martes, 16 de marzo de 2010

La Venganza del Muerto

Director: Clint Eastwood
Año: 1973 País: EE.UU. Género: Western Puntaje: 08/10
Interpretes: Clint Eastwood, Verna Bloom, Marianna Hill, Mitchell Ryan, Stefan Gierasch, Geoffrey Lewis y Billy Curtis

En un tiempo en el oeste un Forastero (Clint Eastwood) pasa a caballo ante la tumba de un antiguo Sheriff, Jim Duncan, en la ciudad fronteriza de Lago, en el Sudoeste de Estados Unidos. Los propietarios de la compañía minera de Lago, Dave Drake (Mitchell Ryan) y Morgan Allen (Jack Ging) obtienen el apoyo de los vecinos de la pequeña ciudad para contratar al Forastero para proteger a la comunidad contra tres pistoleros, cuya llegada se hace inminente al haber sido liberados tras cumplir condena por acusaciones falsas de la compañía minera Drake-Allen. El Forastero acepta el contrato a condición de llevarlo a cabo a su manera y, entre otras cosas, pide que pinten el pueblo entero de color rojo y que le cambien el nombre y pasa a llamarse "Infierno". “La Venganza del Muerto” supone el primer western que Clint Eastwood dirigió en su carrera. Resulta sorprendente, que estando su nombre relacionado al género por motivos más que obvios, el actor sólo dirigiese cuatro westerns a los largo de su obra. Ya sé que Eastwood es incombustible y no para de trabajar (para alegría de muchos de nosotros), pero tal y cómo ha enfocado su trayectoria, dudo mucho que le dé por volver a filmar otro western. Se puede soñar con ello, pero reconozcamos que con “Los Imperdonables” culminó todo lo que podía ofrecerle al género.

Tras dirigir su primer largometraje, “Escalofrío en la Noche”, Clint Eastwood volvía a enfundarse un revólver para rodar la historia de un pistolero con sed de venganza. La influencia de Leone todavía era muy patente, y el personaje de Eastwood apenas guardaba diferencias con “El hombre sin Nombre” que había popularizado en la llamada Trilogía del Dólar. El poncho había quedado atrás, pero el enigma y la sonrisa sardónica seguían allí. Con todo, el desconocido de Eastwood ya muestra signos de lo que serán los posteriores pistoleros del actor y director. Si con Leone el pistolero era un héroe tan sucio como sus enemigos y que trabaja en su propio beneficio, en “La Venganza del Muerto” el extraño que llega a la ciudad oculta sus motivos, aunque éstos resultarán ser de lo más personales. El viejo desconocido de Leone aparece sobretodo en la primera media hora del filme; ahí le tenemos observando ataúdes y enfrentándose a tres guardianes, o “seduciendo” a dos damas del pueblo: la mujerzuela que trata de ser señora y la mujer de conciencia atrapada en un lugar miserable. Conforme avanza la cinta el pistolero de corte pícaro va dejando paso al hombre oscuro, al ángel vengador. Se lo propusiera o no, Eastwood estaba llevando un paso más allá al Armónica de “Érase una vez en América”.

Pero no sólo podemos ver en el filme el pasado del californiano. En un apunte de lo que podríamos ver años más tarde en la magnifica “Los Imperdonables”, el director enfrenta a su pistolero con el pasado en mitad de las llamas bajo un cielo nocturno. “La Venganza del Muerto” no trata sólo de bandidos y venganzas. Tan interesante como el duelo final o más si cabe es el duelo que mantiene el forastero con toda la pequeña ciudad. Habiendo dejado indefensa a la ciudad ante Stacey y sus hombres, el pistolero se sabe poderoso. Y es entonces cuando Eastwood nos lleva de la mano a un paseo por un pueblo que se dice temeroso de Dios, pero que tras sus ventanas y sus puertas sólo guardan codicia e hipocresía. En sus cajones, en sus billeteras, en sus negocios, esconden la culpa, la carga de un muerto. Un sonido viene a ellos en sus sueños…Del horizonte distorsionado por el calor aparece a caballo el forastero, cabalgando en pos del desquite final. Un inquietante sonido acompaña esa fantasmagórica visión hasta que el jinete se hace visible. Es entonces cuando la banda sonora comienza a dejar caer sus notas mientras el pistolero cabalga hacia el pueblo de Lago. Ante la atónita mirada de sus paisanos el forastero cabalga imperturbable por la calle principal. Su aparente sangre fría sólo se rompe (así como la música) cuando escucha el restallido de un látigo. Un sonido que en la ciudad guarda un amargo recuerdo.

“La Venganza del Muerto” Trata un duelo con pistolas y retrata una sociedad corrupta que se mueve sólo por sus intereses económicos, y cuya prosperidad está manchada de sangre (¿se refiere Eastwood a alguna sociedad en particular? Que cada cual saque sus conclusiones). El forastero no olvida esto último, y se encargará de ello a su debido tiempo. Si la relación del pistolero con los habitantes de Lago es de puro desprecio, dos personajes resultan cruciales y provocan algunas desconcertantes actitudes del Hombre sin Nombre. Son las dos figuras que tal vez podrían tener justificación para salvarse de la quema, pero a quién en determinados momentos el forastero no dudará en hacérselo pasar mal. El primero es Mordecai, un enano que vislumbra bien pronto la importancia de ese extranjero, poniéndose a su servicio. Tras su interesada actitud hay sin embargo cierto aprecio por el rápido tirador silencioso, lo que éste recompensará nombrando a su pequeño amigo alcalde y sheriff de la ciudad. Cuando Mordecai le pregunte quién dará la orden de fuego ante la llegada de los villanos, el extranjero responde: “Tú lo harás”. ¿Una sutil broma del pistolero? El segundo personaje es Sarah, la mujer del hotelero, la única persona en el pueblo que trató de ayudar al viejo sheriff. Pero se acabó doblegando a la voluntad de su marido, con lo que el nuevo amo de la ciudad no le perdonará el pasar por su cama.

La venganza, la justicia y sobre todo, la cobardía de los hombres, son los temas centrales de ésta a ratos fascinante película, y que se repetirán en los tres westerns restantes de Eastwood, uniéndolos temáticamente hasta el punto de que pueden considerarse películas complementarias entre sí. Pero “La Venganza del Muerto” es la más desequilibrada de todas. La influencia de Leone es considerable, y afecta al filme, sobre todo con la utilización del zoom, que llega a ser verdaderamente inequilibrante. Por otro lado los habitantes del pueblo están cortados todos por el mismo patrón, son todos unos cobardes, el único matiz que veremos en ellos, además de una misoginia por parte del autor totalmente innecesario. La humillación de una mujer cuando es violada empareja los actos del extranjero con sus deseos de venganza hacia el pueblo; pero no tiene la misma intensidad cuando se trata de un personaje masculino, o necesita justificarlo (los tres hombres que Eastwood elimina en una barbería y que han ido a echarle del pueblo). También se hace todo un poco repetitivo mientras se espera por el clímax, éste sí muy conseguido, con todo un pueblo pintado de rojo, y ardiendo para exculpar sus pecados. Pero a pesar de esas fallas, este filme es un gran western.

Eastwood no pretende plagiar nada. En el western, el género cinematográfico por excelencia, estaba ya todo inventado. Siempre habría un hotel con salón en la planta baja, peleas de bar, pistoleros, furcias, palabrotas, cobardes, indios, venganzas, traiciones, una cárcel, un sheriff, etc... El genial director simplemente cogía lo que le interesaba y lo rodaba a su manera. Tres años más tarde rodaría el mejor western de la Historia del Cine. Nueve años más tarde, más maduro en ejecución e interpretación, nos regalaría "El Jinete Palido" para llegar a su obra crepuscular "Los Imperdonables". Estos cuatro films rodados en veinte años son una especie de Guerra de las Galaxias del Oeste con Eastwood como referencia única. Nadie ha sabido llevar mejor el viejo género a las pantallas de un cine en los últimos treinta años.“La Venganza del Muerto” fue un éxito de taquilla (Eastwood era uno de los diez actores más taquilleros por aquel entonces), aunque fue recibida con palos por la mayor parte de la crítica. Incluso John Wayne le envió una carta a Eastwood manifestando su desaprobación con la película, y diciéndole que se estaba cargando la tradición del Viejo Oeste Americano, lo cual truncó el deseo de Eastwood de rodar un western con Wayne (algo que hubiera sido literalmente la apoteósico). Tres años después Clint Eastwood dirigiría su segundo western titulado “El Fuera de la Ley”, de la cual hablaremos en el próximo post del especial que estamos haciendo a este gran director. En resumidas cuentas “La Venganza del Muerto” es un filme imprescindible para entender la evolución de Clint Eastwood tanto como cineasta como autor de westerns.

“Un gran western realizado por un gran director”

domingo, 14 de marzo de 2010

El Castillo Ambulante

Director: Hayao Miyazaki
Año: 2004 País: Japón Género: Animación Puntaje: 08/10
Productora: Studio Ghibli/Disney Pictures

Sophie, una sencilla joven que trabaja en la tienda de sombreros de su difunto padre y que no se valora lo suficiente. Sin embargo, su vida cambia cuando, primero, conoce a Howl, un misterioso mago que habita en un extraño Castillo que de vez en cuando se puede observar desde la ciudad, y, segundo, en el instante en el que la Bruja de las Landas, una mujer a quien Howl no le cae precisamente muy bien, transforma a Sophie en una anciana. Consternada, ésta se aleja de la gran urbe para encontrar al mago, pues cree que es la única persona que le puede ayudar a romper semejante hechizo. Trémulos palpitaron nuestros corazones cuando se rumoreó que Hayao Miyazaki tenía la intención de abandonar el mundo del cine. Por fortuna, el descomunal éxito que "La Princesa Mononoke" obtuvo en Japón fue la excusa perfecta para que este genial artista continuara deleitándonos con sus trabajos, tal y como sucedió en la deliciosa "El Viaje de Chihiro", cuyos ingresos en la taquilla nipona no sólo fueron estratosféricos, sino que además cosechó premios y reconocimientos por parte de personas que, hasta entonces, miraban con recelo este tipo de obras llegadas desde Oriente. "El Castillo Ambulante", que para no romper la tradición también fue recibida con entusiasmo por los espectadores del país natal de Miyazaki, de ahí que seguramente ahora ya esté en la consolidación de su carrera.

Basada en la obra de Diane Wynne Jones, en un principio iba a ser dirigida por Mamoru Hosoda, pero debido a discrepancias con el estudio acabó haciéndose cargo Hayao Miyazaki el cual, como nos tiene acostumbrados, firma un trabajo más que excelente. “El Castillo Ambulante” es uno de los filmes de Miyazaki que más gana con los revisionados. La primera vez que lo vi me gustó, no obstante me quedó un regusto un tanto amargo, ya que esperaba que me asombrara tanto como lo hizo “El Viaje de Chihiro”; no obstante cuando más tarde la he vuelto a ver en varias ocasiones me he quedado absolutamente embelesado, me ha atrapado la historia, los personajes que pululan por ella, la increíble belleza de las imágenes, he visto más allá de lo que había visto la primera vez, comprendido todo (o casi) lo que no había entendido, o sea, he acabado encantada. Y es que pocos cineastas pueden sacar tanto provecho de una historia y de unos personajes como lo hace Hayao Miyazaki, no hay personajes maniqueos en sus filmes, todos tienen sus motivaciones, sus razones para realizar las acciones que realizan, ninguno es absolutamente malvado ni totalmente bueno, y por lo tanto la profundidad de los mismos dista mucho de la mayoría de los que se puedan ver en el cine de animación, y también en el cine de imagen real. Técnicamente posiblemente estemos ante el filme más logrado de Miyazaki. La animación es perfecta, hay muchos planos en los que hay una cantidad enorme de personajes moviéndose en pantalla (los desfiles militares, las ajetreadas calles, el vuelo de Howl y Sophie sobre una plaza repleta de gente...). El diseño del castillo es simplemente genial, muy original, repleto de detalles, no es lo que sin duda uno se imaginaría al pensar en un castillo, así como su interior, mención especial a la habitación de Howl, repleta de objetos, joyas, juguetes, peluches, trastos de todo tipo agolpados en abigarradas marañas de desorden; desorden que nos aporta mucho sobre cómo es el mago, un tipo inmaduro e infantil, egoísta, pero que va cambiando a medida que un fuerte sentimiento crece en su interior (al igual que también evolucionan el resto de los personajes principales, como Sophie y la Bruja del Páramo). Cálcifer, el demonio del fuego, es sin duda el personaje más simpático, el que logra más sonrisas, y sin embargo también tiene su punto oscuro.

Además, como mencioné, el trabajo de animación es simplemente asombroso, combinando ingeniosos diseños con un increíble nivel de detalle que hace la cinta muy vívida y energética. Y en los ocasionales momentos cuando se combina la animación tradicional con la digital (como en el caso del epónimo Castillo Ambulante), el resultado es mucho más fluido y armonioso que en cintas de similar ambición, como "Tarzán" (de Disney) o "Titan A.E.". No obstante, en comparación con sus obras anteriores, me parece que Miyazaki perdió a ratos el enfoque narrativo durante "El Castillo Ambulante". La trama sigue tantos caminos que diluye la importancia de la protagonista, sumergiendo al público en demasiados eventos vagos que no aportan mucho al tema central. Sin embargo, las bondades de la cinta son tales que superan esa leve falla dramática la cual, de hecho, sólo es notoria por la calidad de las historias en las películas anteriores de Miyazaki. Poblada por personajes intuitivamente complejos, pero fáciles de asimilar, "El Castillo Ambulante" es una película muy divertida e impredecible, además de ser una excelente opción para el público infantil y para padres de familia hastiados del homogéneo producto mercantilista producido por Hollywood. Y para aficionados a la animación, baste saber que esta es una de esas raras películas que no sólo buscan contar una historia interesante, sino que promueven el uso y desarrollo de una forma de arte cada vez más relegada por los avances tecnológicos, pero al mismo tiempo más valiosa por estar realizada por auténticos artistas, y no sólo por ingenieros y técnicos. Aunque siento que esta no es la mejor obra de Miyazaki, sigue siendo altamente recomen-dable, pues nos ayudará a redescubrir las razones por las que el cine es el "séptimo arte".

Como dije anteriormente la historia no resulta tan consistente como la de "El Viaje de Chihiro" y que incluso cabría la posibilidad de calificarla como de excesivamente abstracta, de tal modo que cobra más importancia la forma que el fondo, mas es imposible no resistir-se a los encantos de una pintura animada en la que sobresale una entrañable reflexión acerca de la vejez. Los personajes devoran con su sola presencia el argumento de la cinta, algo que tiene su explicación en el conocido interés de Hayao Miyazaki por explayarse a la hora de recrear determinadas imágenes que se le vienen a la mente. En todo caso, y a pesar de sus dos horas de duración, "El Castillo Ambulante" no se hace pesada en ningún momento, aunque es justo reconocer que no está hecha para todo tipo de públicos. Así, no existe la simplicidad de producciones como "Chicken Little", "Madagascar" o "Robots", topándonos con unos personajes complejos. La mayoría de ellos desprenden una contagiosa luminosidad, pero no son pocos los pasajes en los que se manifiestan los tormentos que azoran su alma; por el contrario, aquellas personas que a priori se nos mostraban como odiosas y repulsivas no son otra cosa que seres atrapados por sus caprichos, envidias y egoísmos, siendo finalmente capaces de aceptar sus defectos gracias, directa o indirectamente, a la ayuda de Sophie. No obstante, existen criaturas que encandilarán a los espectadores más menudos, caso de Calcifer, el demonio del fuego, o el simpático perrito Hihn.

La invitación es tal vez menos anunciada y de acceso más dificultoso. La obra de Miyazaki puede ser tomada aunque esto no sea lo más probable como una sencilla película animada para chicos, también para grandes, si se toma en cuenta la originalidad y simpatía de los dibujos y la calidad de los procesos de elaboración que ellos portan. Pero detrás de la exuberancia cautivante de sus atractivos visuales, el filme está proponiendo una invitación a un viaje oscuro y excitante que tiene como objetivo, sin pecar de pretencioso, la exploración misma del alma humana. Con sencillez y sutileza, la película desliza una historia épica, de magos, fantasmas y hechizos a través de la cual se permite posar la mirada en los miedos más profundos y aterradores que puede afrontar un hombre a la hora de vivir un gran amor. Para hacerlo no necesita estar permanentemente haciendo hincapié en la historia que quiere contar. Miyakazi toma siempre el tiempo exacto para distanciarse y acercarse al relato, entretener la mayoría del tiempo, hacer reír también, y después sí, en el momento más oportuno y tal vez menos esperado, inmiscuirse en la trama esencial de la película, que es la que no deja tan a la vista. En el permanente diálogo entre lo que se ve y lo que no, y en la capacidad para entretener y a la vez servir como disparador de preguntas y pensamientos se halla una de las principales fuentes de la magia que irradia la película. "El Castillo Ambulante" se convierte en una muestra de la maestría de Hayao Miyazaki a la hora de mezclar su desbordante fantasía con una realidad inspirada en sociedades de diversos períodos históricos (cabe recordar que no es una novedad en la filmografía de este artista, pues son recursos que, por ejemplo, ya empleó en "Porco Rosso" y "El Castillo en el Cielo"). Otra vez nos hallamos ante una película animosa y esperanzadora en la que tan pronto nuestros pies se mantienen pegados en el suelo como nuestra imaginación se eleva hacia el firmamento gracias al vasto universo de ensoñaciones ideado por los responsables de este largometraje de los estudios Ghibli.

Pero donde en verdad triunfa "El castillo ambulante" es en su deslumbrante preciosismo técnico, apabullándonos con un gran detalle en el grafismo y en la animación. Paredes desvencijadas, estancias repletas de objetos, calles atestadas de gente por las que circulan auténticas antiguallas o hermosos campos en los que los cielos se fusionan con los lagos que los reflejan son un ejemplo de la fuerza visual de este tradicional largometraje de dibujos animados, una prueba más de que las compañías cinematográficas no deberían dejar de lado sus obras más artesanales, pudiendo convivir a la perfección con las producciones generadas por ordenador. No quisiera olvidarme de la maravillosa plasmación de Sophie una vez se ha convertido en una anciana, adivinándose en su arrugado rostro las facciones de la joven, como tampoco de la hermosa partitura de Joe Hisaishi, quien no obstante ha compuesto mejores bandas sonoras para otros filmes de Miyazaki. “El Castillo Ambulante” es puro ingenio y fascinación, de principio a fin, y cuenta con la infrecuente virtud de convertirse en la película que el espectador decida y desee que sea. Ampliamente recomendada.

"Otra joya repleta de alma del inigualable animador japonés Miyazaki"

viernes, 12 de marzo de 2010

Vacaciones Permanentes

Director: Jim Jarmusch
Año: 1980 País: EE.UU. Género: Drama Puntaje: 07/10
Interpretes: John Lurie, Frankie Faison y Chris Parker

Ópera prima de Jim Jarmusch, para mí el más grande del cine independiente, en la que encontramos toda la frescura de sus siguientes obras. Allie (John Lurie) es un joven vagabundo en Manhattan, en esta ciudad conoce a varios personajes que no se encuentran a sí mismos, ambientes fuera de lugar y es testigo de situaciones que parecen imposibles, pero que resultan ser la más reales y dan vida a la existencia de este turista vital, fan de Charlie Parker que se siente como si viviera en unas vacaciones permanentes en esta ciudad. Jim Jarmusch es el autor independiente norteamericano por antonomasia. En sus filmes figuran rostros marginales y penadores, que pueden ser disímiles en contexto (social, cultural, etc.) pero muy similares en la percepción de sus entornos. Jarmusch no cree en el drama ni en la tragedia como motores inspiradores de sus historias; es más, cree fervientemente en la linealidad de la vida, escasa de vértigo y emoción, pues así la retrata en sus testimonios fílmicos, en los cuales busca códigos que ayuden a sus personajes a identificarse con su realidad vivencial.

A raíz de esto nace la interrogante primaria de saber si nuestro entorno nos hace quienes somos… Jarmusch responde con, su ópera prima, que sugiere la generalización de los contextos (el mundo) en relación al propio, al de nuestra comunidad misma, para entender que el territorio no es dador ni forjador de identidad, ni tampoco sus componentes humanos, sino la percepción de los mismos; adaptar nuestra visión del mundo con la realidad eventual ¿Es posible reestructurar nuestra ideología apreciativa forjada en nuestra educación inicial? Jarmusch en su primer testimonio audiovisual muestra lo errante como búsqueda de solución infructífera, donde las idas y vueltas indican divagación, más no arraigo o descubrimiento de un hábitat propicio. “Vacaciones Permanentes” discurre por lo suburbial (en tierra de nadie), donde el hombre muestra su capacidad de supervivencia en la jungla de cemento, pues la civilización no obliga profundas pruebas de fe, sino el entorno desprotegido y olvidado. Los atrapados en la linealidad rutinaria, de la gran ciudad, forman parte de una matriz sistemática parecida a la locura. Según nos indica la primera toma en la cual el pueblo convive con la lentitud de los episodios cotidianos repetidos, más algunos diálogos aislados en el transcurso del filme.

Allie es el protagonista de esta historia sin desvaríos, llano, quien busca lo que sabe inexistente, pues su pesquisa no se encuentra en edificios ni firmamentos nuevos sino en su subjetiva visión del mundo. Él percibe simetría en cada esquina, pues se considera un outsider adelantado o atrasado a su época, de ideología ininteligible para los pacatos arraigados a las convenciones sociales. Allie sigue sus impulsos ávidos de novedades duraderas, pero la fantasía de lo novedoso se desvanece cuando la presencia por un corto instante. New York es simple y aburrido, los otros sitios donde estuvo también; el hombre es insulso, predecible y lineal, carece de drama y emociones adrenalínicas en su vida por orden natural… Ser hombre (humano) es el peor defecto de Allie. Las campanadas sonantes desnudan su estado de nómade, de desubicación, de anacronismo. Busca reconciliación con su pasado (visita a su finca bombardeada y a su madre insana) pero esto solamente le confirma que una reestructuración es la mejor opción, sus cánones morales ya están afianzados en su subconsciente, por eso la mudanza de contexto es su último recurso, aunque sabe que en esta evasión no hallará respuesta. Para Allie la identificación se antepone al placer; roba un auto para cumplir su fantasía, pero lo vende para un pasaje al redescubrimiento, a París, su próxima decepción.

Jarmusch nos brinda su peculiar mirada de un New York caótico, discriminatorio, insulso y claustrofóbico, que atrapa a sus habitantes en círculos viciosos monótonos y desoladores, donde cada quien baila con su propia sombra. Los diversos lugares del orbe no brindan identificaciones características, según Jarmusch, sino la personalidad y aspiración del individuo. Allie se va a París, al mismo tiempo que un parisino llega a New York en pro de una búsqueda similar a la del protagonista. Intercambio equivalente entre dos sujetos decepcionados y pertinaces, pero optimistas y proactivos. “Vacaciones Permanentes” apela al delirio moderado del surrealismo en su forma más convencional: situaciones inusuales en los contextos más comunes, como personajes disímiles para la realidad en los que se muestran. La elocuencia de Jarmusch hilvana el desorden circunstancial de los acontecimientos con su mensaje lúcido de la caótica plaza que retrata, mostrando lirismo tangible lindante con lo onírico. Lo interesante de la película no es su aspecto técnico, al fin y al cabo, es un proyecto universitario; tampoco lo es sus actores, el protagonista es prácticamente un desconocido, y el único que puede sonar (aunque es difícil si no eres fan de Jarmusch o adicto al jazz, afortunadamente yo me encuentro en ambos grupos) es John Lurie, que además es el autor de la banda sonora. Lo que realmente atrae de la cinta es su capacidad para contarte una historia, sin dirección, sin lógica y sin un auténtico final, y que al acabar te deje con la sensación de que tiene todo el sentido del mundo y no hace falta nada más.

Como uno de esos dibujos en los que hay que unir puntos, así se nos relatan los últimos días de Allie en Nueva York, en los suburbios de la gran ciudad. Él, un joven, emocionalmente huérfano, con una madre ingresada en un psiquiátrico, con una novia a la que no acaba de querer como ella le pide, y con un camino que nunca es certero (es muy significativo que los andares del chico nunca sean decididos más que cuando se pone a bailar frenético al ritmo de un disco, en su casa), no se siente a gusto en su ciudad natal. A través de su deambular constante por los suburbios y de hablar con la gente que se va encontrando, se va perfilando un dibujo poliédrico, como el garabato resultante de unir todos los puntos, solo que quizás en este caso han sido colocados al azar. Jarmusch acierta a colocar una banda sonora confusa, a base de fraseos incómodos de saxo, de campanas molestas y de un cierto retumbe que hace, si cabe, más incómoda la narración. A eso añadido la cámara nerviosa y los paisajes desolados y llenos de cascotes de las casas derrumbadas da como resultado un film brillante precisamente por su mugre, y muy deudor de su tiempo, de los jóvenes que no están a gusto en un lugar concreto y buscan ser turistas en unas vacaciones permanentes.

La puesta en escena es la más simple y llana de la filmografía Jarmusch y, probablemente, de todo el cine norteamericano. Jarmusch lleva al “indie” a otro nivel de minimalismo, bofetea al mainstream con su expresión llana en recursos tanto técnicos como artísticos. Demuestra que la personalidad ideológica es una virtud de lo más valorada en un autor, quien deja de lado los fajos regordetes de “verdes” o plomos dólares para abrir su sencillera o romper su alcancia y expresar tras el cine sus más profundas apreciaciones de la vida misma. La maestría de decir mucho con lo aparentemente nulo y anecdótico, del aislamiento de circunstancias que narran más de lo que la primera vista proporciona. Jarmusch pide harto compromiso para con sus filmes, ojos bien abiertos y cabeza despejada. Si no es el caso, como Allie, divagaremos en un relato incongruente, tedioso, surrealmente desubicado e intolerable….Antes de ver a Jarmusch lo más recomendable es una buena “lavada de cara” y después recién ver el buen cine de Jarmusch. Aquí les dejo con una escena memorable.

“Una gran película minimalista y profunda”

miércoles, 10 de marzo de 2010

El Tren de Bertha

Director: Martin Scorsese
Año: 1972 País: EE.UU. Género: Drama/Violencia Puntaje: 07/10
Interpretes: Barbara Hershey, David Carradine, Barry Primus, Bernie Casey y John Carradine

Basada en una cautivadora historia real, “El Tren de Bertha” es una película con una dirección maravillosa que narra el romance fugitivo en plena época de la Gran Depresión de dos renegados en la línea del ferrocarril. Con una energía electrizante y las magistrales interpretaciones y sensuales de Barbara Hershey y David Carradine, el largometraje ofrece altas dosis de humor y calidez a todo tren. Bertha (Hershey) es un espíritu libre y una bandida de poca monta con una actitud de “amarlos y dejarlos”...hasta que se enamora del sindicalista (y Robin Hood del ferrocarril) Big Bill Shelly (Carradine). Bertha y Bill se dedican entonces a robarles a los ricos para dárselo a los trabajadores y rápidamente se convierten en los asaltantes de trenes más famosos del sur. Pero a medida que sus delitos se vuelven más atrevidos, la ley se torna más implacable y la pareja descubrirá, demasiado tarde, que esa vida de asaltantes tal vez les lleve a un viaje sin retorno...hacia un destino fatal. Segunda cinta del grandioso Martin Scorsese y producido por el bizarro Roger Corman.

El filme suma drama, crimen, análisis social y crónica histórica. La película desarrolla un relato de robos y asaltos con intimidación a personas relacionadas con la empresa y a las instalaciones de ésta. El fruto se destina a los trabajadores necesitados, parados, enfermos, etc. El cuadro de miseria, paro y desesperación, de la Depresión queda esbozado con trazos ácidos y secos. La preocupación social del filme, reflejo de las preferencias de Corman (productor de este filme), incluye indicaciones sobre las malas condiciones del trabajo asalariado, su precariedad, su dependencia del capricho de los ejecutivos y la insuficiencia de los salarios, etc. Con estos hechos contrasta la opulencia y el lujo de los magnates y de los grandes propietarios. Ante las acciones de la banda, la compañía solicita la intervención policial y contrata a sanguinarios matones a sueldo. La espiral de violencia se eleva gradualmente hasta alcanzar su cenit en una escena desgarradora. Se incluyen referencias a aspectos religiosos, como citas bíblicas, a paralelismos ente Jesús y Magdalena con Bill y Bertha y a la crucifixión. Esta última escena es una de las más grandiosas e impactantes que haya filmado el director ítaloamericano.

“El Tren de Bertha” es considerada una cinta de serie B, y bien considerada, puesto que el guión es un poco disparatado, se hace un poco lenta, y las actuaciones son bastante limitadas, exceptuando, y por momentos, la de Barbara Hershey en las que en muchas escenas radia sensualidad, inocencia y dureza, y en otras parecía estar un poco fría. Respecto a la dirección, en mi opinión de las más flojas del director, no obstante no quiero que mi crítica suene muy negativa puesto que son los comienzos de un maestro, y recomiendo verla para ver su evolución. En un contexto rural (alejado del retrato newyorkino posterior), Scorsese filma un manifiesto ideológico bizarro (hay dudosos apoyos a la prostitución) pero atractivo en su inocente “carpe diem” y antifanatismo. Lo primero que llama la atención es el tono onírico apoyado en una ceremoniosa puesta en escena (evidente en los numerosos desnudos pero visible desde la secuencia inicial con los rítmicos presos, los paletos inertes y el rascamiento de pierna: ¡menudo ritual para el aterrizaje de una avioneta!) y un edición de sonido rudimentario pero muy expresivo (a resaltar los silbidos del tren que nos impiden oír algunos diálogos).

Cuando alguien logra el beneplácito de los círculos cinéfilos, se tiende a concederle indulgencia plenaria a toda su filmografía, reconsiderando todas sus películas anteriores como logros indiscutibles por alguna u otra razón de carácter ignoto (“quizá no era magnífica, pero indudablemente lleva su firma, porque...” o “una película fallida, pero imprescindible para comprender su evolución posterior como creador”). Yo no voy a engañar. Si no has visto “El Tren de Bertha” no has perdido mucho, desde luego. Aunque con un poco de perspectiva y haciendo algo de arqueología sirva para entender como irrumpieron en la cosa esta del cine toda una generación de jóvenes voluntariosos: del brazo de un tipo dispuesto a repartir primeras oportunidades a mansalva. La película en su época prometía acción (la misma acción que prometían los westerns de serie B) que eran ricas en situaciones un tanto ridículas y diálogos cuasi sonrojantes. Pero esta película de serie B de Scorsese, fue muy diferente, se basaba en escenas muy ritualistas y desgarradoras (primeros indicios de su sello), sin embargo, no es más que un tibio esbozo de la que acometería Travis por un pasillo interminable o el clásico via crucis scorsesiano y en este caso, nunca mejor dicho por el que debe transitar el atormentado protagonista.

Hay varias escenas destacadas en el filme, como el asalto a la casa del hacendado Buckram Sartoris en plena fiesta, la iniciación sexual de Bertha, el tiroteo durante la partida de cartas, la entrevista con el psicólogo, la muerte de Bill, etc. Durante el rodaje Barbara Hershey regala a Scorsese un ejemplar de la novela "La Última Tentación de Cristo", de Nikos Kazantzakis, que llevará al cine años más tarde. Alguna secuencia es de un salvajismo descarnado y escalofriante. El trabajo permite a Scorsese aprender muchas cosas, acumular experiencia, rectificar errores, evitar precipitaciones, ganar seguridad y mejorar su currículum. Sobre todo, se ha probado a sí mismo que puede dirigir un filme en condiciones profesionales. Decidido a dedicarse a la dirección, pese a su fama como buen editor, acepta la propuesta de dirigir “Calles Peligrosas” (1973), su tercer largometraje. La música aporta una partitura, adecuada y variada, de armónica, cuerdas, melodías country (tren en marcha) y una romántica pieza para piano de Chopin. La fotografía, de John Stephens y Gayne Rescher (no acreditado), en color (deluxe), ofrece secuencias brillantes junto a otras deslucidas y endebles. Las manchas de sangre y otros elementos parecen obra de aficionados. El rodaje de la cinta supuso un paso importante en el progreso de la carrera del realizador.

El filme cuenta con la aparición secundaria de Victor Argo (habitual en la filmografía de Scorsese) y del veterano John Carradine, padre de David, como Sartoris, el dueño del ferrocarril donde Bertha y sus amigos utilizan para robar el cargamento de dinero o para huir y a quienes persigue implacablemente. “El Tren de Bertha” es una buena película. Por un lado, flota en el ámbar comprometido y contestatario de su tiempo y, con pulso irregular, despacha un ataque inmisericorde a la cara más oscura de la moneda capitalista, conformando una furiosa biografía cada vez más desencantada. Por el otro, cristaliza la desgarrada estilística de su autor que, sí, al fin alcanzaría su esplendor en “Calles Peligrosas”, y pese a las concesiones a la factoría Corman tanto los desnudos gratuitos como, seamos buenos, la interminable colección de referencias sociológicas muy propias del rey de la serie B, Martin Scorsese factura el ciclo iniciático de Bertha Thompson con todo el aplomo de su incomparable autoría. El final de la película es brutal, con mucha fuerza, mostrando indicios de genialidad, Scorsese deja su sello y promete como director. Muye recomendable para conocer los inicios de un genio del cine.

"Un filme contestatario, rodado con furia y con un gran dominio visual”

lunes, 8 de marzo de 2010

Malena

Director: Giuseppe Tornatore
Año: 2000 País: Italia Género: Drama/Erótico Puntaje: 08/10
Interpretes: Monica Bellucci, Giusseppe Sulfaro, Luciano Federico, Matilde Piana, Pietro Notarianni y Gaetano Aronica

Malena (Monica Bellucci) es la belleza más encantadora e irresistible de Castelcuto, un aburrido pueblo de la soleada costa siciliana. Es nueva en la población y estando su marido en la guerra, cada paseo que da por el pueblo se convierte en un espectáculo, acompañado por las lujuriosas miradas de los hombres de la localidad y de los resentidos cotilleos de sus envidiosas esposas. Un ejército de flacos adolescentes en bicicleta la sigue allí donde vaya, con la única intención de observar su exquisita y arquetípica belleza. Pero entre ellos se encuentra Renato (Giusseppe Sulfaro), un chico de 13 años con mucha imaginación que lleva su deseo a unos límites inesperados de obsesiva fantasía. Alimentado por sus sueños de romances de cine, Renato Amoroso se convierte en la secreta sombra de Malena, un espía de amor que no se pierde ni uno de sus sensuales movimientos. Los momentos más insignificantes de la vida de Malena, son percibidos por Renato con el elevado nivel erotismo típico de los adolescentes. Séptimo filme del italiano Giuseppe Tornatore, que toca temas como la desgarradora historia de una hermosa mujer, el descubrimiento de la sexualidad, la infidelidad, la pobreza, el primer amor y el problema de una sociedad conservadora.

La película es una muestra simple y directa de la sensualidad de una mujer extremadamente bella convertida en objeto sexual por el sector masculino del pueblo de Castelcuto. Las obsesiones y fantasías sexuales se convertirán en hechos cuando las necesidades de Malena la lleven a tener que tomar la decisión de aceptar propuestas indecentes para poder subsistir. La lujuria y el acoso están perfectamente retratados en este filme de Tornatore, como así también se ve desde la perspectiva de Malena, la sensación de ser considerada un objeto de deseo en medio de tanta pobreza, y en un contexto de crisis social. En ello veo un hermoso contraste entre la belleza y sensualismo de una simple pobladora y la caótica situación político social que atravesaba la Italia de Mussolini. Se observa que las intenciones del director son demostrar que la Segunda Guerra Mundial pasa a un segundo plano cuando los más bajos instintos de los masculinos del lugar eligen a Malena como objetivo sexual. No importa lo demás, ella es amada, deseada por jóvenes, adultos y hasta ancianos del lugar, además su presencia sobre dos ruedas nos sirve para descubrir bellos paisajes de la localidad costera siciliana y para ir contemplando reiteradamente a la hermosa Malena en sus atractivos andares por las calles de Castelcuto, mientras los hombres de la villa la admiran libidinosamente y las mujeres comentan con envidia y acrimonia su porte.

Pero Malena sabe jugar con el poder que tiene, y que a veces la desborda. Ante la notificación de la muerte de su marido en la guerra entonces decide manejar la situación en pos de mejorar su calidad de vida acuciada por las insuficiencias materiales que vienen de la mano de la situación caótica que acarrea la guerra. Y desde otro plano vemos una situación en particular que protagoniza Renato, el adolescente que va explorando la sexualidad, que irá creciendo y madurando con la obsesión y la fantasía de poder tener a Malena a su lado. Arbitrará los medios necesarios para interiorizarse de la vida de la mujer, hasta el límite de tener celos de todo aquel que intente acercarse a ella y trate de conquistarla. El joven siente la frustración de sentirse impotente al no tener la edad necesaria para convertir sus deseos en hechos y además cuando Malena comienza a tener relaciones con distintos personajes del pueblo por necesidad. Este amorío de joven, llevado hasta límites enfermizos, será uno de las columnas básicas en el desarrollo del discurso de Tornatore. Renato se convertirá en un espía que acecha a su amada y que trata de allanarle el camino para que las cosas le sean más fáciles, y lo que en un principio era obsesión erótica propia de la edad, a medida que pasa el tiempo y conociendo la vida de ella, irá madurando para verla ya con otros ojos. Como un amigo invisible, la ayudará para con los obstáculos que ella tenga que saltear.

"Malena", empezó a tomar forma en la mente de Giuseppe Tornatore poco después de que finalizara “Cinema Paradiso”, su oda al hecho de criarse con el cine, que le llevó a ganar el Premio de la Academia a la Mejor Película Extranjera. Encontró la evocativa historia de Malena y Renato en un relato corto escrito por el veterano guionista Luciano Vincenzoni, que ha escrito más de 100 filmes, incluyendo varios clásicos de Sergio Leone. Vincenzoni había fraguado la historia tipo fábula de Malena a partir de sus propios recuerdos de una mujer que alteró totalmente su pequeño pueblo italiano durante la Segunda Guerra Mundial, una mujer cuyos devastadores encantos y efectos nunca podría olvidar. Tornatore se vio atraído en seguida por los temas de "Malena", y pensó que su historia era inolvidable, especialmente vista a través de los ojos de un niño que, mientras la observa, llega a comprender el amor, los sueños y la responsabilidad, sufriendo su propia transformación. "Malena es un relato simple y esquemático, la historia de un doble crecimiento: un niño que se convierte en hombre, una chica que se convierte en mujer. Al final, es sobre el eterno conflicto entre el Bien y el Mal, el de luchar en medio de una sociedad muy caótica, como en esos tiempos.

Mucho antes de que empezara la producción de "Malena", Giuseppe Tornatore sabía que Monica Bellucci sería su musa, la perfecta encarnación de la pasión y objetivo de las emociones y fantasías reprimidas de todo un pequeño pueblo italiano. La sensualidad escrita en el rostro de Bellucci y su porte orgulloso e independiente, inspiraron a Tornatore, así como sus propias experiencias personales al haberse criado ella misma siendo la belleza de un pueblo pequeño. Como chica pueblerina convertida en famosa modelo italiana, Bellucci ya sabía bien lo que significaba ser el objetivo de las hambrientas miradas de los hombres. De hecho, su mayor desafío era aprender a ser tan pasiva como la impotente Malena. "Soy una mujer moderna e independiente, por eso me es difícil aceptar la manera en que Malena es tratada." Dijo Bellucci alguna vez . "pero he acabado por entenderla y como debe aguantar estos abusos para poder sentir que pertenece a algún lugar." Concluye. Y lo cierto, es que Malena, no puede prescindir de su inherente erotismo a pesar de su comportamiento fiel a su c esposo. Este erotismo despierta el deseo general, un deseo que la conducirá a una vida establecida por los cauces señalados en los instintos sacudidos entre quien la rodea y que la condenarán sin remisión por una hipócrita e inflexible comunidad.

La perspectiva de Tornatore, que no carece de nostalgia y cariño por esa época, es muy crítica (aunque no explícita) con respecto de esa sociedad que padeció ese periodo infame de la historia italiana. Su construcción no intenta ser revisionista, ni tampoco quiere castigar ideológicamente, pero no desconoce la responsabilidad de cada ciudadano en Castelcuto por la infelicidad de Malena. Tornatore no quiere desenmascarar a nadie porque ese no es el objetivo del filme, no obstante, el recuerdo del primer amor tiene un telón de fondo en el que abundan las caricaturas, los mitos, los defectos, las deformidades y hasta los demonios que acompañaron a esa generación. A Tornatore no le interesa ser ni juez ni parte, su única lealtad es con Malena, que solo desea la felicidad. La conducta desproporcionada de ciertos personajes, como el de su padre, no hace otra cosa que añadirle una capa de afecto a esa aborrecible figura paterna que se construye en la adolescencia. "Malena" es el sencillo homenaje que Tornatore le rinde a su padre, cuyo filme abre con estas palabras: A pesar de su juventud, Sulfaro se vio arrastrado por el alma de "Malena". "Creo que es algo bello amar de lejos." Comentaba sobre la historia, "y es una cosa magnífica ser testigo del momento en que un chico se convierte en hombre." concluye, además podemos añadir la esplendida musicalización del maestro Ennio Morricone. Una cinta muy evocativa y nostálgica de esa época en el cual todos los hombres han pasado, vale la pena mirarla.

“Sensualidad y romanticismo en esta esplendida película”

sábado, 6 de marzo de 2010

Vida Acuática

Director: Wes Anderson
Año: 2004 País: EE.UU. Género: Comedia Puntaje: 09/10
Interpretes: Bill Murray, Noah Baumbach, Owen Wilson, Cate Blanchett, Anjelica Huston, Willem Dafoe, Jeff Goldblum y Michael Gambon

"Vida Acuática" se centra en Steve Zissou (Bill Murray), un oceanógrafo y documentalista cuyas películas sobre el mundo acuático tuvieron cierto éxito en el pasado, pero que ahora han perdido popularidad, sumiendo a Sizzou en una seria depresión. Sin embargo, la muerte de un cercano amigo entre las mandíbulas del mítico "Tiburón Jaguar", le dan nuevos bríos a Sizzou, quien decide montar una última expedición para localizar y destruir al tiburón, vengando así la muerte de su amigo. Y así, abordo del barco "Belafonte", emprende la aventura junto con su extraña tripulación, que incluye a Jane (Cate Blanchett), una amargada reportera, y a Ned Plimpton (Owen Wilson), que podría ser el hijo de Zissou. En el camino, desde luego, los esperan extrañas aventuras, que van desde un ataque de piratas hasta el rescate de un eterno rival... y tal vez un enfrentamiento con el feroz tiburón jaguar. La película no es seria; tampoco es cómica. Se mueve en la zona intermedia de la travesura, sin compromiso. Evita también el gag explosivo. Resulta patente el afán de lucir un estilo original a ultranza.

Aunque me divirtieron bastante y encontraron gran aclamación por parte de la crítica mundial, las películas previas del director Wes Anderson "Academia Rushmore" o "Los Excéntricos Tenenbaum" donde se presentaban personajes pintorescos en bizarras situaciones, era un "humor idiosincrático" donde las risas no surgen a partir de diálogos y situaciones, sino de las peculiaridades de los personajes. Y sin duda esta es una apreciación altamente subjetiva, pero creo que con "Vida Acuática", Anderson finalmente acertó en el punto exacto, creando una película tremendamente inusual, muy graciosa y extrañamente emotiva. No hay un modo fácil de describir "Vida Acuática". Lo primero que hay que decir de esta cinta es que es una película arriesgada y heterogénea a cualquier fenómeno fílmico visto antes en Hollywood, no tanto por el hecho de afrontar una historia desde un punto de vista subjetivamente surreal o extravagante, ni de aportar un universo propio creado desde la más absoluta ambigüedad, incapaz de inscribirse en un género concreto, sino precisamente porque no se ajusta a ningún parámetro examinador, descolocando los criterios que se puedan tener hacia ella a priori e incluso después de haberla visto. Una de las grandes virtudes que tiene esta película, así como el cine de Wes Anderson en general, es que el cineasta reta al público y a la crítica más angosta a replantearse continuamente qué es lo que se está viendo en pantalla.

Como en sus respectivos movimientos artísticos, salvando las distancias, lo hicieran Breton, Cocteau, Tzara o Artaud, Wes Anderson destruye lo preconcebido, desformalizando los criterios discurridos, experimentando con el cine, con el arte gráfico, con el drama y la comedia, con todo aquello que pueda hacer delimitar sus películas a un género o a un juicio estipulado. Anderson es un dinamitador, un gamberro que a base de una extraña miscelánea innovadora está logrando una interesante evolución artística sujeta a un progreso de reafirmación advirtiendo en todo momento el afianzamiento de un estilo propio y diferente. Su cine expone una de las formas narrativas más transformadoras que han surgido en la cinematografía actual, desarrollando historias que nada tienen de gracioso, pero que reviste de un ingenioso sentido del humor basado en unos personajes desubicados, perdidos en el mundo que les rodea. Supongo que ostensiblemente es una comedia, pero no es el tipo de película que busca carcajadas. También tiene elementos de aventura, pero las escenas de acción son más extrañas que emocionantes. Y desde luego es también un drama, aunque los momentos más desgarradores de los personajes sean simultáneamente patéticos y graciosos. Pero en vez de hacer "ensalada de géneros", quizás sea mejor decir que "Vida Acuática" es un estudio de caracteres que celebra las excentricidades de sus personajes sin burlarse de ellos. No estamos viendo bufones en situaciones ridículas para hacernos reír, sino seres humanos con características muy particulares, luchando contra situaciones tal vez un poco extrañas, pero con emociones perfectamente asimilables para cualquier persona.

En esta cinta de Anderson podemos ver los sentimientos entre padre e hijo, entre rivales, entre una ambiciosa mujer y su excéntrico esposo... incluso las lógicas pero tristes ideas de una madre soltera, son totalmente creíbles y conmovedoras. La excentricidad de los personajes sólo subraya el hecho de que tales emociones son universales, lo que nos pone en contacto directo con los personajes, sin importar sus comportamientos externos. El trabajo de dirección de Wes Anderson es notable, pues de algún modo mantiene un tono constante durante toda la película, a pesar de que la narrativa cambia continuamente, saltando inesperadamente de personaje a personaje. Además, la cinta tiene gran riqueza visual, con escenarios y locaciones patentemente artificiales, pero con una cualidad orgánica que las hace únicas, desde el decrépito barco de Zissou, hasta un hotel abandonado en una lejana isla. Y hablando de artificialidad, un placer adicional de la cinta es el uso de animación cuadro por cuadro (o "stop motion") para dar vida a los extraños habitantes del mundo submarino. Esta animación, realizada por el famoso Henry Selick (director de "El Extraño Mundo de Jack"), no sólo es efectiva y pintoresca, sino que sirve como un maravilloso recordatorio de una técnica que la animación digital había dejado casi en el olvido.

Pero tal vez es el gran trabajo del elenco lo que hace que una película tan extraña como ésta funcione tan bien. Bill Murray ha recibido grandes aplausos por sus sutiles interpretaciones en "Academia Rushmore" y "Perdidos en Tokio", por lo que no es sorpresa verlo de nuevo en plena forma (no física, sino histriónica), con una de sus características actuaciones perfectamente balanceadas, que encuentran el pivote emocional del personaje para hacerlo igualmente creíble y consistente en situaciones humorísticas y dramáticas. Owen Wilson destaca también por su pausado desempeño, muy distinto a las locuaces comedias que frecuentemente realiza, pero igualmente creíble. Cate Blanchett muestra una vez más su camaleónico talento, esta vez como una deprimida reportera que tiene que conciliar su escabrosa vida personal con el maniático ritmo de la vida abordo del "Belafonte". E igualmente notable es el resto del elenco, desde Anjelica Houston como la fría y calculadora ex-esposa del protagonista, hasta Jeff Goldblum como el sexualmente ambiguo rival de Zissou. El único que, sorprendentemente, falla un poco en su interpretación es Willem Dafoe, aunque supongo que cambiar bruscamente de eterno villano a un papel humorístico le ha costado trabajo a este normalmente sólido intérprete.

Por último hay que destacar la fotografía de Robert D. Yeoman que aporta a la puesta en escena de Anderson un reconocible homenaje a las series documentales de divulgación científica de los setenta, estéticamente deudora de "Mundo submarino", la maravillosa serie creada por Jacques Costeau, y que sirve para presentar a sus roles como parte de esa extraña fauna que va mostrando a lo largo del filme incluidos en un barco como un hábitat más cercano a un acuario que a un embarcación al uso. Algunas personas encontrarán difícil de aceptar el curioso sentido del humor de "Vida Acuática", pero aún así tengo que recomendarla con entusiasmo, pues tan sólo por sus actuaciones y por la exuberante originalidad del libreto vale la pena verla. No obstante, quienes logren asimilar tal humor, encontrarán además que la cinta ofrece emociones honestas y personajes entrañables, que presentan una faceta un poco inusual, pero definitivamente familiar, de las relaciones humanas. Y acuáticas.

"Una inmersión en una comedia divina"

jueves, 4 de marzo de 2010

Casta de Malditos (The Killing)

Director: Stanley Kubrick
Año: 1956 País: EE.UU. Género: Thriller Puntaje: 09/10
Interpretes: Sterling Hayden, Coleen Gray, Vince Edwards, Jay C. Flippen, Marie Windsor y Ted DeCorsia

Un ex convicto llamado Johnny Clay (Sterling Hayden) ha salido de la cárcel después de cinco años entre rejas. Su nuevo intento de hacerse millonario será robando, junto a varios compinches, el dinero de un concurrido hipódromo. Stanley Kubrick debutó con “Fear and Desire” y “El Beso del Asesino”, prometedoras, y visualmente impecables, pero aún muy alejadas de sus grandes obras maestras. Su primer trabajo redondo fue esta excelente muestra de cine negro, con muchos elementos en común con La jungla de asfalto, el clásico de John Huston. Probablemente se trate de uno de los mejores trabajos del autor de “2001: Odisea en el Espacio”, “La Naranja Mecánica” y sobre todo la excelente "Senderos de Gloria". Aunque tenía sólo 26 años cuando la rodó, obtuvo una hondura dramática propia de las grandes obras del celuloide.

El filme se basa en la novela de Lionel White “Clean Break”. Varias de las obras de White han sido adaptadas al cine de entre las que destaca “Pierrot el loco” de Jean-Luc Godard. Lionel White también aparece como agradecimiento en los títulos de crédito de “Reservoir Dogs” dirigida por Quentin Tarantino que guarda cierta similitud en la estructura argumental con “Casta de Malditos”. Lo más destacable de la película es su peculiar narrativa. Más allá de la historia de un atraco a un hipódromo “Casta de Malditos” es una película de personajes. El espectador conoce los motivos que han llevado a cada uno de los integrantes de la banda a querer cometer ese atraco, el policía endeudado con un gangster, el marido que cuida de su esposa enferma y el títere de una mujer enferma, pero en el sentido más retorcido de la palabra, y enamorada del dinero que conseguirá con el atraco. Todas estas situaciones inmortalizados por un inigualable tratamiento de la imagen, con una primorosa fotografía de Lucien Ballard, el estilizado trabajo de cámara, el vigor narrativo que dota a la acción de gran lucidez rítmica y exaltado sentido del suspense, además de un sobresaliente proceso en el devenir de los personajes, hacen de esta película un título redondo, auténtica obra maestra del cine protagonizada por ese minusvalorado actor llamado Sterling Hayden.

El espectador siente a la vez simpatía y compasión por estos delincuentes. Sus problemas son algo que no le resulta extraño al espectador y en el fondo se espera que consigan el dinero que les facilitará la vida. Pero por otro lado en el fondo no son más que un puñado de rateros que quieren conseguir lo que buscan sin importarles quien caiga por el camino, ni el caballo, ni el luchador ruso ni el tirador son imprescindibles en su elaborado plan. Al empezar la película las imágenes son acompañadas por una voz en off que describe el lugar y la hora exacta en la que está transcurriendo esa acción. En un primer instante la locución del narrador parece innecesaria, pero se vuelve una pieza fundamental en la narración a lo largo de la película. Bill Krohn, crítico de la respetadísima revista cinematográfica “Cahiers du Cinema”, considera que la voz en off de la película se contradice y resulta “demasiado obsesiva al permitirse una precisión insignificante sobre el tiempo”. Según Bill Krohn esto se debe a que Kubrick quiere parodiar de manera sutil la utilización de la voz en off como elemento narrativo. Kubrick hace un uso muy acertado del montaje presentando acciones paralelas una detrás de otra que ocurren en distintos lugares al mismo tiempo. Es una técnica de montaje que en la actualidad está muy desgastada pero que siempre sorprende ya sea en el interesante remake de “La Cuadrilla de los Once” o “Ocean’s Eleven” o en la lamentable excusa para hacer una película violenta “Reservoir Dogs”.

Kubrick juega con el tiempo a su antojo ralentizándolo, acelerándolo y parándolo por completo para estructurar a la perfección su relato. Y ¿cómo hace todos esos malabarismos con el tiempo sin marear al espectador? Pues mediante el inteligente uso de la misma escena cada vez que quiere trasportar al espectador a un momento concreto de la historia. Kubrick no teme resultar simple ni redundante con el uso de la escena de los caballos de carreras colocándose en la línea de salida. Así ayuda al espectador a situarse en el momento antes de empezar la carrera en la que todas las piezas, encajadas por el exconvicto Johnny Clay, deben cumplir su función para que tenga lugar el atraco perfecto. En este aspecto no se escatiman recursos para asegurarse de que todo aquel que vea la película sepa que está ocurriendo, al antes mencionado truco de repetir escenas se suma la voz del comentarista de las carreras que puede oírse de fondo diciendo lo mismo en dos lugares diferentes antes de que la primera ficha de dominó caiga y empiece el espectáculo. Stanley Kubrick consiguió con “Casta de Malditos” construir una historia, no sobre un atraco, sino sobre personas que cometen un atraco. Es un juego cinematográfico, idea que se ve reforzada con las constantes referencias al juego del ajedrez que aparecen a lo largo de la película.

Johnny Clay busca al luchador Maurice en un club de ajedrez en dónde está dando consejos a un jugador sobre cómo debería haber movido ficha para hacer un jaque mate. Johnny es en el fondo un jugador que mueve las fichas a su antojo después de haber trazado una estrategia y ya conociendo el tablero de juego, para poder ganar la partida. En este sentido la secuencia de presentación de Maurice, un peón en el juego de Johnny, en el local de ajedrez no está puesta arbitrariamente, hay que tener en cuenta que Maurice podría haber estado en cualquier sitio y de hecho, debido a su aspecto, presentarlo en un gimnasio o en un combate de boxeo hubiese servido para que el espectador conociese más cosas sobre este personaje. Pero es que no es un simple bruto sin cerebro, es aficionado al ajedrez, y conoce varias estrategias para poder llegar al rey con el mínimo esfuerzo. Al final, cuando Johnny cree que la partida ha terminado, un desafortunado y estúpido accidente (ocasionado por la impaciencia, las prisas y un perro maleducado) hace que pierda la partida y que no vaya a volver a jugar en mucho tiempo. Y que remite al consejo que Maurice da al jugador en el salón de ajedrez “has movido mal, debiste mover el caballo”.

Uno de esos finales que son todo lo opuesto al final feliz que unos años más tarde volvió a hacer aparición en una película de atracos en “La Cuadrilla de los Once” dirigida por Lewis Milestone en 1960. En dónde la banda de atracadores de casinos veía arder el dinero que habían robado en el interior de un cadáver que pensaba que sería enterrado y no incinerado. En definitiva “Casta de Malditos” es una película sobresaliente. Una historia fascinante muy bien contada, acompañada de un montaje que se ha convertido en el paradigma de las películas de atracos y un filme en definitiva, que anticipó lo que sería la brillante carrera como director de Stanley Kubrick, famoso por su minuciosidad y el cuidado con el que trataba todos y cada uno de los planos de las películas que dirigía.

“Un thriller perfectamente hecho”

martes, 2 de marzo de 2010

El Pianista

Director: Roman Polanski
Año: 2002 País: Inglaterra/Francia Género: Drama Puntaje: 10/10
Interpretes: Adrien Brody, Thomas Kretschmann, Maureen Lipman, Ed Stoppard, Emilia Fox y Frank Finlay

Wladyslaw Szpilman (Adrien Brody) es uno de los pianistas polacos más conocidos, pero cuando estalla la segunda guerra mundial, como tantos otros judíos, Szpilman y su familia son desalojados de su apartamento y apiñados junto a miles de personas en un ghetto de Varsovia, donde el pianista se ganara la vida como puede tocando en los bares en que los que se reúne con colaboradores y traficantes del mercado negro. Esta película, enormemente aclamada y galardonada, dirigida por Roman Polanski, quien vivió en su propia carne la represión nazi, y basada en el libro de Szpilman, es un vivo y gratificante relato de la vida en el ghetto. La fuerza del tema y de las emociones que genera, junto con la bonita y amplia gama de variados personajes secundarios convierte a "El Pianista" en una historia optimista y llena de esperanza a pesar de todo el horror. Tras una larga andadura por América y un palmarés envidiable, en esta ocasión el director de "Repulsión" y "Chinatown" ha querido mirar hacia su patria para cumplir un viejo sueño: filmar el difícil período del ghetto judío de Varsovia y evocar así su propia niñez, en medio del horror y del dolor. Polanski nos ofrece una película sincera y muy sentida, histórica y personal, emparentada con películas como "La lista de Schindler" por un lado y con "El piano" de Champion por otro, que pone una nota de humanidad a la masacre del siglo pasado más veces llevada al cine.

¿Cómo retratar el horror cuando éste es al mismo tiempo tan incomprensible como humano? Desde dentro, responde Polanski con este filme. Pocas veces se ha mostrado tan bien el holocausto judío como aquí, donde podemos seguir paso a paso cómo se fueron desmadrando las cosas, cómo de las pequeñas prohibiciones y de los primeros ataques a los derechos de un grupo de personas se pasó a aislarlos, encerrarlos, atacarlos y finalmente exterminarlos. Algunas de las escenas violentas mostradas en el filme se encuentran entre las más brutales filmadas nunca sobre este tema, trasmitiendo a la perfección la fría locura que acompañó a este momento. Todo está aquí visto desde los ojos de un artista, un pianista que no da crédito (como el espectador) a lo que sucede a su alrededor, que no es capaz de asimilar el horror, que trata de esquivarlo, aunque finalmente caiga, primero irremediablemente en sus fauces, para después ser salvado por un ángel del tipo más inesperado. El filme posee una capacidad para dar una visión global sobre esos hechos y ofrecer muchas ramificaciones de la trama sin apenas dispersarse en su hilo conductor, aunque resultando evidente la potencia y pegada que gana cuando se convierte en un proceso íntimo y aislado dentro de los ojos del brillante actor Adrien Brody (del que ya habíamos podido ver grandes interpretaciones escondidas en películas de cineastas como Spike Lee, Terrence Malick o Ken Loach), obligado a sobrevivir como un Robinson en medio del Apocalipsis.

Es posible que "El Pianista" sea una de las mejores películas que se han hecho sobre el Holocaustro Judío, y quizás porque no necesita trasladar su cámara a los campos de concentración, ni a las cámaras de gas. Mucho antes de llegar a tal grado de deshumanización, la historia del terror nazi y de todos aquellos que no hicieron nada por impedirlo, ya incurre en la más indigna de las abyecciones. En este filme, Polanski es capaz de permitirse el lujo de ser aceradamente distante, de no adentrarse en exceso en la sentimentalidad de los personajes, y en prácticamente prescindir de todos menos del protagonista. La carga emocional está basada en una historia espeluznante y absurda, ayudada por una planificación de la imagen gloriosa, en la que no sólo el color juega un papel fundamental, sino que la escenografía contribuye en todo momento a remarcar esa ambiente de degradación moral que obligatoriamente ha de sentir el espectador al ver esta película. Y con ser esta cinta un testimonio impresionante, se equivocan aquellos que creen que su afán no es más que el de relator. Durante toda la película, el guión de Ronald Harwood (un guionista que a veces ha estado desacertado, pero desde luego no en esta ocasión), pone en boca de varios personajes frases de reproche por cómo los judíos han respondido siempre con la política de brazos cruzados ante los diferentes exterminios que han sufrido durante la historia, e incide en la necesidad de reaccionar de una vez por todas, dejarse de tanta mansedumbre, y responder efectivamente a todos aquellos empeñados en borrarlos del mapa.

Se aleja Polanski del estilo de Hollywood buscando la máxima objetividad en la historia, y así mostrar la dura realidad por la que su pueblo tuvo que pasar. Por eso, aparte de los recuerdos de Szpilman y de los de su propia infancia en Cracovia, consultó a historiadores y supervivientes del ghetto, y todo el equipo se imbuyó del espíritu que quería dar a la película viendo documentales de dicho período. El resultado es un filme clásico, que recupera aires europeos para mostrar la verdad de esos difíciles momentos. Lo hace sin caer en maniqueísmos ni sectarismos, mostrando un país “en el que había polacos buenos y malos, judíos perversos y justos, e incluso alemanes con corazón, entre los despiadados”. Es, pues, un homenaje a su pueblo, una mirada nostálgica y llena de humanidad, y un deseo de ir más allá de los avatares políticos para penetrar en unas vidas singulares, llenas de deseos de vivir en medio de un paisaje urbano en ruinas. Por eso, la película se aprovecha de una estética fría que mantiene al espectador distante, sin que sufra, en una posición más próxima a la reflexión serena que a la lágrima o a la cólera. Las notas de Chopin abren y cierran la película. En medio, los bombardeos y el salvajismo de las ejecuciones arbitrarias nos traen la ruindad de unos y la angustia de otros. Se alternan escenas llenas de dureza como la del anciano inválido que es lanzado por la ventana delante de sus familiares, con otras que rebosan emotividad; hay momentos llenos de lirismo donde aún queda un lugar para el amor, y otros en que la muerte se nos presenta sin tapujos. Especial fuerza dramática tiene la escena en que Szpilman sale del ghetto para entrar en un patio cubierto por cuerpos amontonados escena que recuerda a "Lo Que el Viento se Llevó", o cuando sale del piso en que se ha refugiado y se encuentra solo en una calle con todos los edificios en ruinas mientras que la cámara hace un travelling ascendente para coger perspectiva, metáfora de cómo la música se eleva entre la ruindad moral para aportar un poco de humanidad.

Si Polanski entrega en la primera mitad una cinta de narración clásica y calculada, casi documental, sin el más mínimo rastro de calor humano, una auténtica jauría nazi y judía (pues, como también sucedía en el magnífico cómic "Maus", hermano bastardo de este filme, las luchas internas entre los judíos y la dispersión y sorpresa que les impidió rebelarse, también se muestran como un hecho importante de ese momento histórico), que camina por terrenos de extrema frialdad, con un ritmo a veces un poco desigual, aunque siempre dentro de una puesta en escena de alta precisión; es realmente en su segunda mitad cuando el filme se salta sus limitaciones, que amenazaban con dejar un sabor a demasiado poco en el espectador, para zambullirse en los complejos terrenos de la metáfora humana y de las apariciones casi milagrosas, en medio de un ambiente de duermevela en el que navegamos con su protagonista, donde la poesía y la belleza pueden surgir en cualquier rincón y en donde la riqueza narrativa que posee Polanski necesita ser demostrada, se despliega en toda su magnificencia (véase toda la estancia del pianista en el apartamento y la utilización de los sonidos en off y de las imágenes robadas del exterior, siempre filmadas escrupulosamente desde el punto de vista de Brody). Esta desigualdad existente entre las dos partes es uno de los elementos que juegan a favor del filme a la altura de las más grandes obras de la década pasada, aunque sin duda no evita que sea una cinta que nadie con un mínimo de sensibilidad y de incontenible hambruna cinéfila debería perderse (ver al maestro en acción es un privilegio que nos ofrece en los últimos años con cuenta gotas).

Cada miembro del magnífico reparto, la dirección de fotografía, la música que interpreta el pianista y la original del filme, así como todo el departamento de arte son dignos de mención y acaban por consolidar esa búsqueda de la obra de arte total emprendida aquí por Roman Polanski. La incomprensión que ha sufrido el filme por parte de algunos críticos especializados desde su presentación en el Festival de Cannes 2002 (donde recordemos se alzó con la Palma de Oro), es una injusticia que el tiempo se encargará de colocar en su lugar. Lo más extraño lo encontramos en el hecho de que se le reprochara allí a Polanski el alejarse de su estilo surrealista y de su humor complejo, cuando esto es indudablemente una licencia artística completamente válida para abordar este tema y tampoco es la primera vez que este cineasta la lleva a cabo (de hecho el tono del filme recuerda, salvando las distancias, a otros trabajos como "Frenético"). Así que, una película imprescindible. Recomendada para todos aquellos que no logran entender qué es un Holocausto y qué no es un Holocausto, y para todos aquellos que aún no han entendido por qué los judíos no van a permanecer inmóviles, esperando a que alguien haga algo, a que alguien les socorra (cosa que nunca pasa), mientras haya quien jura "echarlos al mar", nunca más.

“Un cinta histórica y conmovedora, de estremecedora sinceridad y hermosura"