo sabía, pues es uno de los activistas en pro de la Revolución Mexicana. La explosión libera a un sinnúmero de rebeldes que estaban presos y ambos se convierten en héroes de dicha revolución, poco tiempo después, las tropas del gobierno, comandadas por el Coronel Gutiérrez (Antoine Saint-John), comienzan a seguirles los pasos. Sergio Leone llegó desde Italia para cambiar el western y de paso los códigos clásicos del cine hollywoodiense en general con la desmitificación por la bandera. Es el fin de los cowboys de rectitud moral, modales impecables y apariencia inmaculada para dejar paso a antihéroes sucios, malhablados y descreídos que dan bandazos dentro de un mundo confuso y violento, con recursos formales y anticipados, que muchas veces bordean el exceso y que dejaran notable huella en la cinematografía posterior. Y todo ello acompañado en la parte musical por el complemento perfecto de ese cine innovador: las partituras de Ennio Morricone, que también puede que muchas veces reñidas con el buen gusto, pero nadie puede negar que son novedosas e inimitables. Sergio Leone fue todo un visionario del séptimo arte. Amado y odiado a partes iguales, su estilo de hacer cine no dejó a nadie indiferente. Para los clasicistas se trataba de un bastardo de las catacumbas de la Serie B, mientras que para la nueva generación era un genio de los pies a la cabeza que había llegado más alto que John Ford. Podemos compararlo como el Quentin Tarantino del cine sesentero, para entender su importancia y su imagen en la historia del cine moderno.



Cada vez que se da una lista de las obras maestras de Sergio Leone, se suele dejar fuera a “¡Agáchate Tonto!”, y aún no encuentro el por qué. Se reconocen siempre los méritos de “La Trilogía del Dólar", cuando “¡Agáchate Tonto!” es también parte de una segunda trilogía que esta conformada por “Érase Una Vez en el Oeste” (1968) y “Érase Una Vez en América” (1984), digo esto más que nada porque es una película ambigua, extraña y ni siquiera se puede calificar como una película de género, porque tiene lugar durante la Revolución Mexicana. También probablemente su infravaloración se deba a la existencia de varias versiones de la película, con diferentes títulos, y cada una con omisiones que impiden entender la historia. Sin duda el gran tema del filme es la revolución y esto se puede ver en la mejor escena de la película, tanto técnicamente como en el modo fiero en que Leone retrata a las altas esferas del poder. El director nos muestra a la clase alta como una caterva de sepulcros blanqueados, que esconden el miedo al populacho, la hipocresía religiosa y moral. La dama de alta sociedad critica aquello que en el fondo parece desear, y su marido pierde su altanería a la vista del primer cañón. Justo antes de que Leone nos presente al irlandés John, el director nos ha colocado directamente ante la lucha de clases, el germen de la revolución. El rebaño está dirigido por unas esferas corruptas y anquilosadas y adaptadas a un sistema injusto y atroz. En el fondo los ricos saben esta gran verdad. Por eso temen al pueblo, a la revolución, a Emiliano Zapata y a Pancho Villa. Por eso se aferran al poder, y responden al levantamiento con brutalidad. En definitiva, el ocaso de la dictadura mexicana que muestra Leone tiene reminiscencias del ocaso de Benito Mussolini. Del mismo modo, la relación entre Juan y el dinamitero John es totalmente quijotesca. Tras un pequeño intercambio de balas y dinamita, los dos parten hacia Mesa Verde, el sueño dorado de Juan, Mesa Verde es el lugar donde hay un banco repleto de oro, un banco donde el padre de Juan fue apresado en un intento frustrado de atraco. Por eso Juan ve en John el vehículo perfecto para lograr su objetivo.



“¡Agáchate Tonto!” se inicia muy al estilo Leone, con un primer plano de una meada sobre una colonia de hormigas. ¿Una metáfora de la opresión de los poderosos, o simplemente la forma ideal de presentar al sucio e inmoral Juan Miranda? La lucha de clases pronto quedará todavía más patente cuando Miranda se suba como pasajero a una diligencia de lujo. Descalzo, sucio y maloliente, Miranda contrasta claramente con el resto de pasajeros, un puñado representativo de las altas esferas: empresarios, políticos, la Iglesia. Los pasajeros debaten sobre la condición de los pobres y los desheredados. De planos medios pasamos a primeros planos de los rostros. La gente bien debate, opina, despreciando a las clases bajas. Un silencioso Juan se convierte en convidado de piedra a un diálogo de ricachones. Juan se convierte pronto en el bufón, en la prueba científica de los argumentos. No sabemos todavía si es un simple o se esconde tras la piel de cordero. Los planos cada vez son más cortos. La cámara se centra en las miradas, las bocas. Unas bocas que vomitan palabras vacías, reflexiones heredadas como si fueran latifundios, mientras engullen comida sin parar. Un empresario norteamericano clama contra los negros. Otro ricachón se burla de Juan. Su mujer se escandaliza pensando en cómo las familias pobres fornican en las noches con otros familiares y ovejas, en unas oscuras orgías incestuosas. El cura trata de mostrarse comprensivo, más por su condición que por su verdadera naturaleza. Tras sus palabras se esconde la vieja hipocresía eclesiástica. Si los personajes de Leone eran ambiguos, aquí tenemos a dos tipos quienes resulta algo difícil calificar de héroes. Miranda es un cobarde que sólo piensa en su propio provecho, que ignora que en su país está en medio de una revolución, mientras que Mallory es un fugitivo que ha acabado en una revolución distinta a la suya. Ninguno de los dos me resultó particularmente simpático, pero a medida que la película nos deja conocer a los personajes más, conseguí entenderles, sin que realmente se rediman.



Leone propuso tener a Jason Robards y Eli Wallach como protagonistas, pero la United Artists quería nombres grandes. Se habló también de incluir a Malcom McDowell y Clint Eastwood en el proyecto. El director se reunió también con Sam Peckinpah para qué dirigiera el filme, pero el norteamericano se echó atrás, finalmente el propio Leone se sentó tras las cámaras, lo cual no era de extrañar, pues al fin y al cabo había estado implicado en el desarrollo del guión y del proyecto desde el principio. Para interpretar al ladrón mexicano Juan Miranda (papel que Leone había querido para Wallach) el estudio propuso a Rod Steiger, a quien Leone le dio el visto bueno. Difícilmente podía pasar por mexicano, pero desde luego era un buen actor. Para interpretar al ex-miembro del IRA John Mallory, Leone contactó una vez más a James Coburn, con quien había querido trabajar desde los días de “Por Un Puñado de Dólares” (1964). Coburn tuvo sus dudas, pero tras pedir consejo a Henry Fonda, acabó aceptando. Pero hay que acotar que la película nos cuenta la historia paralela a lo que describe Miranda: los intelectuales (como Mallory o el doctor Viega) aunque ciertamente la organizan y facilitan, la revolución en realidad no es una lucha de ideales, sino una serie de luchas individuales, con motivaciones personales. Miranda es un héroe por accidente, sus "hazañas" son actos egoístas que da la casualidad que benefician a la revolución de Emiliano Zapata. La revolución también es una serie de desigualdades: en los enfrentamientos no vemos ninguna batalla, sino un bando masacrando al otro, que apenas tiene oportunidad para la defensa. La andadura de nuestros personajes tiene lugar en medio de la convulsión de la revolución, una revolución que importa poco a Miranda, y que conmueve (aunque no lo parezca) a un John que ya vivió la suya en Irlanda. Pero al igual que el escudero Sancho, Juan se verá influenciado y subyugado por el ideario de John y por las circunstancias. Y donde digo circunstancias quiero decir represión brutal del Estado. Una represión que viene, de nuevo, de lo contemporáneo, de la propia vida de Leone; no es difícil, al ver ciertas escenas, cambiar México por el gueto de Varsovia en el 44. La tropa de élite prusiana en el filme no es casual.



Probablemente esta película, que podría haber acabado en un fracaso absoluto en manos de otro director, se salva porque detrás de la cámara se encuentra un genio como Sergio Leone que consigue, en medio del batiburrillo en el que a menudo amenaza con convertirse "¡Agáchate Tonto!" da bastantes muestras de su talento y de su don único para hacer cine. De este modo, el director consigue al menos ofrecer al espectador cuatro o cinco momentos a la altura del resto de su filmografía. Sólo por esos momentos merece la pena ver la película. Los flashbacks en los que John, se dedica a rememorar su pasado en Irlanda me recuerdan, en su aire nostálgico y melancólico, a la posterior "Érase Una Vez en América". La cinta posee la clásica estética feista del realizador romano, donde el humor siempre está presente, donde la fuerza de las imágenes deja escenas muy buenas, con un fluido ritmo que hace que no llegues a aburrirte en su extenso metraje, donde la misoginia es notoria, ejemplo la sucia violación, consentida del principio, y donde la música es un guionista capaz de rellenar silencios de modo portentoso, el genial Ennio Morricone deja un trabajo colosal, es de las que se te quedará para siempre, es un majestuoso catalizador de emociones, capaz de dibujar el clima tragicómico del relato, hermosísima, Leone tenía en Morricone el mejor de sus colaboradores. Lo más fascinante de "¡Agáchate Tonto!" es su interpretación de lo que es una revolución, así lo denota un dialogo de la cinta: “La revolución, la revolución. Yo sé muy bien cómo empieza. Llega un tío que sabe leer libros, y va donde están los que no saben leer libros, que son los pobres, y les dice ¡Ha llegado el momento de cambiar todo, aquí va haber un cambio! Y los pobres van y hacen el cambio. Luego, los más vivos, los que leen libros se sientan alrededor de una mesa, y hablan y comen, hablan, hablan y comen, y mientras ¿qué fue de los pobres diablos? Todos muertos”.



De todos los filmes que rodara Leone desde su primer western “¡Agáchate Tonto!” es seguramente el más olvidado de todos. Cuando hablamos de Sergio Leone siempre acudimos a sus primeros trabajos, a “Érase Una Vez en América” o nos acercamos hasta “Érase Una Vez en el Oeste”. Quizás sea porque la película no era tan grandilocuente como sus filmes anteriores, o porque no era el western que el público pueda esperar, o tal vez porque falló en los Estados Unidos. Pero "¡Agáchate Tonto!" tiene, al fin y al cabo, el pulso de Leone: sus escenas de fuerte contenido visual y su humor escatológico, sus personajes de doble lectura y doble moral, flashbacks recurrentes (inspirados en esta ocasión en la obra de John Ford), la violencia y el sexo sucio y rápido, su pesimismo misántropo y los originales planos con curiosos movimientos de los actores y divertidas sorpresas (véase, la escena del vagón de tren). Todo lo que hizo grande a Leone y nos entusiasma a sus fans está ahí, pero quizás de modo más disperso, o tal vez de modo más indirecto. "¡Agáchate Tonto!" no es una obra menor, pero sí una obra diferente, cuya historia de hombres poco heroicos (no sólo en el sentido normal del término, sino también en el sentido del antihéroe del cine leoniano) tal vez no sea un directo en la cara como sus tres primeros westerns, o un potente y bello crochet en la mandíbula, o un ciclópeo mafioso. De hecho, al final la historia acaba siendo una especie de fábula sobre la cara y la cruz de la revolución y de los ideales. Además, un montaje no muy afortunado fomenta esta sensación de encontrarnos ante una historia desbalanceada. En este último western, Leone da rienda suelta a todos los vicios y virtudes que le caracterizan, empezando con un inicio un tanto dubitativo y pasado de tuerca que se sostiene por el gran duelo interpretativo de los protagonistas: un torrencial Rod Steiger y el siempre efectivo James Coburn, pero la función mejora y se compensa progresivamente a lo largo del metraje, más centrada en el conflicto bélico en el que los protagonistas se ven inmersos convirtiéndola en una gran cinta; con todo lo que eso supone hay que verla. Si eres fan de Sergio Leone y no la has visto, ¿a qué esperas?



“Opulento y ambicioso western del maestro”

jueves, 20 de octubre de 2011

Summer Wars

Director: Mamoru Hosoda
Año: 2009 País: Japón Género: Animación/Ciencia Ficción Puntaje: 08/10
Productora: Madhouse Studios



“Summer Wars” está ambientada en Japón en un futuro próximo, donde se ha creado la ciudad virtual de OZ, accesible desde casi cualquier dispositivo (móviles, consolas, televisores, ordenadores). Muchísima gente alrededor del globo tiene su avatar en OZ, donde se puede relacionar con otros, realizar compras (de productos reales o virtuales), jugar o realizar gestiones administrativas. Kenji Koise, un estudiante de secundaria superdotado para las matemáticas, está trabajando durante el verano en el mantenimiento de los sistemas de OZ, tras perder en un concurso de matemáticas, quedara muy enojado, pero esto pasara cuando Natsuki Shinohara, la chica más popular del instituto, le pide que le acompañe de vacaciones a la casa de su familia en Nagano. Una vez allí descubre que la familia de Natsuki es una familia noble cuyo linaje se remonta al siglo XVI y no conserva mucho dinero pero sí la enorme casa familiar en el campo, donde se reunirá todo el clan para celebrar el 90 cumpleaños de su matriarca, la abuela de Natsuki. Pero los problemas comienzan cuando Natsuki le pide que simule ser su novio para tener contenta a su abuela. Mientras está allí, recibe un enigmático mensaje para descifrar un código que le intriga. Cuando lo descifra, descubre con espanto que ha ayudado a una inteligencia artificial a burlar la seguridad de OZ, desencadenando un ataque al sistema que hará que millones de usuarios pierdan su cuenta y que la propia seguridad mundial peligre. Pero afortunadamente no estará sólo en la batalla que se desencadena, la familia de Natsuki le dará su apoyo. “Summer Wars” es la segunda película de Mamoru Hosoda desde que se convirtió en freelance y abandonó la compañía Toei, donde había trabajado en la serie de “Digimon”. “La Chica Que Saltaba a Través del Tiempo” (2006), fue su debut como independiente, consiguiendo muy buena acogida de público y crítica, por ella recibió 23 premios en distintos certámenes, entre ellos "El Premio Anima't" a la mejor película de animación en el "Festival de Sitges" del 2009. “Summer Wars” cuenta con el mismo equipo creativo y está producido por el mismo estudio, Madhouse, uno de los más pioneros del Japón.



“Summer Wars” tiene dos tramas; en una se plantea el ataque a la red OZ y en la otra se cuenta la dinámica de una familia grande. Cada una es interesante y está muy bien construida por separado, pero la principal virtud de la película es que logra unirlas perfectamente, sin fisuras. En la película el director reivindica la humanidad en un mundo tecnificado, el encanto del encuentro personal contra las relaciones virtuales del presente. Hablamos de una obra maestra cuando la épica del discurso no ahoga nunca ninguna de las historias íntimas, y en tanto que ambos mundos confluyen perfectamente en armoniosa unidad. Montada a modo de comedia ligera en su primer acto, poco a poco se va introduciendo (de fondo) a un subtrama de la que acaba alimentándose todo el filme: el mundo virtual pasa a ser el real, los problemas comienzan cuando un "hacker digital" ataca la seguridad del sistema. El problema es que todo el mundo, las empresas y organizaciones forman parte de dicha red social: imagínense algo como Google, un sistema desde el cual a través de cuentas de administrador puede variarse el sistema de tráfico de la ciudad, la comunicación (tele, radio, prensa), etcétera. Los efectos se dejan sentir al instante: los semáforos de todo el mundo se comienzan a volver locos, las bolsas de valores del mundo están totalmente fuera de control, los satélites GPS son manipulados totalmente al azar… se comienza a vivir un caos en el mundo real. Lo que la películas animes actuales consiguen por la vía de la estética, en cuanto a disolución de las fronteras entre animación e imagen real, Hosoda lo consigue por la vía de la narrativa, en un ensamblaje perfecto. Un perfecto mecanismo de reloj que fluye con inusual serenidad, sin que haya ningún elemento que cruja. Es una película ideal para romper prejuicios y que puede atrapar a un público de todas las edades.



La trama familiar es la gran protagonista de “Summer Wars”; la familia, liderada por una abuela carismática, es retratada de forma entrañable y creíble. El guión mezcla con gran habilidad el retrato de las tensiones familiares con la trama global de la amenaza a OZ, conduciendo a un más que satisfactorio final en que se resuelven ambas cosas. La familia tiene una importancia capital en la cultura japonesa, por ello las historias de familias vistas en su conjunto son uno de los temas recurrentes del cine japonés; han sido cultivadas desde todos los ángulos posibles, desde muchos géneros distintos y por los más variados cineastas. En “Summer Wars” se nos describe una antigua familia noble, que participó en multitud de guerras, perdiendo muchas pero orgullosa de siempre haber luchado con todas sus fuerzas. Actualmente no tienen mucho dinero y nada de noble; sus miembros viven dispersos por Japón y la mayoría son de clase media. Lo único que queda del esplendor familiar es su casa de campo en la prefectura de Nagano espléndidamente diseñada por Yougi Takeshije, colaborador habitual del Studio Ghibli. Takeshije ha creado una casa que es un personaje en sí mismo, grande, apacible, perfectamente integrada a los cielos azules y verdes montañas de la región. Aunque la historia parece muy geek, el mundo de Oz y la forma en que es contada están dirigidos al público en general, por lo que se puede disfrutar a la perfección sin necesidad de ser un erudito en menesteres de internet. Además, los personajes están perfectamente definidos: Kenji de plano es un chico sin mucha experiencia, pero Natsuki y su numerosa familia se llevan las palmas por tan diferentes personalidades y por la forma en que cuidan y ven por los demás miembros. No sorprende que la lucha contra el virus del mundo virtual sea emocionante, ni que el amor surja de encontrar la confluencia de los ideales personales y no de la atracción física.



La red OZ, a diferencia de muchas otras vistas en otras películas, es creíble. Ofrece una interfaz con el usuario agradable y sencillo, es fácil de usar y puede accederse desde casi cualquier dispositivo. Su sistema de avatares y la construcción de los fondos de la ciudad son también buenas ideas; en conjunto es fácil pensar que si llegara a implementar en la realidad cuando la conexión de banda ancha inalámbrica y el “cloud computing” sean un hecho, podría tener éxito. Esto contribuyó en mi caso a engancharme más a la trama. Dejando de lado la credibilidad, visualmente los diseños de los escenarios y de los avatares son espectaculares. A partir de un relato familiar, la película multiplica la riqueza de historias corales y entrelazadas sin perder nunca esa capacidad pasmosa para perfilar cada personaje con sencillez y profundidad en apenas unas pocas pinceladas, por ello “Summer Wars” no es solamente una historia costumbrista sobre las relaciones de diferentes generaciones en el Japón de la era contemporánea, sino una trepidante, afectiva y enérgica cinta de animación, que atrae al espectador desde un principio, sumergiéndolo en un futuro posible de la era digital, sin olvidar la emotividad y la sensibilidad, que hacen en su conjunto que sus dos horas de duración pasen en un abrir y cerrar de ojos. La música de Akihiko Matsumoto es otro milagro, pocas películas sin un leitmotiv musical definido han conseguido amplificar el valor de su intensidad narrativa a través de un universo sonoro tan dispar. El riesgo y la constante inventiva de una banda sonora muy peculiar intensifican la sensación de encontrarnos frente a algo diferente, frente a una película única en su género, frente a un verdadero acontecimiento. Cuando ves la película te preguntas ¿Podrá un simple chico de preparatoria con todo el peso de lo que hizo? ¿Estará el mundo de Oz a merced del hacker? ¿Qué peligros acechan al mundo real si Oz está al acecho de un total desconocido que parece que solo está jugando con todo lo que encuentra en su camino?



Se suele vincular a Mamoru Hosoda como el nuevo Hayao Miyazaki por el carácter intimista de sus historias y por la imbricación entre el mundo real e imaginario, donde el aspecto artificial acaba contaminando más de la cuenta al mundo real. Aquí, un mundo virtual, que lleva al paroxismo las redes de la tecnología de la información ya existente, amenaza al planeta, por culpa de un virus que entra en la red con ganas de tambalear los cimientos del universo regulado y ordenado. Los peligros del exceso de dependencia tecnológica en el que vivimos están patentes, pero Hosoda evita el sermón, para narrarnos de forma ejemplar un relato divertido, vital y entusiasta sin descuidar ninguno de los planos en los que se mueve. Porque la esfera sintética permite desplegar unas dotes fabulosas en lo que se refiere a animación y es donde el largometraje se apega más a las constantes del formato que se escoge. Por otra parte y como dije anteriormente, cuando se centra en el aspecto costumbrista de una familia nipona, con sus tres generaciones reunidas ante el aniversario de la abuela, funciona con la misma perfección de los dramas intimistas de Yasuhiro Ozu, al que seguramente se tenía en mente al hacer esta cinta. La visión de la familia unida, a pesar de las diferencias generacionales, tiene un marcado carácter conservador, acento que le diferencia de las acostumbradas familias disfuncionales de Miyazaki, pero la sensibilidad y el gusto por el detalle salvan un discurso que podría haber acabado en moralina. Y Hosoda logra esquivarlo. Si “La Chica Que Saltaba a Través del Tiempo” era una obra de arte por retratar aquel tímido universo femenino de la adolescencia con tanta delicadeza y pureza narrativa, “Summer Wars” tiene el sabor de la arquitectura narrativa más grande jamás construida. Lo más hermoso de todo es encontrar que incluso en ella los sentimientos siguen siendo lo más importante.



Además el apartado técnico de la película es muy destacable, con un diseño de personajes y de escenarios impresionantes y una animación suave y eficaz, pero es en el guión donde realmente la película tiene su punto fuerte. La historia atrapa, los personajes resultan creíbles y cercanos, su ritmo asegura el entretenimiento y su final es magnífico, cerrando y ligando las dos tramas a la perfección. Según Mamoru Hosoda su intención al hacer la película es que quería contar una historia que pudiera ser aceptada por un rango muy grande de gente, sin importar edad ni género. Sin duda ha superado la prueba, creando además una película notable, divertida y a ratos conmovedora. En medio de batallas virtuales, de mundos imaginarios, de avatares personalizados, de perfección visual y estética en una red social casi perfecta, Hosoda posa la mirada sobre los juegos de mesa que mantienen unida la familia, sobre las bromas y los gestos de unión, sobre esos detalles que acaban formando a la persona y construyendo sus ideales tanto como sus recuerdos. El director se empeña en querer recordar que lo importante en ese universo tecnificado deben seguir siendo las personas, y no la propia tecnología. Hosada todavía tiene mucho que decir, y sigue siendo uno de los directores más prometedores de la animación japonesa en la actualidad, es cierto que la idea principal del argumento no es novedosa, pero si el modo que lo desarrolla, mezclando el presente terrestre de hoy en día, con las tradiciones japonesas familiares, mostrándonos dos mundos, que tendrían que ser diferentes, pero que al final los sentimientos del mundo real son trasladados al ficticio; es admirable. Por último comentar que la animación, los dibujos, dentro de su sencillez creativa y artística, y simplicidad, muestran un gran abanico de personalidades, cada uno de ellos con sus dones y sus propias gracias, que los hacen atractivos y atrayentes para el espectador, y a su vez la hace una ingeniosa película de animación.



“Ingeniosa película de animación en su conjunto”

jueves, 4 de agosto de 2011

Por Unos Dólares Más

Director: Sergio Leone
Año: 1965 País: Italia Género: Western Puntaje: 9.5/10
Interpretes: Clint Eastwood, Lee Van Cleef, Gian María Volonté, Luigi Pistilli, Mara Krup, Roberto Camardiel y Klaus Kinski



En los tiempos en que valía más un muerto que un vivo, dos cazadores de recompensas: "El Manco" (Clint Eastwood) y el Coronel Mortimer (Lee Van Cleef), rivales entre sí al principio, acaban por unirse para conseguir una misma presa, "El Indio" (Gian Maria Volonté), un peligroso y sanguinario bandido por el que se ofrece la más alta recompensa conocida. Cada uno tiene motivos diferentes para dar caza al bandido: Para "El Manco", es su obsesión por conseguir el dinero que ofrecen; y para el Coronel Mortimer, para vengar la violación de su hermana a manos de este, que la llevó al suicidio. También sus estilos son distintos, aunque infalibles: uno rápido, y el otro frío y técnico. Este “Spaguetti Western” es uno de los mayores éxitos del cine en la década de los 60. Eastwood estaba de nuevo inmerso en el rodaje de la exitosa serie norteamericana “Rawhide”, cuando recibió una llamada de Italia para rodar otra película en Almería al estilo de “Por Un Puñado de Dólares” (1964). Debido al éxito de la misma, para ello Sergio Leone contó con una mayor presupuesto para su nuevo trabajo, y por supuesto el sueldo de Eastwood sería mayor (concretamente 50.000 dólares). Esta nueva obra maestra se titulo “Por Unos Dólares Más”, y en ella está todo esta hecho a lo grande. Más medios, una historia con más matices, más personajes, más actores. Y los resultados fueron superiores (por poco) a la anterior película, de la cual no es una secuela, pero conforma junto con “El Bueno, El Malo y El Feo”, la llamada “Trilogía del Dólar”.



Esta vez Leone no recurrió a ningún filme del pasado como lo hizo para realizar la primera parte de la “Trilogía del Dólar” sino que inventó un argumento junto a Fulvio Morsella que después transformaría en el guión de la película con la ayuda de Luciano Vincenzoni. Leone demostraba así que no necesitaba plagiar a nadie para crear una buena historia. Además con el mismo sombrero, el mismo poncho (comprado al llegar a España), y hasta si no es exagerar, el mismo cigarro (porque el actor nunca llega a fumar, porque odia hacerlo), Eastwood da vida de nuevo a un cazarrecompensas que se gana la vida como tal, cobrando por entregar a la justicia, vivos o muertos, a los delincuentes más buscados. Pero aquí, Eastwood ya no es el protagonista absoluto. La película narra paralelamente (para terminar coincidiendo en la segunda mitad del filme) la historia de otro cazarrecompensas, al que da vida Lee Van Cleef, un actor hasta entonces solo era conocido por ser secundario en “El Hombre que Mató a Liberty Balance” (1962) y muchas series de televisión, entre otros trabajos. A raíz de su participación en esta película, Van Cleef obtuvo fama mundial, que le llevó a interpretar sobre todo un buen puñado de spaghetti westerns, subgénero que estaba en lo más alto. Y es que, al contrario de lo que sucedía en los Estados Unidos, el western estaba muy de moda en Europa, gracias sobre todo a las películas de Leone, que tras los problemas surgidos con los productores italianos de su primer western, llegaron a pasar por los tribunales, así será Alberto Grimaldi, abogado de Leone durante el pleito, el encargado de producir la película.



El mayor presupuesto del que disponía permitió a Leone centrarse más en los pequeños detalles, pues se trataba de un tipo muy meticuloso. La fascinación y rigurosidad histórica por las armas que tenía Leone en esta película es mucho más evidente. Sobre todo se manifiesta en la secuencia en que Mortimer se enfrenta a su primera presa, un tal Guy Galloway, y desabrocha la tela de su silla de montar para mostrar una colección de armas de la época que constituyen sus utensilios de trabajo. “Por Unos Dólares Más” supuso un éxito de taquilla aún mayor que su predecesor e instauró a Leone entre los directores más valorados por las preferencias populares aunque fue atacado brutalmente por gran parte de la crítica, la misma crítica que hoy lo elogia y considera un maestro del séptimo arte. Leone ha sido uno de los directores europeos más injustamente maltratados. Principalmente, sus westerns fueron criticados por carecer de carga política y excederse en su tratamiento de la violencia. Cuando finalmente el tiempo dio la razón al cine puro, como el de Leone, fue en el momento en que se descubrió el bluff que supuso gran parte del cine de autor de los sesenta al pasar unos años y volver a visionar aquellas películas que resultaron en su día tan magníficas a los sesudos críticos. Lo que sí es cierto es que la manera de hacer western del italiano transformó el tratamiento de dicho género incluso en los EE.UU. que habían sido los inventores y pioneros de este tipo de filmes. El llamado “western sucio”, cuyo principal representante fue Sam Peckinpah, comenzaba a asomar tímidamente el estilo italiano en filmes como “Duelo en la Alta Sierra” (1962) y “Mayor Dundee” (1965), este último lamentablemente amputado por parte de la productora, volvía su mirada hacia Almería donde un romano estaba revolucionando el género.



Gracias a una portentosa labor de montaje, que le presenta como un narrador de primera, el director nos presenta a los personajes principales, y sus intenciones. El Manco y Mortimer son los primeros en aparecer en escena, cada uno por su lado, mostrándonos sus distintos métodos para atrapar a delincuentes. Más tarde, un sólo vistazo a un cartel, con las miradas alternadas de ambos, nos muestra por dónde irá la película. Es cuando hace acto de presencia el villano de la función, “El Indio”, interpretado por un excelente Gian Maria Volonté, como ya había hecho en “Por Un Puñado de Dólares”. La historia que protagonizan está llena de detalles que la arropan. Al Manco le mueve única y exclusivamente el dinero que puede ganar, y para ello será todo lo amoral y violento que haga falta. Pero esto no va reñido con el respeto que pueda sentir hacia su compañero de fatigas (¿es “Por Unos Dólares Más” un presagio de las “buddy movies” que tanto proliferaron en la década de los 80?). Al Coronel Mortimer le mueve la venganza (el Indio es culpable de la muerte de su hermana, y no de su hija como quisieron hacernos entender en el lamentable doblaje), y el Indio es un villano peculiar. Su total falta de escrúpulos, su exagerada violencia, y el estar continuamente drogado, chocan con sus remordimientos por esa muerte en cuestión (la mujer, mientras es violada, coge una pistola y en lugar de matar a su asaltante, se suicida). El drama está servido, y la culminación del mismo será en un clímax de los que no se olvidan. Sin duda, uno de los mejores duelos jamás vistos en una pantalla, con dos maestros de ceremonia: un Eastwood quedando en un segundo plano, y la melancólica música de un reloj, que evoca tiempos mejores llenos de pureza e inocencia.



Una vez más, la Banda Sonora de el gran Ennio Morricone, ayuda a la historia, marcando la progresión dramática, vistiendo la personalidad de cada personaje, y creando una banda sonora de las más recordadas por todos (¿quién no ha intentado silbarla más de una vez?). La dirección artística tiende hacia un barroquismo, seco y áspero, en armonía con la historia, plagada de personajes aún más secos, bañados de una violencia casi insoportable ( como dije anteriormente Leone fue muy criticado por ello en su día). El humor en esta película es a cuentagotas, y muy bien insertado. Baste mencionar dos secuencias al respecto: la llegada al pueblo en el que sus habitantes no quieren visitantes, o el mismo final en el que al Manco no le salen las cuentas de lo recaudado por los delincuentes que han atrapado). Clint Eastwood empezaba a fomentar su fama de tipo duro con el personaje del Manco, el cual guarda ciertos paralelismos con su anterior trabajo a las órdenes de Leone, y también con el siguiente. En las tres, no usa ningún nombre propio (aunque en “Por Un Puñado de Dólares” algunos le llamen “Joe”). Sería una de las señas de identidad en sus futuros trabajos como actor: personajes misteriosos, marcados por un pasado apenas conocido, pero que se intuye. Inmerso casi siempre más allá de cualquier ideología, por encima del bien y del mal. Y es que ya por aquel entonces, Eastwood era un sobreviviente en un mundo lleno de corrupción y maldad. La ley, tan sucia como la delincuencia, no llega para hacer justicia.



Es en “Por Unos Dólares Más” donde definitivamente Leone definirá su estilo, aunque indudablemente evolucionará hasta alcanzar su paroxismo en “Érase Una Vez en el Oeste” (1968), y nos mostrará su personal glosario de obsesiones características. Entre ellas: el respeto por la amistad viril; el fetichismo en el vestuario, armas y objetos; el rechazo por el orden establecido; la atracción por la figura del “hombre sin nombre”; la escasez de personajes femeninos; el uso de la mugre como elemento estético; los “leit motivs” musicales; la crítica al catolicismo; la venganza; la desolación de los personajes; la fascinación por los tiempos pasados frente a la inadaptación al futuro... Estos temas se abordarán más ampliamente en otros apartados de este trabajo de investigación. “Por Unos Dólares Más” es una de las obras cumbres del Cine, sin necesidad de recurrir a etiquetas con las que incluirla en tal o cual género. Emocionante, una lección de entretenimiento, y mucho más. Pronto hablaremos del final de esta apasionante trilogía, con el que es, probablemente, el título más admirado de los tres, y también del cine de Leone, un maestro al que hay que reivindicar siempre. Su concepción del cine rompió esquemas, y creó escuela. El propio Eastwood, a ratos se inspira en su mirada cínica e incisiva, directa como pocas, y no hay entrevista en la que se le pregunte por él y no se deshaga en elogios. Nuestro actor favorito le ayudó a construir su mundo con una composición inolvidable.



“La nada convertida en western”

domingo, 22 de mayo de 2011

Jinetes del Espacio

Director: Clint Eastwood
Año: 2000 País: EE.UU. Género: Drama/Aventura Puntaje: 7.5/10
Interpretes: Clint Eastwood, Tommy Lee Jones, Donald Sutherland, James Garner, James Cromwell, Marcia Gay Harden, William Devane, Loren Dean y Courtney B. Vance



Cuatro veteranos pilotos de la Fuerza Aerea de los Estados Unidos ven cumplidos sus deseos de convertirse en astronautas y viajar al espacio aunque sea con cuarenta años de retraso. Su misión es reparar un gran satélite de comunicaciones ruso, que se ha salido de su órbita, para asi evitar que caiga sobre la Tierra. El satélite en cuestión había sido diseñado por Frank Corvin (Clint Eastwood), el capitán de la expedición. Tras un severo y a veces, hilarante entrenamiento, estos veteranos astronautas tropezarán en el espacio con problemas más difíciles de lo que esperaban. Quizás no fuera casual que cumplidos los 70 años Clint Eastwood se decidiera a rodar lo que el biógrafo del otrora “Hombre Sin Nombre” citaba como una "aventura espacial geriátrica"; un filme de acción con naves espaciales y riesgos más allá de la estratosfera, muchos la catalogaron como una particular versión de “Armageddon” (1998), pero el ya veterano director decidió homenajear a la gente de su generación y declarar al mundo que la gente mayor tiene mucho que decir y aportar. Y ni corto ni perezoso, Eastwood, al que muchos definen como "el último de los clásicos", y como queriendo demostrar con hechos el mensaje subyacente en su veintiunavo filme, por primera vez en su carrera introdujo efectos especiales de ordenador en diversas escenas de la película. Cuando muchos otros directores antes y después que él lo tuvieron difícil para mantenerse en la brecha pasada cierta edad.



Lo nuevo y lo viejo vuelven a chocar una vez más. O lo que es lo mismo: el modo de hacer las cosas de toda la vida, fruto de la experiencia y el tesón que deposita su fe en la sofisticación tecnológica y trata de minimizar el impacto del factor humano. En toda la cinta Eastwood tratará de demostrarnos que más sabe el diablo por viejo que por diablo. La hidalguía bastante trasnochada de estos vaqueros reclutados para ir al espacio, un sueño dorado que no pudieron cumplir de mozos, en pleno apogeo del programa espacial y las misiones Apolo, constituye un simpático anacronismo sobre el que se vertebra la odisea. En un inicio deudor de “Los Siete Magníficos” (1960), con el permiso de Kurosawa, el alma mater del equipo, que el propio Clint representa naturalmente deberá recomponer el fragmentado pero todavía profesional grupo: descubriremos qué tal les han sentado estas décadas de inactividad a aquellos astronautas frustrados. Precisamente del modo en que cada uno ha enfocado su vida tras abandonar la NASA obtendremos las líneas maestras (que incluyen defectos y virtudes) de las contrapuestas personalidades de nuestros cuatro héroes por accidente. Muchos dirán que estamos ante una obra menor de Eastwood, quizá no estén muy alejados de la realidad, pero ya quisieran muchos directores tener un filme de esta calidad y que se le retratara como inferior a sus otras obras. Este es el mayor halago que puede recibir una cinta como esta, digno merecedor de haber sido realizado por este magnífico director, cuya huella impregna todo el producto.



Eastwood aprovecha la tesitura para ejercer algo de autoparodia y aportar mucho humor a la película, algo que se ve ya desde que su personaje va reclutando a sus antiguos compañeros a la manera de “The Blues Brothers” (1980): Tank Sullivan (James Garner), un experto en dirigir brazos espaciales y demás instrumentos espaciales; Jerry (Donald Sutherland), un Don Juan con coleta que construye montañas rusas y al que no podía ser de otra forma dedicándose a eso le apasionan las curvas y Hank (Tommy Lee Jones) el actor más joven, un ex-piloto de pruebas que se dedica a hacer piruetas, es un amante de las emociones fuertes y que no se habla con Frank desde hace años. Cuatro componentes de la tercera edad que deberán demostrar que están capacitados para salir al espacio y que son tan aptos como sus relevos más jóvenes. Tanto los cuatro astronautas como su oponente Bob Gerson (James Cromwell) deberán dirimir sus diferencias entre sí en beneficio del cumplimiento de la misión, mientras asistimos a una cómica competición entre jóvenes y viejos, con bromas incluidas, pero al final mucho respeto mutuo, aunque por supuesto habrá un joven arrogante que acabará metiendo la pata. Eastwood se encarga de retratar a los cuatro veteranos como los últimos de una raza y una manera de hacer las cosas (con sus apuestas, flirteos, bromas y en definitiva, una visión de la vida) pasadas de moda, sin que parezca que haya sitio para ellos en un mundo de ordenadores e Internet. En una especie de referencia a sí mismo y a una generación que se formó y creció bajo el amparo del western, por ello no es casualidad que la cinta se llame “Jinetes del Espacio”.



Antes las cosas se hacían mejor, nos dice el viejo pistolero. Que "¡cómo viene la juventud de hoy, señor!". Que lo artesanal es mucho mejor que lo digital (aunque curiosamente se decantase por “Industrial Light & Magic” para los efectos visuales). Y es que, después de todo, en “Jinetes del Espacio” no ocurre nada del otro mundo. La intriga es mínima, rusos que necesitan al Tío Sam para que les eche una mano. Pero el caso es que este cuarteto de sexagenarios tiene una gracia genuina y alguna de las situaciones a las que se enfrenta es francamente hilarante. Porque resulta que “Jinetes del Espacio” es la película más divertida de este director que como actor está acostumbrado a poner su ojo al servicio de tipos serios y con malas pulgas, pero que cuando se pone detrás de la cámara gusta verse cayendo del caballo, persiguiendo a criminales que no lo son o llorando por una mujer que se le escapa bajo la lluvia. Larga vida a los corderos con piel de lobo, porque de ellos será el corazón de las plateas. Como dije anteriormente lo más endeble del filme es la propia parte de la misión espacial, una misión derivada de la pretérita guerra fría que parece un recurso elemental (asimismo de poca intensidad y parco interés) para el desarrollo de una película que lleva una autoría tan prestigiosa en la responsabilidad direccional como la de Clint Eastwood hacedor de obras de gran calibre como "Bird" (1988) o "Los Imperdonables"(1992). Tampoco no están muy planteados los personajes femeninos, a pesar de algunos esfuerzos románticos de poca fuerza dramática no muestran enorme profundidad ni apego a la historia.



Al Clint Eastwood director le gusta echar la vista atrás. Es allí, en el pasado, donde ambienta sus reflexiones más personales “Cazador Blanco, Corazón Negro” (1990), “Un Mundo Perfecto” (1993) o “Los Puentes de Madison” (1995), quizás por ello se haya ganado a pulso la etiqueta de director prestigiado, su mirada cinematográfica posee la parsimonia y el rigor del observador avezado, de quien ya está a la vuelta de todo. El montaje de sus películas es cualquier cosa menos sofisticado o falsamente moderno: en las historias que dirige con devoción e interés, aunque también hay algunas en las que deja bien palpable su desgana, donde nunca ocurren muchas cosas, en realidad. Pero lo que acontece que está bien narrado, sin fisuras, sin excesos. La carrera cinematográfica hay que tomársela con cierta sorna y para ello Clint se rodeó de actores que ya habían demostrado su bis cómica. Donald Sutherland que esta genial en la cinta había hecho de tanquista hippie junto al propio Clint en “Los Violentos de Kelly (1970), Tommy Lee Jones ya se había puesto de luto en la primera entrega de “Hombres de Negro (1997) y James Garner se forjó allá por los cincuenta en su televisiva y más que desenfadada "Maverick". Como en todo western que se precie, pues eso es lo que es “Jinetes del Espacio”, hay pelea en un salón, romance entre personas tan maduras como desencantadas, glorificación de la amistad masculina, personajes dispuestos a hacer sacrificios supremos, armas (nucleares), un pueblo abandonado donde escenificar el duelo (una maltrecha estación rusa), alguna que otra traición y un par de rencillas personales.



Y es que "Jinetes del Espacio” no es una peliculita de ciencia ficción. Estamos ante una historia de personajes, un relato de interés humano acerca de la vida de cuatro profesionales que fueron parte importante en el inicio de la NASA pero que se vieron relegados a un segundo plano tanto por la testarudez de algunos como por la traición de uno de sus superiores. Así pues, tenemos una hábil combinación de drama, humor y cierta intriga en la que Eastwood mantiene siempre firme el pulso narrativo, que rezuma talento y calidad por los cuatro costados, capaz de hacernos reír, llorar e incluso inquietarnos, realizada con un mimo y un detalle exquisitos y una sublime y elegante banda sonora, es decir, con todos los elementos propios para convertirse en un gran clásico. “Jinetes del Espacio” es la "space opera" particular de Eastwood y un pequeño homenaje no sólo a los más veteranos trabajadores de Hollywood, sino a cualquier persona que se resista a jubilarse o a ser aparcado en un rincón sólo por tener más de sesenta años. Cabe destacar la solvencia de los cuatro actores veteranos que no sólo interpretan, sino que casi juegan ante nuestros ojos. Resaltar por último la escena final de la película: un hecho dramático que es reconvertido por el director en una preciosa y simpática escena con el "Fly Me To The Moon" de Sinatra de fondo, en lo que ha sido para mí una de los mejores finales que he presenciado en las películas de este nuevo siglo. Y es que Clint Eastwood lleva muchos años en esto y su artesanía está por encima de producciones en cadena.



"Una fantasía tragicómica"

domingo, 6 de febrero de 2011

Akira

Director: Katsuhiro Otomo
Año: 1988 País: Japón Género: Animación Puntaje: 09/10
Productora: Akira Committlee

Es el año 2019, Neo-Tokio, es una ciudad construida sobre la antigua capital japonesa destruida tras la Tercera Guerra Mundial. Japón se ha convertido en un país al borde del colapso enfrentado en continuas crisis políticas. En secreto, un equipo de científicos ha reactivado por orden del ejército un experimento para encontrar a sujetos que puedan controlar el arma definitiva: una fuerza denominada "La Energía Absoluta". Pero los habitantes de Neo-Tokio tienen otras cosas de las que preocuparse. Uno de ellos es Kaneda, un joven pandillero líder de una banda de motoristas. Durante una pelea, su mejor amigo, Tetsuo, sufre un extraño accidente y termina ingresado en unas instalaciones militares. Allí los científicos descubrirán que es el poseedor de “La Energía Absoluta”. Pero Tetsuo no se resignará a convertirse en un conejillo de indias...y muy pronto se convertirá en la amenaza más grande que el mundo ha conocido. Cabe destacar que la cinta esta basada en el manga del mismo nombre creada por el propio Otomo. Tan mítica como transgresora “Akira” supuso a finales de los ochenta una revolución en lo que a animación se refiere, así como el reconocimiento a Katsuhiro Otomo que si bien en la película no pudo desarrollar toda la aventura de su manga si pudo al menos capturar esa atmósfera inquietante e incluso claustrofóbica en ocasiones de la que dotó al Best Seller. “Akira” es una película que trata temas que entroncan a la perfección con la mentalidad y la sociedad japonesa, además temas como la delincuencia juvenil, la violencia y la destrucción masiva, son mostrados magistralmente en esta gran cinta de animación.

“Akira” es una película rápida y sorprendente de principio a fin tan recomendable a otakus (aficionados a la animación japonesa) como a cinéfilos, en la que se muestra un Japón post-apocalíptico, donde la sociedad se recupera de las heridas abiertas durante la Tercera Guerra Mundial, en el que la violencia callejera, las crisis políticas y la inseguridad en general son comunes; en lo que al dibujo se refiere se han de destacar dos puntos importantes, el primero de ellos es la tímida tendencia de Otomo a la caricatura y el segundo es la inefable perfección del trazo a la hora de crear los edificios; claro que estos dos aspectos no solo se dan forma a la película, sino en toda la obra del autor, decir también que aunque han pasado casi más de dos décadas, la calidad mostrada en el dibujo de “Akira” nada tiene que envidiar a las nuevas producciones. Como resalte, el guión de la película está sacado del manga homónimo, resumiendo trama y omitiendo personajes (algunos de ellos claves en el cómic) al margen de esto el guión resulta no sólo original sino también profundo llegando incluso a diluirse en la ambigüedad (hecho que ayuda a que el filme sea impactante, ya que hasta entonces ninguna película de animación había tratado temas más allá de la amistad o similares). La música incluye hermosas melodías de percusión, coros polifónicos, armonías de órgano amplificadas, que se acompañan de sonidos ambientales hiperrealistas. La dirección creó un trabajo innovador, sorprendente y conmovedor.

Sin hacer las odiosas comparaciones entre manga y película, me centraré solamente en la cinta de animación sin volver a referirme al cómic japonés. Más que nada porque una película debe ser juzgada por sí sola, sin necesidad de tener que frecuentar la obra literaria, el videojuego o como en este caso, el manga de turno. Además, “Akira”, la película, es un trabajo magnífico que no requiere (al contrario de lo que muchos opinan) conocer el manga, entre otras cosas porque la película fue realizada antes de que el manga finalizara su carrera comercial. Está claro que quien haya podido disfrutar de el manga le sacará más jugo a la película, pero ese no es el tema a tratar aquí. Sin mencionar nada sobre su trama (que en un primer visionado puede parecer compleja y confusa, pero nada más lejos de la realidad) y que seguro cualquier aficionado al género que nos ocupa conocerá, “Akira” se ha convertido en la película de animación japonesa por excelencia, una obra genial que ha creado escuela y que ha inspirado, no sólo multitud de películas de animación, sino también películas de imagen real, videoclips, series, libros, videojuegos...Y no es para menos, tan solo hay que ver los medios con los que contó, un (entonces abultado) presupuesto que se acercó a los 10 millones de dólares (tengamos en cuenta que es una película de animación realizada en el año 1988) y la forma en que se elaboró el proyecto para sacarlo adelante, entre otros aspectos, habría que destacar el proceso de trabajo que se llevó a cabo con las voces, las cuales fueron grabadas antes de dibujar a los personajes, fue la primera vez que se usaba esta técnica.

Como dije anteriormente “Akira” se ha constituido como el referente del animé japonés con el paso de los años. No tiene demasiadas cosas diferentes de otras obras “cyberpunk” que han venido de la tierra del sol naciente. Hay un holocausto, hay una ciudad reconstruida, un estado de fuerte presencia policial, una guerra civil en ciernes enarbolada por la juventud disconforme. Hasta allí, la trama es similar a bastantes productos post “Akira” (que posiblemente hayan tomado de este filme las ideas básicas del escenario) como Evangelion (1995) o Cowboy Bebop (1998). Donde la cinta empieza a distanciarse y tomar vuelo propio, es en lo que los militares se encuentran buscando tras los experimentos genéticos. Comenzando por la excusa principal de la historia, que todos llaman Akira y que recién se explica tibiamente hacia el final de la película. Al principio Akira parece ser una presencia divina que se encuentra en todas las cosas (¿la fuerza?), después resulta ser una fuente de energía alimentada por el conocimiento y la vida de las generaciones pasadas, pasando por ser una especie de mesías que la gente espera para acabar con el estado policial, y resultando que es el ser primigenio que llamó la atención a las fuerzas militares sobre la potencia de los poderes psíquicos. Si es esta última la explicación definitiva, no queda claro como el nombre de un chico sujeto a experimentación secreta pasó al conocimiento público (en muchos pasajes del filme, la gente viva a Akira).

Es cierto que la obra cumbre de Otomo cuenta con un guión confuso y poco explicativo. Que entender cada una de las circunstancias que rodean al filme es una ardua tarea que solo puede llevarse a cabo con más de una visión de la película. Es cierto también, que muchas cuestiones se presentan sueltas, con cabos demasiado libres, no encadenados, que navegan por esos 124 minutos ofreciéndonos indicios como un rompecabezas al que le faltan un par de piezas y cuyo paisaje final nunca vamos a terminar de armar, sino que por el contrario, con lo que tenemos, que no es poco, debemos imaginar. Pero es justamente en esa instancia donde la obra de Otomo se vuelve deliciosa, única, simplemente bella: En el momento en que ese argumento tan difusamente presentado entra en nuestra psiquis y comienza una reacción en cadena que llevan a nuestra imaginación a puertas insospechados cuando comenzamos a ver el filme (sobre todo para los que no leímos el comic). Y es que las justificaciones de todo lo que sucede en su transcurrir también son difusas, es decir, ni los propios protagonistas tienen en claro porque sucede lo que sucede, porque Tetsuo tiene los poderes que tiene de la noche a la mañana, porque “Akira” es lo que es, porque su inmenso poder desató la tercera guerra mundial 31 años atrás arrasando con toda la vieja ciudad de Tokio, o si realmente la causa de este nuevo holocausto fue otra. “Akira” no abandono las historietas y se hizo celuloide para explicarnos cada uno de las situaciones que plantea sino para que entremos en un viaje espiritual que pocas veces se puede observar en una cinta de dibujos animados.

El principal hilo conductor de la cinta es la “Energía Absoluta”, la que contiene Akira, la que contiene Tetsuo, la que contenemos todos en nuestro interior dormida y que en algún momento de la vida se revela, o no, como una erupción indetenible en el seno del volcán inactivo que cada ser humano es. Esa energía que junto a los recuerdo del mismísimo inicio del Universo descansan en nuestra esencia, en nuestra misma genética esperando el tiempo y el momento apropiados para ser manifestados, es a partir de esa deducción que el filme se lanza a una interpretación metafísica, si se quiere, al estilo “2001: Odisea en el Espacio”. El súper ser transformándose en un ente orgánico gigantesco; y Akira renaciendo como una fuente de energía que devora todo, incluso a la masa orgánica y a los chicos mutantes, tragándose media ciudad hasta convertirse en una mini nova (¿un mini universo?) donde todos se fusionan en uno solo. Se podría interpretar que Akira ha recuperado todas sus partes para culminar con su tarea de evolución y elevación. O, cínicamente, que el director tomó un atajo para intentar poner algún tipo de final, la otra opción era dejar a unos dioses antagónicos reglando la Tierra, en cuanto a los personajes están bien escritos, y las situaciones bien desarrolladas. Ciertamente el futuro descripto en el filme es algo conservador, lo cual no es demasiado desacertado, si analizamos como ha evolucionado la tecnología desde 1987 hasta hoy, pero cumple con su cometido. Sin duda alguna “Akira” es toda una obra maestra llevada a cabo por el incombustible Katshuiro Otomo, que creado una cinta que ha perdurado y perdurará eternamente.



“Una cinta enigmáticamente filosófica"

domingo, 2 de enero de 2011

Robot Carnival

Directores: Katsuhiro Otomo, Atsuko Fukushima, Hiroyuki Kitakubo, Mao Lamdao, Hiroyuki Kitazume, Koji Morimoto, Takashi Nakamura, Hidetoshi Omori y Yasuomi Umetsu
Año: 1987 País: Japón Género: Animación Puntaje: 8.5/10
Productora: APPP / Studio 4°C

“Robot Carnival” o “Carnaval Robot” como se titulo en varios países de Latinoamérica (Que solo llego en formato VHS) es una película anime que incluye una serie de nueve cortos, todos basados en robots y su relación e interacción con la humanidad, tomando gran importancia el gran ambiente musical que orquesta en gran medida el ritmo de la animación, prescindiendo en la mayoría del escases de diálogos. Fueron dirigidos por una serie de artistas y directores japoneses, vanguardistas en su momento y reconocidos posteriormente algunos de ellos como grandes artistas de la animación japonesa, como lo son Katsuhiro Otomo (Director de la épica “Akira”) o Koji Morimoto (Co-Director de la estimable “Memories”). La cinta fue realizada en 1987 una época en que se daba comienzo a la fabricación de robots en Japón, “Carnaval Robot” también supuso un hito en la animación japonesa ya que apelaron apostar por estilo de animación que usaba Disney. En fin, una película experimental y ensoñadora, rebosante de vitalidad y buenas intenciones. Una oportunidad para disfrutar de una dosis de 90 minutos de anime puro y compartir las ideas de una interesante generación cuya madurez se desarrollo en lo años 80, explotando fulgurantemente en los 90. A continuación le daremos a conocer una pequeña sinopsis de cada cortometraje que conforma esta pequeña joya animada.

La Apertura de la película tiene como escenario un niño en el desierto que se da cuenta la venida de una enorme maquina que lleva un inmenso cartel anunciando el “Carnaval Robot”. Así que este va a su poblado alerta que este excéntrico carnaval va a llegar. Los habitantes alarmados se esconden en sus chozas por la apariencia amenazante que tiene la maquina, pronto de ella saldrán unos divertidos robots que invadirán todo el poblado, ese segmento fue dirigido por Katsuhiro Otomo y Atsuko Fukushima, este cortometraje es muy agradable por sus porciones de comedia combinadas por una violencia sutil, ya que en la escena final se ve a la maquina “Carnaval Robot” votando fuegos artificiales y detonando todo el pueblo y sus muñecos bailando para luego explotar en compañía de sus consortes humanos. El segmento que la preside es “Los Engranajes de Frankenstein”, dirigido por Koji Morimoto, quien nos traslada en un laboratorio oscuro iluminado sólo por el destello ocasional de un rayo. Donde habita un científico loco que al mismo estilo de la legendaria novela “Frankenstein” crea un inmenso robot con aspecto humanoide, pronto la maquina copiara todo lo que haga su creador, pero al transcurso del tiempo manifestara “emociones humanas”, esto dejara desconcertado al científico. Este corto es uno de los más interesantes de la cinta, además tiene un final que le dejara con la boca abierta.

Privar a...”, dirigido por Hidetoshi Omori, se diferencia por los otros cortometrajes por el ritmo rápido que tiene, se puede clasificar en el género de acción, la trama se centra en la amistad de una joven y un robot, cuando la chica es secuestrada por unos seres espaciales, su amigo el robot (que tiene una apariencia humanoide) hará todo por rescatarla, es entretenida y dio pie a los filmes y series de acción anime que vinieron después (Ejemplos como “Robotech” y “El Vengador). El cuarto segmento y el más logrado es “La Presencia” dirigido por Yasuomi Umetsu, el cortometraje se desenvuelve con una banda sonora melancólica y por contener pocos diálogos, la trama es la siguiente, un hombre que crea juguetes robóticos para ganarse la vida, vera su vida destruida por la muerte de su esposa y su hija, por ello creara una robot de apariencia femenina para que le hague compañía, al transcurso del tiempo la robot manifestará emociones que le harán recordar a su esposa e hija, por ello el hombre la destruirá. Veinte años después él tendrá visiones de la robot y entrara en un mundo surrealista de la que no quera salir. Como dije anteriormente este corto es el mejor del “Carnaval Robot”, toca un tema inquietantemente pero bello, con diseños de fondos exuberantes y ultra detalladas, el trabajo es colorido. La animación es suave y tiene un aire victoriano. Si bien se adapta a ciertas cosas, tales como coches voladores y cámara lenta, el movimiento suave a veces hace que los personajes se parecen inhumanos y esto lo vuelve más melancólico. Además tiene un contenido filosófico.

La Estrella del Angel” es el quinto cortometraje, dirigido por Kitazume Hiroyuki narra la historia de dos niñas que va a un parque de diversiones, una de ellas se entera que su amiga la traiciona con su novio, por ello sale despavorida del lugar, pronto vera una luz que la hará entrar en un mundo irónico y surrealista, que esta habitada por extraños robots, este segmento es irregular, pero cabe destacar la banda sonora que la acompaña que es ni más y menos el tema principal de “Final Fantasy”. Otra de la joyas que contiene “Carnaval Robot” es el sexto cortometraje titulado “Nube” dirigido por Mao Lamdo, cuenta la historia de un pequeño robot (que tiene el aspecto de un angel) que camina a través del tiempo y la evolución del hombre. El telón de fondo está animado con nubes que representa varios eventos de nuestro planeta. Como la modernización del hombre y la autodestrucción de este mismo. La mayoría de los eventos en el telón de fondo se lleva a cabo desde Roma hasta la sociedad actual. Finalmente, el robot en acto de tristeza llora por su inmortalidad y por el castigo de ver la degradación del hombre. Como aclare esta es otra joyita que contiene este peculiar carnaval. Me encanta ya que tiene un aspecto visual muy original (tiene la textura como si tuviera dibujado con tinta china), además ahonda en un tema muy controversial como es la verdadera misión que tiene el hombre en la tierra. Es por eso que al final del corto, el “Robot Ángel” se convierte en un ser humano para aplacar la tristeza que lo poseía.

El séptimo cortometraje es “Historia de Dos Robots” o también llamada “Extraño Cuento de las Máquinas de Meiji” fue dirigida por Hiroyuki Kitakubo (Quien luego seria el animador principal de la extraordinaria cinta “Akira”), ambientada en el Japon del Siglo XVI cuenta la historia de dos robots gigantes construidos rudimentariamente (con maderas, ladrillos, paja…) por un hombre llamado Meiji, quien en su locura piensa invadir Tokio con estas maquinas y así convertirse en el nuevo emperador, al empezar la invasión se dará cuenta que sus inmensos robots son torpes y no obedecen sus ordenes, este segmento en cómica y entretenida. El octavo cortometraje es “Pesadilla” o también titulado “El Hombre Pollo y Cuello Rojo” dirigida por Takashi Nakamura, en ella se cuenta como Tokio es invadida por unos robots que cobran vida después una gran fiesta ocurrida en dicha ciudad, todos los hombres se encuentran en estado de ebriedad y dormidos, solo dos hombres conocidos como “Hombre Pollo” y “Cuello Rojo” despertaran y serán testigos de esta ocurrente invasión demoníaca, con una clara alusión a la cinta animada “Fantasía” (Disney 1940), este cortometraje se erige como un segmento oscuro acompañado por una banda sonora gótica, tiene un ritmo frenético que roza con el terror, el “Hombre Pollo” es considerado por algunos como una creación del famoso director de anime de Rintaro (“Metrópolis” 2001).

El Epílogo de “Carnaval Robot” fue dirigido por Katsuhiro Otomo y Atsuko Fukushima y nos vuelven al primer cortometraje pero siglos después, el poblado destruido por la maquina del gran cartel ahora solo son ruinas, un hombre que pasa por el lugar encuentra entre los escombros una caja musical que al interior de ella hay una pequeña robot bailarina, asombrado se lo lleva a su casa y se lo enseña a su esposa y a sus hijas, la robot baila y las niñas aplauden, la bailarina termina su baile con un salto en el aire explota, la voladura de la casa donde vivía la familia deja una huella que dice "END" en letras enormes. El final es divertida y sádica y nos da el aviso que el “Carnaval Robot” ha terminado. A pesar de no ser una innovación para el género, “Carnaval Robot” visualmente es hermosa y realmente vale la pena verla, además de que la falta de diálogos se compensa con una banda sonora notable compuesta mayoritariamente Joe Hisashi (compositor de casi toda la música de los trabajos del Estudio Ghibli). Casi cuarto de siglo después de su estreno puedo fácilmente recomendarlo, pero lamentablemente en ninguna región ha salido su formato en DVD, dejando a los fans con pocas opciones, solo en la red circula una copia mala subtitulada en chino. Por suerte no hay mucho diálogo en la película, lo que permite analizarla a pesar de la traducción horrible. De lo contrario es posible que se edite su versión en Blu-ray, eso seria realmente genial y seria un reconocimiento a esta joya de la animación.

“Una mirada a la humanidad a través de los robots”