sábado, 6 de marzo de 2010

Vida Acuática

Director: Wes Anderson
Año: 2004 País: EE.UU. Género: Comedia Puntaje: 09/10
Interpretes: Bill Murray, Noah Baumbach, Owen Wilson, Cate Blanchett, Anjelica Huston, Willem Dafoe, Jeff Goldblum y Michael Gambon

"Vida Acuática" se centra en Steve Zissou (Bill Murray), un oceanógrafo y documentalista cuyas películas sobre el mundo acuático tuvieron cierto éxito en el pasado, pero que ahora han perdido popularidad, sumiendo a Sizzou en una seria depresión. Sin embargo, la muerte de un cercano amigo entre las mandíbulas del mítico "Tiburón Jaguar", le dan nuevos bríos a Sizzou, quien decide montar una última expedición para localizar y destruir al tiburón, vengando así la muerte de su amigo. Y así, abordo del barco "Belafonte", emprende la aventura junto con su extraña tripulación, que incluye a Jane (Cate Blanchett), una amargada reportera, y a Ned Plimpton (Owen Wilson), que podría ser el hijo de Zissou. En el camino, desde luego, los esperan extrañas aventuras, que van desde un ataque de piratas hasta el rescate de un eterno rival... y tal vez un enfrentamiento con el feroz tiburón jaguar. La película no es seria; tampoco es cómica. Se mueve en la zona intermedia de la travesura, sin compromiso. Evita también el gag explosivo. Resulta patente el afán de lucir un estilo original a ultranza.

Aunque me divirtieron bastante y encontraron gran aclamación por parte de la crítica mundial, las películas previas del director Wes Anderson "Academia Rushmore" o "Los Excéntricos Tenenbaum" donde se presentaban personajes pintorescos en bizarras situaciones, era un "humor idiosincrático" donde las risas no surgen a partir de diálogos y situaciones, sino de las peculiaridades de los personajes. Y sin duda esta es una apreciación altamente subjetiva, pero creo que con "Vida Acuática", Anderson finalmente acertó en el punto exacto, creando una película tremendamente inusual, muy graciosa y extrañamente emotiva. No hay un modo fácil de describir "Vida Acuática". Lo primero que hay que decir de esta cinta es que es una película arriesgada y heterogénea a cualquier fenómeno fílmico visto antes en Hollywood, no tanto por el hecho de afrontar una historia desde un punto de vista subjetivamente surreal o extravagante, ni de aportar un universo propio creado desde la más absoluta ambigüedad, incapaz de inscribirse en un género concreto, sino precisamente porque no se ajusta a ningún parámetro examinador, descolocando los criterios que se puedan tener hacia ella a priori e incluso después de haberla visto. Una de las grandes virtudes que tiene esta película, así como el cine de Wes Anderson en general, es que el cineasta reta al público y a la crítica más angosta a replantearse continuamente qué es lo que se está viendo en pantalla.

Como en sus respectivos movimientos artísticos, salvando las distancias, lo hicieran Breton, Cocteau, Tzara o Artaud, Wes Anderson destruye lo preconcebido, desformalizando los criterios discurridos, experimentando con el cine, con el arte gráfico, con el drama y la comedia, con todo aquello que pueda hacer delimitar sus películas a un género o a un juicio estipulado. Anderson es un dinamitador, un gamberro que a base de una extraña miscelánea innovadora está logrando una interesante evolución artística sujeta a un progreso de reafirmación advirtiendo en todo momento el afianzamiento de un estilo propio y diferente. Su cine expone una de las formas narrativas más transformadoras que han surgido en la cinematografía actual, desarrollando historias que nada tienen de gracioso, pero que reviste de un ingenioso sentido del humor basado en unos personajes desubicados, perdidos en el mundo que les rodea. Supongo que ostensiblemente es una comedia, pero no es el tipo de película que busca carcajadas. También tiene elementos de aventura, pero las escenas de acción son más extrañas que emocionantes. Y desde luego es también un drama, aunque los momentos más desgarradores de los personajes sean simultáneamente patéticos y graciosos. Pero en vez de hacer "ensalada de géneros", quizás sea mejor decir que "Vida Acuática" es un estudio de caracteres que celebra las excentricidades de sus personajes sin burlarse de ellos. No estamos viendo bufones en situaciones ridículas para hacernos reír, sino seres humanos con características muy particulares, luchando contra situaciones tal vez un poco extrañas, pero con emociones perfectamente asimilables para cualquier persona.

En esta cinta de Anderson podemos ver los sentimientos entre padre e hijo, entre rivales, entre una ambiciosa mujer y su excéntrico esposo... incluso las lógicas pero tristes ideas de una madre soltera, son totalmente creíbles y conmovedoras. La excentricidad de los personajes sólo subraya el hecho de que tales emociones son universales, lo que nos pone en contacto directo con los personajes, sin importar sus comportamientos externos. El trabajo de dirección de Wes Anderson es notable, pues de algún modo mantiene un tono constante durante toda la película, a pesar de que la narrativa cambia continuamente, saltando inesperadamente de personaje a personaje. Además, la cinta tiene gran riqueza visual, con escenarios y locaciones patentemente artificiales, pero con una cualidad orgánica que las hace únicas, desde el decrépito barco de Zissou, hasta un hotel abandonado en una lejana isla. Y hablando de artificialidad, un placer adicional de la cinta es el uso de animación cuadro por cuadro (o "stop motion") para dar vida a los extraños habitantes del mundo submarino. Esta animación, realizada por el famoso Henry Selick (director de "El Extraño Mundo de Jack"), no sólo es efectiva y pintoresca, sino que sirve como un maravilloso recordatorio de una técnica que la animación digital había dejado casi en el olvido.

Pero tal vez es el gran trabajo del elenco lo que hace que una película tan extraña como ésta funcione tan bien. Bill Murray ha recibido grandes aplausos por sus sutiles interpretaciones en "Academia Rushmore" y "Perdidos en Tokio", por lo que no es sorpresa verlo de nuevo en plena forma (no física, sino histriónica), con una de sus características actuaciones perfectamente balanceadas, que encuentran el pivote emocional del personaje para hacerlo igualmente creíble y consistente en situaciones humorísticas y dramáticas. Owen Wilson destaca también por su pausado desempeño, muy distinto a las locuaces comedias que frecuentemente realiza, pero igualmente creíble. Cate Blanchett muestra una vez más su camaleónico talento, esta vez como una deprimida reportera que tiene que conciliar su escabrosa vida personal con el maniático ritmo de la vida abordo del "Belafonte". E igualmente notable es el resto del elenco, desde Anjelica Houston como la fría y calculadora ex-esposa del protagonista, hasta Jeff Goldblum como el sexualmente ambiguo rival de Zissou. El único que, sorprendentemente, falla un poco en su interpretación es Willem Dafoe, aunque supongo que cambiar bruscamente de eterno villano a un papel humorístico le ha costado trabajo a este normalmente sólido intérprete.

Por último hay que destacar la fotografía de Robert D. Yeoman que aporta a la puesta en escena de Anderson un reconocible homenaje a las series documentales de divulgación científica de los setenta, estéticamente deudora de "Mundo submarino", la maravillosa serie creada por Jacques Costeau, y que sirve para presentar a sus roles como parte de esa extraña fauna que va mostrando a lo largo del filme incluidos en un barco como un hábitat más cercano a un acuario que a un embarcación al uso. Algunas personas encontrarán difícil de aceptar el curioso sentido del humor de "Vida Acuática", pero aún así tengo que recomendarla con entusiasmo, pues tan sólo por sus actuaciones y por la exuberante originalidad del libreto vale la pena verla. No obstante, quienes logren asimilar tal humor, encontrarán además que la cinta ofrece emociones honestas y personajes entrañables, que presentan una faceta un poco inusual, pero definitivamente familiar, de las relaciones humanas. Y acuáticas.

"Una inmersión en una comedia divina"

jueves, 4 de marzo de 2010

Casta de Malditos (The Killing)

Director: Stanley Kubrick
Año: 1956 País: EE.UU. Género: Thriller Puntaje: 09/10
Interpretes: Sterling Hayden, Coleen Gray, Vince Edwards, Jay C. Flippen, Marie Windsor y Ted DeCorsia

Un ex convicto llamado Johnny Clay (Sterling Hayden) ha salido de la cárcel después de cinco años entre rejas. Su nuevo intento de hacerse millonario será robando, junto a varios compinches, el dinero de un concurrido hipódromo. Stanley Kubrick debutó con “Fear and Desire” y “El Beso del Asesino”, prometedoras, y visualmente impecables, pero aún muy alejadas de sus grandes obras maestras. Su primer trabajo redondo fue esta excelente muestra de cine negro, con muchos elementos en común con La jungla de asfalto, el clásico de John Huston. Probablemente se trate de uno de los mejores trabajos del autor de “2001: Odisea en el Espacio”, “La Naranja Mecánica” y sobre todo la excelente "Senderos de Gloria". Aunque tenía sólo 26 años cuando la rodó, obtuvo una hondura dramática propia de las grandes obras del celuloide.

El filme se basa en la novela de Lionel White “Clean Break”. Varias de las obras de White han sido adaptadas al cine de entre las que destaca “Pierrot el loco” de Jean-Luc Godard. Lionel White también aparece como agradecimiento en los títulos de crédito de “Reservoir Dogs” dirigida por Quentin Tarantino que guarda cierta similitud en la estructura argumental con “Casta de Malditos”. Lo más destacable de la película es su peculiar narrativa. Más allá de la historia de un atraco a un hipódromo “Casta de Malditos” es una película de personajes. El espectador conoce los motivos que han llevado a cada uno de los integrantes de la banda a querer cometer ese atraco, el policía endeudado con un gangster, el marido que cuida de su esposa enferma y el títere de una mujer enferma, pero en el sentido más retorcido de la palabra, y enamorada del dinero que conseguirá con el atraco. Todas estas situaciones inmortalizados por un inigualable tratamiento de la imagen, con una primorosa fotografía de Lucien Ballard, el estilizado trabajo de cámara, el vigor narrativo que dota a la acción de gran lucidez rítmica y exaltado sentido del suspense, además de un sobresaliente proceso en el devenir de los personajes, hacen de esta película un título redondo, auténtica obra maestra del cine protagonizada por ese minusvalorado actor llamado Sterling Hayden.

El espectador siente a la vez simpatía y compasión por estos delincuentes. Sus problemas son algo que no le resulta extraño al espectador y en el fondo se espera que consigan el dinero que les facilitará la vida. Pero por otro lado en el fondo no son más que un puñado de rateros que quieren conseguir lo que buscan sin importarles quien caiga por el camino, ni el caballo, ni el luchador ruso ni el tirador son imprescindibles en su elaborado plan. Al empezar la película las imágenes son acompañadas por una voz en off que describe el lugar y la hora exacta en la que está transcurriendo esa acción. En un primer instante la locución del narrador parece innecesaria, pero se vuelve una pieza fundamental en la narración a lo largo de la película. Bill Krohn, crítico de la respetadísima revista cinematográfica “Cahiers du Cinema”, considera que la voz en off de la película se contradice y resulta “demasiado obsesiva al permitirse una precisión insignificante sobre el tiempo”. Según Bill Krohn esto se debe a que Kubrick quiere parodiar de manera sutil la utilización de la voz en off como elemento narrativo. Kubrick hace un uso muy acertado del montaje presentando acciones paralelas una detrás de otra que ocurren en distintos lugares al mismo tiempo. Es una técnica de montaje que en la actualidad está muy desgastada pero que siempre sorprende ya sea en el interesante remake de “La Cuadrilla de los Once” o “Ocean’s Eleven” o en la lamentable excusa para hacer una película violenta “Reservoir Dogs”.

Kubrick juega con el tiempo a su antojo ralentizándolo, acelerándolo y parándolo por completo para estructurar a la perfección su relato. Y ¿cómo hace todos esos malabarismos con el tiempo sin marear al espectador? Pues mediante el inteligente uso de la misma escena cada vez que quiere trasportar al espectador a un momento concreto de la historia. Kubrick no teme resultar simple ni redundante con el uso de la escena de los caballos de carreras colocándose en la línea de salida. Así ayuda al espectador a situarse en el momento antes de empezar la carrera en la que todas las piezas, encajadas por el exconvicto Johnny Clay, deben cumplir su función para que tenga lugar el atraco perfecto. En este aspecto no se escatiman recursos para asegurarse de que todo aquel que vea la película sepa que está ocurriendo, al antes mencionado truco de repetir escenas se suma la voz del comentarista de las carreras que puede oírse de fondo diciendo lo mismo en dos lugares diferentes antes de que la primera ficha de dominó caiga y empiece el espectáculo. Stanley Kubrick consiguió con “Casta de Malditos” construir una historia, no sobre un atraco, sino sobre personas que cometen un atraco. Es un juego cinematográfico, idea que se ve reforzada con las constantes referencias al juego del ajedrez que aparecen a lo largo de la película.

Johnny Clay busca al luchador Maurice en un club de ajedrez en dónde está dando consejos a un jugador sobre cómo debería haber movido ficha para hacer un jaque mate. Johnny es en el fondo un jugador que mueve las fichas a su antojo después de haber trazado una estrategia y ya conociendo el tablero de juego, para poder ganar la partida. En este sentido la secuencia de presentación de Maurice, un peón en el juego de Johnny, en el local de ajedrez no está puesta arbitrariamente, hay que tener en cuenta que Maurice podría haber estado en cualquier sitio y de hecho, debido a su aspecto, presentarlo en un gimnasio o en un combate de boxeo hubiese servido para que el espectador conociese más cosas sobre este personaje. Pero es que no es un simple bruto sin cerebro, es aficionado al ajedrez, y conoce varias estrategias para poder llegar al rey con el mínimo esfuerzo. Al final, cuando Johnny cree que la partida ha terminado, un desafortunado y estúpido accidente (ocasionado por la impaciencia, las prisas y un perro maleducado) hace que pierda la partida y que no vaya a volver a jugar en mucho tiempo. Y que remite al consejo que Maurice da al jugador en el salón de ajedrez “has movido mal, debiste mover el caballo”.

Uno de esos finales que son todo lo opuesto al final feliz que unos años más tarde volvió a hacer aparición en una película de atracos en “La Cuadrilla de los Once” dirigida por Lewis Milestone en 1960. En dónde la banda de atracadores de casinos veía arder el dinero que habían robado en el interior de un cadáver que pensaba que sería enterrado y no incinerado. En definitiva “Casta de Malditos” es una película sobresaliente. Una historia fascinante muy bien contada, acompañada de un montaje que se ha convertido en el paradigma de las películas de atracos y un filme en definitiva, que anticipó lo que sería la brillante carrera como director de Stanley Kubrick, famoso por su minuciosidad y el cuidado con el que trataba todos y cada uno de los planos de las películas que dirigía.

“Un thriller perfectamente hecho”

martes, 2 de marzo de 2010

El Pianista

Director: Roman Polanski
Año: 2002 País: Inglaterra/Francia Género: Drama Puntaje: 10/10
Interpretes: Adrien Brody, Thomas Kretschmann, Maureen Lipman, Ed Stoppard, Emilia Fox y Frank Finlay

Wladyslaw Szpilman (Adrien Brody) es uno de los pianistas polacos más conocidos, pero cuando estalla la segunda guerra mundial, como tantos otros judíos, Szpilman y su familia son desalojados de su apartamento y apiñados junto a miles de personas en un ghetto de Varsovia, donde el pianista se ganara la vida como puede tocando en los bares en que los que se reúne con colaboradores y traficantes del mercado negro. Esta película, enormemente aclamada y galardonada, dirigida por Roman Polanski, quien vivió en su propia carne la represión nazi, y basada en el libro de Szpilman, es un vivo y gratificante relato de la vida en el ghetto. La fuerza del tema y de las emociones que genera, junto con la bonita y amplia gama de variados personajes secundarios convierte a "El Pianista" en una historia optimista y llena de esperanza a pesar de todo el horror. Tras una larga andadura por América y un palmarés envidiable, en esta ocasión el director de "Repulsión" y "Chinatown" ha querido mirar hacia su patria para cumplir un viejo sueño: filmar el difícil período del ghetto judío de Varsovia y evocar así su propia niñez, en medio del horror y del dolor. Polanski nos ofrece una película sincera y muy sentida, histórica y personal, emparentada con películas como "La lista de Schindler" por un lado y con "El piano" de Champion por otro, que pone una nota de humanidad a la masacre del siglo pasado más veces llevada al cine.

¿Cómo retratar el horror cuando éste es al mismo tiempo tan incomprensible como humano? Desde dentro, responde Polanski con este filme. Pocas veces se ha mostrado tan bien el holocausto judío como aquí, donde podemos seguir paso a paso cómo se fueron desmadrando las cosas, cómo de las pequeñas prohibiciones y de los primeros ataques a los derechos de un grupo de personas se pasó a aislarlos, encerrarlos, atacarlos y finalmente exterminarlos. Algunas de las escenas violentas mostradas en el filme se encuentran entre las más brutales filmadas nunca sobre este tema, trasmitiendo a la perfección la fría locura que acompañó a este momento. Todo está aquí visto desde los ojos de un artista, un pianista que no da crédito (como el espectador) a lo que sucede a su alrededor, que no es capaz de asimilar el horror, que trata de esquivarlo, aunque finalmente caiga, primero irremediablemente en sus fauces, para después ser salvado por un ángel del tipo más inesperado. El filme posee una capacidad para dar una visión global sobre esos hechos y ofrecer muchas ramificaciones de la trama sin apenas dispersarse en su hilo conductor, aunque resultando evidente la potencia y pegada que gana cuando se convierte en un proceso íntimo y aislado dentro de los ojos del brillante actor Adrien Brody (del que ya habíamos podido ver grandes interpretaciones escondidas en películas de cineastas como Spike Lee, Terrence Malick o Ken Loach), obligado a sobrevivir como un Robinson en medio del Apocalipsis.

Es posible que "El Pianista" sea una de las mejores películas que se han hecho sobre el Holocaustro Judío, y quizás porque no necesita trasladar su cámara a los campos de concentración, ni a las cámaras de gas. Mucho antes de llegar a tal grado de deshumanización, la historia del terror nazi y de todos aquellos que no hicieron nada por impedirlo, ya incurre en la más indigna de las abyecciones. En este filme, Polanski es capaz de permitirse el lujo de ser aceradamente distante, de no adentrarse en exceso en la sentimentalidad de los personajes, y en prácticamente prescindir de todos menos del protagonista. La carga emocional está basada en una historia espeluznante y absurda, ayudada por una planificación de la imagen gloriosa, en la que no sólo el color juega un papel fundamental, sino que la escenografía contribuye en todo momento a remarcar esa ambiente de degradación moral que obligatoriamente ha de sentir el espectador al ver esta película. Y con ser esta cinta un testimonio impresionante, se equivocan aquellos que creen que su afán no es más que el de relator. Durante toda la película, el guión de Ronald Harwood (un guionista que a veces ha estado desacertado, pero desde luego no en esta ocasión), pone en boca de varios personajes frases de reproche por cómo los judíos han respondido siempre con la política de brazos cruzados ante los diferentes exterminios que han sufrido durante la historia, e incide en la necesidad de reaccionar de una vez por todas, dejarse de tanta mansedumbre, y responder efectivamente a todos aquellos empeñados en borrarlos del mapa.

Se aleja Polanski del estilo de Hollywood buscando la máxima objetividad en la historia, y así mostrar la dura realidad por la que su pueblo tuvo que pasar. Por eso, aparte de los recuerdos de Szpilman y de los de su propia infancia en Cracovia, consultó a historiadores y supervivientes del ghetto, y todo el equipo se imbuyó del espíritu que quería dar a la película viendo documentales de dicho período. El resultado es un filme clásico, que recupera aires europeos para mostrar la verdad de esos difíciles momentos. Lo hace sin caer en maniqueísmos ni sectarismos, mostrando un país “en el que había polacos buenos y malos, judíos perversos y justos, e incluso alemanes con corazón, entre los despiadados”. Es, pues, un homenaje a su pueblo, una mirada nostálgica y llena de humanidad, y un deseo de ir más allá de los avatares políticos para penetrar en unas vidas singulares, llenas de deseos de vivir en medio de un paisaje urbano en ruinas. Por eso, la película se aprovecha de una estética fría que mantiene al espectador distante, sin que sufra, en una posición más próxima a la reflexión serena que a la lágrima o a la cólera. Las notas de Chopin abren y cierran la película. En medio, los bombardeos y el salvajismo de las ejecuciones arbitrarias nos traen la ruindad de unos y la angustia de otros. Se alternan escenas llenas de dureza como la del anciano inválido que es lanzado por la ventana delante de sus familiares, con otras que rebosan emotividad; hay momentos llenos de lirismo donde aún queda un lugar para el amor, y otros en que la muerte se nos presenta sin tapujos. Especial fuerza dramática tiene la escena en que Szpilman sale del ghetto para entrar en un patio cubierto por cuerpos amontonados escena que recuerda a "Lo Que el Viento se Llevó", o cuando sale del piso en que se ha refugiado y se encuentra solo en una calle con todos los edificios en ruinas mientras que la cámara hace un travelling ascendente para coger perspectiva, metáfora de cómo la música se eleva entre la ruindad moral para aportar un poco de humanidad.

Si Polanski entrega en la primera mitad una cinta de narración clásica y calculada, casi documental, sin el más mínimo rastro de calor humano, una auténtica jauría nazi y judía (pues, como también sucedía en el magnífico cómic "Maus", hermano bastardo de este filme, las luchas internas entre los judíos y la dispersión y sorpresa que les impidió rebelarse, también se muestran como un hecho importante de ese momento histórico), que camina por terrenos de extrema frialdad, con un ritmo a veces un poco desigual, aunque siempre dentro de una puesta en escena de alta precisión; es realmente en su segunda mitad cuando el filme se salta sus limitaciones, que amenazaban con dejar un sabor a demasiado poco en el espectador, para zambullirse en los complejos terrenos de la metáfora humana y de las apariciones casi milagrosas, en medio de un ambiente de duermevela en el que navegamos con su protagonista, donde la poesía y la belleza pueden surgir en cualquier rincón y en donde la riqueza narrativa que posee Polanski necesita ser demostrada, se despliega en toda su magnificencia (véase toda la estancia del pianista en el apartamento y la utilización de los sonidos en off y de las imágenes robadas del exterior, siempre filmadas escrupulosamente desde el punto de vista de Brody). Esta desigualdad existente entre las dos partes es uno de los elementos que juegan a favor del filme a la altura de las más grandes obras de la década pasada, aunque sin duda no evita que sea una cinta que nadie con un mínimo de sensibilidad y de incontenible hambruna cinéfila debería perderse (ver al maestro en acción es un privilegio que nos ofrece en los últimos años con cuenta gotas).

Cada miembro del magnífico reparto, la dirección de fotografía, la música que interpreta el pianista y la original del filme, así como todo el departamento de arte son dignos de mención y acaban por consolidar esa búsqueda de la obra de arte total emprendida aquí por Roman Polanski. La incomprensión que ha sufrido el filme por parte de algunos críticos especializados desde su presentación en el Festival de Cannes 2002 (donde recordemos se alzó con la Palma de Oro), es una injusticia que el tiempo se encargará de colocar en su lugar. Lo más extraño lo encontramos en el hecho de que se le reprochara allí a Polanski el alejarse de su estilo surrealista y de su humor complejo, cuando esto es indudablemente una licencia artística completamente válida para abordar este tema y tampoco es la primera vez que este cineasta la lleva a cabo (de hecho el tono del filme recuerda, salvando las distancias, a otros trabajos como "Frenético"). Así que, una película imprescindible. Recomendada para todos aquellos que no logran entender qué es un Holocausto y qué no es un Holocausto, y para todos aquellos que aún no han entendido por qué los judíos no van a permanecer inmóviles, esperando a que alguien haga algo, a que alguien les socorra (cosa que nunca pasa), mientras haya quien jura "echarlos al mar", nunca más.

“Un cinta histórica y conmovedora, de estremecedora sinceridad y hermosura"

domingo, 28 de febrero de 2010

¿Qué Pasó Ayer?

Director: Todd Phillips
Año: 2009 País: EE.UU. Género: Comedia Puntaje: 08/10
Interpretes: Bradley Cooper, Ed Helms, Zach Galifianakis, Justin Bartha, Heather Graham, Sasha Barrese y Mike Tyson

"¿Qué Pasó Ayer?" es la historia de una desenfrenada despedida de soltero en la que el futuro novio y sus tres amigos, dos días antes de la boda, se montan en una alocada juerga en Las Vegas. Doug (Justin Bartha) viaja a la ciudad del juego con sus mejores amigos Phil (Bradley Cooper) y Stu (Ed Helms), así como su futuro cuñado Alan (Zach Galifianakis). La juerga es de campeonato y como es de esperar, a la mañana siguiente tienen una resaca monumental. El problema es que, siendo incapaces de recordar nada de lo ocurrido durante la noche anterior, se encuentran con que el prometido ha desaparecido, topándose en su lugar con otras dos sorpresas en la suite del hotel: un tigre y un bebé. Las despedidas de soltero son uno de los temas habituales en comedias gamberras y excesivas que hacen humor de la "masculinidad". No hay más que recordar a Tom Hanks allá por los 80... Es difícil pensar en una de esas reuniones de amigotes con peores consecuencias que las de “Despedida de Soltero”, y quizás sea por eso que la película de Todd Philips no se centra tanto en las burradas que los protagonistas han hecho en la última juerga de soltero de uno de ellos, sino en saber cómo lograrán salir de un monumental lío y, sobre todo, en la estrategia narrativa en sí.

Todd Philips nos muestra la mañana después: una habitación de hotel destrozada, una muñeca inflable en la bañera, gallinas correteando a su aire, un tigre en el baño, un bebé de más y un diente de menos. ¿Qué es lo que ha pasado? El espectador sabe lo mismo que los protagonistas, que no recuerdan nada de nada y, para colmo, falta el novio. A partir de ahí, los tres que quedan emprenden una suerte de investigación para averiguar no sólo lo que ha ocurrido, sino alguna pista que les lleve a encontrar a Doug y poder llegar a tiempo para la boda. De esta falta de información, y de los sorprendentes descubrimientos que los tres amigos vayan haciendo sale la clave de la gracia de esta película, en la que el espectador está en vilo tratando de encontrar una justificación a lo que ha visto en esa habitación post-noche loca. Las confusiones y los acontecimientos inesperados marcarán la pauta de esta divertida comedia en la que, por extraño que parezca, hay escasez de elementos machistas y vulgares. Todo un logro. Porque el filme de Todd Philips aporta la novedad, y esto lo distingue de otras comedias, de que los protagonistas deben descubrir qué diablos hicieron la noche anterior, y deshacer sus pasos para encontrar a su amigo. Phillips evita así los tópicos del género y nos los reserva para sus tronchantes títulos de crédito, que son aquellos que desvelan definitivamente qué diablos hizo esta cuadrilla durante la despedida de soltero.

Durante "¿Qué Pasó Ayer?", y salvando las distancias, me vinieron a la cabeza diversos títulos, desde la memorable “Después de la Hora” de Scorsese hasta “Cuando Llega la Noche”, de John Landis, debido a que el filme se molesta en otorgar cierto protagonismo y personalidad al lugar donde se desarrolla el embrollo, Las Vegas, y a obligar al espectador a conocer una serie de personajes secundarios con tanta fuerza como los protagonistas (ese mafioso chino). Todo esto es mucho más importante en "¿Qué Pasó Ayer?" que la ilustración de la publicitada juerga, tratada aquí como un enorme paréntesis fuera de cuadro. Además es obligatorio encariñarse con sus personajes, cosa bastante fácil en este caso ya que éstos destilan química y su particular código de conducta está bien diferenciado en cada uno de ellos: es a partir de sus diferentes caracteres de donde se generan la mayoría de las situaciones de comedia. "¿Qué Pasó Ayer?", está muy por encima de lo que se podría esperar de ella. Contiene una realización hábil e inteligente que, a pesar de jugar con los tópicos de comedia de gamberradas, logra mantener el tono firme en todo momento y depara una película muy divertida que acaba reflexionando sobre la rebelión contra la madurez. Con esa premisa, la de intentar reconstruir las horas de una fiesta que se antojaba trepidante y que acaba siendo la crónica a golpe de flasback de un desfase extremo que tendrá duras consecuencias.

Previsible en cuanto a su premisa, la habilidad de Todd Phillips hace que la película camine con firmeza por cada escena, se recree en algunos gags verdaderamente hilarantes (inolvidable cameo de Mike Tyson) y mantenga la diversión sustentada en el manejo de la intriga. Plantea "¿Qué Pasó Ayer?" el juego de la reconstrucción de una noche de juerga para implicar aún más al espectador y que no se limite a esperar con ansias una nuevo momento descacharrante con el que reírse, sino que intente llenar el enorme vacío con el que sus protagonistas se encuentran en su memoria. Este planteamiento es convincente, incluso cuando el relato deja el flashback para continuar con su esperada resolución, y todo ello a pesar de jugar con los tópicos, de incluir los convencionalismos propios de una comedia de estas características. Intenta una especie de reflexión, inteligente y cómica, sobre la consciencia de la madurez alcanzada. Los cuatro personajes protagonistas (a excepción de uno de ellos, inclasificable en todos los sentidos) no son adolescentes o jovenzuelos cuya responsabilidad está eximida en una noche de locura en Las Vegas, sino cuatro treinteañeros, con trabajo y esposa o novia formales que recuerdan con nostalgia otros tiempos de fiesta desenfrenada. Ahora, tienen que hacer malabares para encontrarse sin sus respectivas ataduras, incluido el ahorro de dinero para pasar una despedida de soltero inolvidable.

Y no digamos la de resolver los entuertos para llegar a tiempo a la boda, en una conclusión previsible, pero que aún así brinda algún momento de rebeldía irreverente digno de mención. Otro de los aspectos más positivos del filme, y la base sobre la que sustenta su buen funcionamiento son sus actores protagonistas. A priori, y como el título en español mencionaba, parecen nombres no demasiado conocidos, sin relumbrón y sin embargo, su apuesta es firme, convincente y realizan un trabajo excelente. Cada uno se ajusta perfectamente a su estereotipo: el novio apuesto (Justin Bartha) que quiere sentar la cabeza con una bella novia de una familia bien; Bradley Cooper interpreta el profesor, esposo y padre que se muestra el amigo fiel y que capitanea la expedición, y Ed Helms que se mete en la piel del más responsable (en apariencia) con novia formal y exigente más allá de lo tolerable, que tiene que usar la mentira para poder participar. El cuarto es el gran descubrimiento del filme: el desconocido Zach Galifianakis que borda su papel como el hermano de la novia, un tipo extravagante, algo pirado, que funciona en otra dimensión bajo su particular visión, entre perversa, disparatada e inconsciente, pero que intenta integrase e involucrarse (a su modo) como uno más en el heterogéneo grupo de tres amigos.

La química entre los actores funciona perfectamente, convirtiendo a "¿Qué Pasó Ayer?" en la más exitosa del año pasado, y eso que la aparición de la exuberante Heather Graham (la estrella con más cartel del reparto) que se mostraba como un reclamo más, se queda en un mero papel secundario casi insustancial. estas entonces no sólo están basados en el exabrupto, la exhibición de atributos femeninos, al contrario, el filme se muestra discreto en este aspecto y más bien se concentra en ver actuar y reaccionar a su trío principal, por supuesto muy bien interpretado. En definitiva es una película de juergas nocturnas, líos sexuales y amigotes que dignifica el género de aquí a unos cuantos años vista, y se puede ver sin desconectar la neurona. Su enorme éxito en los EEUU ni extraña ni duele en absoluto. Es agradable y divertida, que se abrirá un hueco por derecho en una cartelera muy pobre, y de esas que a nadie le importaría repasar dentro de un tiempo. Ojala hicieran más comedias así. Aquí el trailer que en España se llamo "Resacón en las Vegas".



“Una buena comedia, excéntrica y refrescante”

viernes, 26 de febrero de 2010

Nuestro Primer Año en la Blogosfera

Este humilde blog cinéfilo cumple un año de vida, todo empezó como jugando queriendo expresar a los demás las mejores películas que había visto, pero a medida que fue pasando el tiempo iba profundizando más en cada filme que posteaba, así poco a poco el blog se hizo un pequeño espacio en el mundo de la “Comunidad Cinéfila” y eso me llena de alegría, el saber que el trabajo que hacemos nosotros tenga algún resultado, pero también quiero admitir que este blog me ayudo conocer otros sitios webs interesantes y maravillosos, además de conocer a otros (as) bloggers que se interesan por el séptimo arte.

El quien escribe empezó solo esta aventura virtual, hasta que a finales del año pasado, en septiembre para serles mas exacto conocí a una joven y hermosa “chiquilla” llamada Mabel, una cinéfila empedernida, la invite que escribiera en el blog, ella acepto, no se como lo hizo porque ni si quiera me conocía muy bien que digamos, así con esta maravillosa incorporación al blog, este tomo otra altura que me quedo pasmado, me siento muy orgulloso de ella, porque poco a poco se hizo un espacio en el blog y ahora es una de la piezas claves de este, sigan visitando el blog porque ella tiene más sorpresas para todos, como siempre seguirá deleitándonos con lo mejor del cine europeo y oriental.

Otra columna fundamental en este blog es la presencia de Adrián, uno de mis mejores, además tiene más experiencia que mi, ya que el a colaborado anteriormente en varios blogs cinéfilos, él se incorporo a EL PELÍFOMANO el diciembre del año pasado, desde entonces nos presenta los mejores filmes independientes. Es un gran colaborador y sus críticas son directas y acertadas. Actualmente puedo decir que no estoy solo en esta aventura, tengo el respaldo de estos dos grandes bloggers y esperemos que nos sigan apoyando, para así darles lo mejor de nosotros hacia ustedes.

Como habrán visto hemos cambiado de formato, espero que sea de su agrado y además esto lo hicimos para celebrar a lo grande nuestro primer aniversario, esto no queda hay no más, para esta nueva temporada le tenemos muchas sorpresas, una de ellas se titula GENIOS DEL CINE, en esta propuesta haremos videoreportajes a los más grandes cineastas de nuestra actualidad cinematográfica, pero tiempo al tiempo, mientras esta idea madura, Mabel nos dará a conocer la obra cinematográfica de grandes cineastas como Ang Lee y Michael Haneke, Adrián seguirá con Wes Anderson y su estudio a la Nueva Comedia Americana (NCA) y el quien escribe seguirá repasando la filmografía de Martin Scorsese, Clint Eastwood y Kubrick, más adelante le tengo sorpresas como Steven Spielberg y Francis Ford Coppola.

Gracias a todos nuestros seguidores, que son lo más importante en este blog y ¡Qué Viva el Cine!

jueves, 25 de febrero de 2010

El Hombre de Honkytonk

Director: Clint Eastwood
Año: 1982 País: EE.UU. Género: Drama/Musical Puntaje: 10/10
Interpretes: Clint Eastwood, Kyle Eastwood, John McIntire, Verna Bloom, Alexa Kenin y Matt Clark

Red Stovall (Clint Eastwood) es un cantante de country que se enfrenta a la falta de dinero y a su dependencia del alcohol cantando en bares polvorientos durante la Gran Depresión. Su única pasión es el sueño que le mantiene vivo: tocar con el legendario Grand Ole Opry. Así comienza un emotivo viaje junto a su sobrino (el debut cinematográfico de su hijo Kyle Eastwood) que le llevará de Oklahoma a una audición que le han concedido en Nashville. “El Hombre de Honkytonk” es un filme tan infravalorado como crucial en la carrera de Eastwood. Estoy seguro de que no existirian "Los Imperdonables" o "Golpes del Destino" si el bueno de Clint no hubiese rodado esta obra. Lo hizo en el año 1982, cuando todavía no se había ganado el favor de la crítica. Si la hubiese hecho en el 2004 hubiese ganado el Oscar. Incluso la película fracasó en taquilla, tanto, que Warner Bros obligó a Eastwood a rodar una nueva parte de las aventuras del exitoso Harry Callahan para compensar las perdidas. Sin embargo, el tiempo lo pone todo en su lugar, y gracias a este autocomplaciente filme, Eastwood encontró las verdaderas constantes de su cine, que hoy en día tanto se ensalzan, con premios y alabanzas.

“El Hombre de Honkytonk” cuenta, en forma de road movie, el viaje que emprenden tres personajes con muy diferentes objetivos, aunque con el fin común de alcanzar el "Grand Ole Opry", local de actuaciones musicales donde Red Stovall desea mostrar su música con su inseparable guitarra. El western, la música, el contraste entre el crepúsculo y lo iniciático, las relaciones humanas, la enfermedad. Todas características del cine de Eastwood y todas resumidas en “El Hombre de Honkytonk”. Aunque la cinta está ambientada en la Gran Depresión americana, poco se ve del sufrimiento de las familias (apenas en los primeros compases de la cinta, personificada en la familia de Eastwood) y mucho de la ilusión yankee. Eastwood echó mano de su hijo Kyle y lo hizo debutar en este filme, donde interpretaba a su sobrino Whit. A través de la relación que se crea entre ambos durante el recorrido por la profunda America, encontramos una deliciosa narración de fuertes personalidades, una incipiente, la otra decreciente, una ilusionada, la otra abandonada. En un momento de la película, el joven observa desde la puerta de un local la actuación de su tío, mientras puntea con las manos una guitarra imaginaria. En esos instantes, la cámara filma a Eastwood desde lejos, como dando a entender que el cantante de country que interpreta toma los rasgos de un personaje mítico a ojos del muchacho, de un ser que toma los caminos menos transitados y que tiene una visión del mundo que le permite transformar la realidad a su alrededor. Y eso es lo que sucederá con el chico en las dos siguientes interpretaciones, como si su tío lo acunara con su música mientras pierde la virginidad con una prostituta, o mientras se droga por primera vez en un garito de negros donde su tío interpreta un blues.

Un bonito y entrañable viaje en el cual Whit va abandonando la ingenuidad. En definitiva el encuentro con la madurez repentina. Esto contrasta con ese desesperanzado personaje que compone Clint, idoneo y cómodo en este, a posteriori, recurrente papel. Porque al fin y al cabo, Clint siempre ha sido maduro, y siempre ha dado lecciones a regañadientes ya sea durante la Gran Depresión, en el oeste, o sobre boxeo. Los personajes que interpreta Eastwood han vivido excesos y los excesos muchas veces se pagan con enfermedades. Y esa es otra constante en el cine del director americano, el transcurrir de la narración durante ese aumento de la enfermedad. Lo vemos en Red Stovall con su tuberculosis, y lo vimos por poner un solo ejemplo en "Deuda de Sangre", esta vez sufriendo del corazón. El film se convierte entonces en una reflexión sobre la trascendencia, y quizás sobre la diferencia entre lo creado y lo vivido, entre lo imaginado y lo supuesto, que emparienta la cinta con otros trabajos de su director, dotando a las imágenes de un tono otoñal, de una cierta sensación de decadencia, que transforma la película en una suerte de testamento emocional, como un primer intento de Eastwood de transitar los caminos más personales (y por ende, menos concurridos) de su filmografía.

Lo más valioso de esta cinta sea quizás esa ausencia de pretensiones (al menos, a primera vista) para una historia que se supone previsible y que narra el proceso de maduración de un chiquillo, que acompaña a su tío cantante de country en su camino a Nashville. Eso lo convierte quizás en una película hermosa, aunque no exista en sus imágenes ninguna intención de preciosismo vacío, y sí ciertas dosis de ironía para tratar sutilmente los temas de la América profunda, como la tierra, el éxito o el viaje al Oeste, que en manos de Eastwood intentan recuperar cierto aire fordiano, cierta necesidad de plasmar vivencias que vayan más allá de la reflexión y que aúnen sentimientos (como el compañero de viaje o la transmisión generacional) que en abstracto acabarían siendo estereotipos fácilmente identificables. El principio del filme parece entonces una declaración de intenciones, cuando en mitad de una tormenta de arena aparece el coche del protagonista, totalmente borracho, e irrumpe en la vida de su familia de campesinos; y seguidamente, cuando lo introducen en casa, su sobrino entra en el coche, se pone al volante, y empieza a imaginar el viaje que lo conducirá lejos, primero a Tennessee y luego, al concluir la historia, quizás a California, buscando la tierra prometida que su tío encontrará tras la muerte. “El Hombre de Honkytonk” recupera, por lo tanto, un clasicismo narrativo, presente en la novela en cual se basa, pero lo despoja de tensiones dramáticas que la llevarían al sentimentalismo, y lo hace bajo los auspicios genéricos de una road movie, lo que convierte la historia no tanto en una enseñanza vital como en la búsqueda de un destino concreto: el que un artista marca como propio.

“El Hombre de Honkytonk” es, como pudiera serlo "Bird", una película eminentemente musical. Eastwood, amante del jazz y del blues, canta esta vez country, acompañado de su guitarra o su piano. La película muestra en todo momento a la música como la esperanza, como una amante fiel, como la única capaz de acompañar a Red Stovall sin preguntarle por su salud o sus correrías. La única en poder expresar mas de un solo sentimiento en Stovall. Memorable es el momento en que Red graba "Honkytonk Man" casi moribundo, casi sin voz. Memorable utilización de la música dentro del cine. La carrera como director de Clint Eastwood es muy extensa, y aunque decía Jean Renoir que un director de cine está siempre haciendo la misma película, eso no significa que Eastwood caiga siempre en la reiteración, sino todo lo contrario, busca formas nuevas de adentrarse en aquello que le conmueve y en intentar con ello conmover al espectador. El hecho de que lo consiga o no es harina de otro costal, aunque en pocas ocasiones como en “El Hombre de Honkytonk” el Eastwood como director busca identificarse directamente con los sentimientos del espectador, forzarle a ver una historia de perdedores bajo el paradigma clásico de los filmes de aprendizaje o buscar un ritmo pausado (casi sin clímax) como forma de evitar una falsa ilusión de trascendencia.

Entre carretera, música y relación tio-sobrino, el Eastwood director, aun tiene tiempo para garantizar algunos suaves momentos cómicos y dar protagonismo a peculiares personajes secundarios, como, el deudor de Stovall, esa insoportable chica (Alexa Kenin) que se entromete en el viaje o el abuelo, tercer viajero en cuestión, con una única ilusión, la de alcanzar Tennesse para poder morir tranquilo. Este personaje esta interpretado por John McIntire, mítico actor de películas como "Tierras Lejanas" o "Dos Cabalgan Juntos", en lo que es un nuevo guiño de Eastwood a uno de sus géneros preferidos, el western. Las miradas de Clint y Kyle Eastwood y de McIntire, son impagables, como impagable es esta película, que como digo, es la semilla de la más que gratificante carrera en la dirección de Eastwood. Una cinta emotiva, para poner en su debido sitio, en el sitio que se merece, ya que en su estreno, nadie supo apreciarla como un gran clásico instantáneo.

“Una de las películas más personales de Eastwood"

martes, 23 de febrero de 2010

El Viaje de Chihiro

Director: Hayao Miyazaki
Año: 2001 País: Japón Género: Animación Puntaje: 10/10
Productora: Studio Ghibli / Tokuma Shoten / Dentsu / Walt Disney Pictures

Chihiro es una niña de 10 años que viaja en coche con sus padres. Se detienen delante de un túnel, y al atravesarlo llegan a un mundo donde pasan cosas extrañas. En este universo no hay lugar para los humanos, sólo existen dioses de primera y segunda clase. Cuando descubre que padres han sido convertidos en cerdos, Chihiro se encontrará sola y asustada. Cuando una se halla ante una de esas películas excepcionales que sólo se dan en contadas ocasiones, como un obsequio supremo caído del cielo y ésta es, indudablemente, una de ellas, se encuentra con que las palabras se le quedan cortas, o se han usado tan indiscriminadamente con anterioridad, que se ha devaluado su pleno significado y ahora resultan inservibles para trasladar al lenguaje escrito la extraordinaria impresión que me ha causado este prodigioso filme. El veterano maestro japonés Hayao Miyazaki, que tiene a sus espaldas trabajos tan ilustres como "La Princesa Mononoke", "Porco Rosso", "Nausicaä del Valle del Viento" o "Mi Vecino Totoro", se ha superado a sí mismo llevando hasta límites inimaginables su visión inquieta, su gran pericia en el oficio y su inagotable capacidad inventiva. Ha puesto todo su corazón en ello y nos lo ha robado a nosotros, sin derecho ni solicitud por nuestra parte de devolución.

Y es que "El Viaje de Chihiro" es una deslumbrante epopeya en la que una acostumbrarse. Sus padres, transformados en cerdos por invadir un recinto exclusivo de dioses y espíritus, no la podrán ayudar a superar un reto que desborda cualquier irrealidad que alguna vez ella haya podido dibujar en su imaginación. Como si fuera un hermano gemelo de la protagonista, el espectador va introduciéndose poco a poco en la peculiar casa de baños que forzosamente se convertirá en el nuevo hogar de la pequeña. Ante nuestros ojos y ante los de ella irán desfilando una serie de estrafalarios personajes que provocarán un sinfín de situaciones; el llanto, la amistad, el amor, la comedia, todos ellos elementos que se suceden a través de hermosas estampas que, sin prisas, se cobijan bajo una trama de una compleja sencillez. Semejante oxímoron se explica porque, a pesar de la densidad de algunas de las propuestas planteadas (las historias de fantasmas o la importancia de lo espiritual en nuestras vidas no son temas que abunden en el cine actual), la naturalidad es la característica que mejor describiría el desarrollo de un argumento como el de "El Viaje de Chihiro".

Sin necesidad de demasiadas explicaciones, uno enseguida comprende el sentido (o mejor dicho, los sentidos) que Hayao Miyazaki ha querido darle a su obra. El sentimiento de desprotección que ahoga a Chihiro al sabérselas sin el cálido amparo de sus padres, pronto se disipa cuando la pequeña Sen va ganándose el respeto y el cariño de los seres que pueblan la casa de baños. La tolerancia, cualidad que ya desprendía el anterior trabajo del director, "La Princesa Mononoke", se descubre con fuerza según avanza la cinta. El afán materialista de los trabajadores de Yubaba, que se vuelven codiciosos cuando ven un poco de oro, se derrumba ante lo verdaderamente importante: el amor, un afecto que, por ejemplo, será el que en verdad logre apaciguar la ansiedad del dios Sin Cara. Y la amistad, representada primordialmente en el personaje de Haku, único habitante del lugar dispuesto a socorrer a Chihiro en su nostalgia, encontrará una inesperada correspondencia cuando la niña ponga todo su empeño en salvar la vida de aquél que supo comprenderla desde un principio. Es difícil, pues, describir las bondades de una película tan peculiar como ésta. Puede que para algunos no tenga ni pies ni cabeza, y puede que otros simplemente la alaben porque ha ganado un importante premio en un reconocido festival (seguro que los mismos que despreciaron a "La Princesa Mononoke" ahora se rinden ante las virtudes de "El Viaje de Chihiro"). Sin embargo, les aseguro que aquellos que en verdad deseen ser cautivados por la belleza de una purificada utopía o por un afectivo cuento repleto de las más variadas emociones, saldrán fascinados del cine tras ver esta película.

El poder de fascinación que se transmite durante la proyección por su exotismo, por su contraste con lo que es el cine de animación que vemos habitualmente, por su capacidad de dejarnos boquiabiertos a cada cambio de escenario, pero no por un conocimiento profundo de lo que estamos presenciando. Y así, resulta impensable vaticinar para el público un éxito como el conseguido en su país. Por su extensión de dos horas, por obviar explicaciones absolutamente necesarias para el público occidental, la película tiene un aura críptica, un hechizo embriagador que la convierte en un potencial clásico del cine de culto, en una fantasía insólita y seductora, en una producción brillante y llena del mejor talento de Miyazaki. Un viaje psicotrópico al precio de una entrada de cine y sin efectos secundarios que se convierte, con potentísima personalidad, en una muy recomendable opción cinematográfica. La complejidad temática de esta historia se basa en el excelente desarrollo del horror fantástico del que goza la película de Miyazaki, pero la desbordante imaginación de este gurú de la animación japonesa recorre pasajes oníricos que van desde la alucinación paradisíaca y deslumbrante a las más retorcidas situaciones dignas de la pesadilla kafkiana, por buscar una aproximación cercana. La diversidad de escenarios llenos de matices y referencias religiosas, la cantidad de personajes imaginarios con personalidad propia, el desarrollo de toda una forma de vida y una mitología de marcados rasgos orientales.

Bien es cierto que el filme con el que guarda más similitudes es "Mi vecino Totoro", tanto en su argumento (de hecho esta cinta parece el reverso futuro y desencantado de aquélla), como en su forma de abordar el proceso de conocimiento, madurez y adquisición de valores entre los jóvenes (sector en el que hoy en día cualquier valor heredado anda más de capa caída que nunca). Como insiste en señalar el propio Miyazaki, él hace películas para niños que, no por casualidad, se convierten en la mejor lección y la más hermosa válvula de escape hacia los terrenos puros e ingobernables de la fantasía para el público adulto. Además debo destacar la hermosa y dulce banda sonora de Joe Hi-saishi es en parte responsable de la sensación de recogimiento que nos invade al visionar "El Viaje de Chihiro". Fiel a su estilo (su música evoca a otras de sus composiciones pasadas), el autor japonés subraya con brillantez algunos de los mejores momentos del filme (la presentación de Chihiro y sus padres, la llegada a la casa de baños, los primeros trabajos que ha de realizar la niña). Es una partitura que, aunque en puntuales ocasiones sobrepasa a las imágenes, durante la mayor parte del metraje las acompaña con perfección, tal y como se puede comprobar en el precioso poema visual que contemplamos cuando Sen y sus nuevos amigos cogen el tren que los llevará hasta el hogar de Zeniba, la hermana gemela de Yubaba. La melancolía de este pasaje apenas puede ser descrita con palabras, es algo que hay que ver y escuchar.

Sería absurdo descubrir aquí las maravillas de Hayao Miyazaki, pues "El viaje de Chihiro" no es más que la consolidación de una obra cinematográfica extraordinariamente sólida y de gran valor humanístico, como pocas veces se ha dado en la historia del cine. De hecho, para buscar referentes a su altura moral, con una mirada limpia capaz de cautivar a todas las audiencias, habría que citar a artistas como Charles Chaplin o Yasujiro Ozu, sin olvidar la épica y la lírica de Kenji Mizoguchi y de Jean Renoir, que se rastrea con facilidad también en el cine de este autor: palabras mayores. Pero no sería justo entrar en comparaciones, pues si en algo destaca Miyazaki es por su envidiable rigor artístico, personalidad y sentido del compromiso con el medio en el que trabaja y con su audiencia. En definitiva, viajar con Chihiro significa perderse en los frondosos bosques de magia que Miyazaki mece con su cálido aliento, nadar en las límpidas aguas que se mueven al compás de las olas que animan los artistas de Ghibli o volar en libertad junto a las notas de un piano con las que Hisaishi cubre los cielos de una tierra de ensoñación. Es una extraña experiencia que nos recuerda cuán importante es la imaginación humana para saciar nuestras inquietudes más quiméricas, aquellas que desgraciadamente muchos han dejado atrás, allá en su lejana infancia.

"Belleza, poder, misterio y por encima de todo, corazón"

Aviso Parroquial: Función medianoche de "Alicia en el País de las Maravillas"

Este año la página En Cinta anuncia a toda la comunidad cinéfila el primer gran evento del año. Se trata de una de las películas que más expectativa genera para este 2010, de la mano de un director único, de sensibilidad bizarra y basada en un clásico de la literatura universal: Alicia en el País de las Maravillas, del siempre visionario Tim Burton. Luego de largas coordinaciones con UVK Multicines y Disney, estan preparando un evento especial para la primera función de la película en Lima, una función a medianoche para todos los fanáticos.

El evento se realizaría en el UVK Larcomar, el día miércoles 3 de marzo a partir de las 8pm, empezando la película a las 11:59pm. Estamos preparando algunos sorteos, premios y sorpresas, así que esperamos que estén presentes. Para la presentación de la película UVK nos ha concedido dos salas:

SALA 5: Versión 3D, copia subtitulada. (OJO: Los asientos serán numerados, plano AQUÍ). Precio: 28 soles.
SALA 9: Versión 2D, copia doblada. Precio: 20 soles.

La venta de entradas empezará este sábado 13 de febrero y estarán cambiando sus puntos de venta día a día. Pero pueden ir reservando sus entradas mandando un mail a eventos@encinta.net con su nombre, un documento que los identifique (o de un padre o apoderado) y la cantidad de entradas que desean reservar, especificando la sala que desean. Por si acaso, no reservaran asientos, sólo entradas: los asientos (en el caso de la Sala 5) se escogerán en el momento que se haga el pago. Cuando manden su mail, les llegará durante el día un mail de confirmación en el que se les especificará los lugares de venta en los que estaran durante la semana desde el sábado. Las reservas sólo durarán hasta el día viernes 19 de febrero. Luego de esa fecha, las reservas que no hayan sido pagadas procederán a ser vendidas. Los organizadores esperan su asistencia y que el evento que planean sea de su agrado.

domingo, 21 de febrero de 2010

Donde Viven los Monstruos

Director: Spike Jonze
Año: 2009 País: EE.UU. Género: Fantasía/Drama Puntaje: 09/10
Interpretes: Max Records, Catherine Keener, Pepita Emmerichs, Mark Ruffalo, Max Pfeifer y Madeleine Greaves

La película, basada en el cuento de Maurice Sendak, cuenta la historia de Max (Max Records), un niño travieso y sensible que se siente incomprendido en casa y se escapa a un lugar fantasioso. Max aterriza en una isla donde se encuentra con misteriosas criaturas extrañas cuyas emociones son tan salvajes e imprevisibles como sus acciones. Hay un monstruo que se siente solo “Carol”, otro monstruo cariñoso y amable “KW”, otro malvado y que le gusta hacer de rabiar a los demás “Judith”, todos ellos representaciones de los miedos y las conductas más naturales de todos lo seres humanos, y no sólo de los niños. De ahí que la película no sea para nada una producción infantil ya que a pocos niños puede gustarle, incluso diría que les podría dar miedo. Spike Jonze ha vuelto a sorprendernos. Después de dos extrañas y estupendas películas del calibre de “¿Quieres ser John Malkovich?” y “El Ladrón de Orquídeas”, historias cocinadas en la mente genial y desquiciada de un guionista llamado Charlie Kauffman, que esta vez no firma el guión.

Cine e infancia siempre han ido bien cogidos de la mano. Utilizamos el término película familiar como eufemismo para arrastrar a los más pequeños de la casa a ver una historia que les transporte a algún lugar lejano o les haga soñar. Eso sí, pocas películas han intentado tratar la dulce etapa de la niñez de manera realista y, al mismo tiempo, con un gran alarde de imaginación. Precisamente con lo nuevo del inclasificable Spike Jonze, "Donde Viven los Monstruos", nos topamos con un ejemplo tan perfecto como particular de esta situación. Perfecto, porque sabe representar como nadie lo que pasa por la mente de cualquier niño con sobredosis de imaginación. Y particular porque el film no está destinado, en ningún momento, a los más pequeños de la casa. No está destinado a ellos por una simple razón: es una película tremendamente realista con los sentimientos humanos. Es, de alguna manera, un retrato monstruosamente cercano de la imaginación, una historia cruda de miedos reales, decepciones, alegrías. Todo un conjunto de emociones que pasan por la mente del protagonista. Jonze utiliza su brillante dirección para plasmar los monstruos (o cosas salvajes) que pululan por la isla mental de su protagonista.

Ellos también tienen miedo, también están inseguros, también dudan... son la ayuda que necesita Max (el niño actor, que lleva todo el peso de la película) para afrontar lo que se le viene encima. En ese sentido, el guión funciona a altos niveles. Las conversaciones banales e infantiles entre el niño y los monstruos son, en ocasiones, de una profundidad filosófica y, porque no, psicológica envidiable. Atención al momento en el que hablan de la muerte del sol o el sentimiento anárquico de Claire, claro referente a la personalidad hiperactiva del niño protagonista. Por otra parte, la dirección no solo acompaña el guión, sino que lo lleva más allá del cuento profundo. Spike Jonze firma uno de sus mejores trabajos de planificación, dirección y técnica. Los monstruos están ahí en todo momento, la representación de la salvajez es alucinante y la música, aunque sobre explotada por momentos, acompaña las imágenes con envidiable perfección. Es una cinta rara como nos tiene acostumbrado Jonze, el filme tiene un equilibrio perfectamente inestable entre lo racional y lo onírico, entre la mirada del adulto y las reacciones primarias, espontáneas y caprichosas de la mente infantil, lo que llena la pantalla de gozosos momentos.

Adaptar el clásico de Sendak en forma de largometraje de imagen real no es, pues, el juego más fácil que podían inventar Spike Jonze y su coguionista Dave Eggers para prolongar su nostalgia de la inmadurez. Y la película es el extrañísimo, estimulante y arriesgado resultado de una serie de decisiones que, sin duda, no serán del gusto de todos, porque “Donde Viven los Monstruos” se atreve a fundar un territorio inédito para demostrar, entre otras cosas, que otro cine infantil es posible. Por supuesto, el debate acerca de si esto es, realmente, cine para niños ya está abierto, y la única certidumbre es que, por lo menos, el espectador se encuentra ante una lectura extremadamente inteligente y personal de una obra que habla de algo tan delicado como la infancia erigida en zona de aislamiento y la imaginación transformada en jungla con corazón de las tinieblas en su justo centro. Jonze propone una estética desnuda, de cámara en mano oscilando entre lo rabioso y lo contemplativo, y captura el universo imaginario de su protagonista con la melancólica luz de las primeras horas del alba o de la insinuación del crepúsculo. El prólogo doméstico es soberbio (en especial, la escena del flirteo de la madre), pero la película conquista su excepcionalidad al abordar lo fantástico sin recurrir a ningún lugar común.

Los monstruos creados por Jonze junto a la Henson son un fiel reflejo de las criaturas dibujadas por Sendak en su libro, y es de agradecer en una época de cómoda animación digital ese aspecto retro que nos lleva irremediablemente a la gloriosa etapa de la Henson en el cine en los años 80 con películas como “El Cristal Encantado” o “Laberinto”. Pero aparte de su estética, Jonze realiza un increíble trabajo con la personalidad de estos seres, que pueden pasar de ser divertidos y afectuosos con sus juegos salvajes a causar autentico pavor y terror, ya que no son más que monstruos dispuestos a comerse a Max o unos a otros si es necesario o simplemente si les apetece. “Carol” es el eje central de este grupo de monstruos, un claro espejo de lo que es Max, un niño que se niega a crecer y abandonar su inocencia y apacibilidad, y que no duda en cogerse unas buenas rabietas como método para reclamar atención y perseverar sus estatus. El tan cuestionado por el estudio Max Records hace a mi parecer un trabajo excepcional entre tanta criatura, un niño que puede resultar insoportable por momentos e vulnerable al momento siguiente, con un toque de pícaro que parece tener respuesta para todo y al rato convertirse en un niño atemorizado por esos monstruos que parece lo van a destrozar en cuando se de la vuelta.

Spike Jonze asume el reto de hacer un producto infantil con el mismo rigor y riesgo que si fuera una película adulta de carácter indie. El norteamericano utiliza todos sus recursos para poder expresar las travesuras del chico y los juegos de los monstruos, como dije anteriormente hace una magistral uso de las preciosas y saltarinas canciones de Karen O, y consigue que Max Records esté increíblemente bien en su papel de niño travieso y algo salvaje. Posiblemente pensaban que esto podría gustar a los niños, pero no creo que lo hayan conseguido. Quizá, entre otras cosas, porque “Donde Viven los Monstruos”, a diferencia del cuento en el que se inspira, es un relato para aquellos que ya pasaron la niñez y la adolescencia. Es una cinta sobre el drama de hacerse mayores y dejar esa arcadia perdida que es la infancia. En definitiva, la nueva película de Jonze es un filme que, aunque vendido como cine para los más pequeños, interpela a aquel enano que lucha por vivir en nuestro interior cuando nos hacemos mayores. Eso sí, siempre que sea indie y cinéfilo. Como me gusta.

"Una bella y auto-indulgente fábula que todo el mundo va a adorar”