miércoles, 13 de abril de 2011

Cabo de Miedo

Director: Martin Scorsese
Año: 1991 País: EE.UU. Género: Thriller/Terror Puntaje: 08/10
Interpretes: Robert De Niro, Jessica Lange, Nick Nolte, Juliette Lewis, Robert Mitchum, Gregory Peck, Joe Don Baker, Illeana Douglas, Fred Dalton Thompson y Martin Balsam


Max Cady (Robert De Niro), un ex-convicto que acaba de salir de prisión tras catorce años de reclusión, busca al que fue su abogado, Sam Bowden (Nick Nolte), para vengarse, pues considera que no se esforzó lo suficiente en su defensa. Cady no tiene mejor idea que ejercer presión sobre la familia de Sam, al transcurso del tiempo esta será cada vez más intensa y peligrosa. Concluido el rodaje de “Buenos Muchachos” (1990), a Scorsese se le ofreció la posibilidad de filmar un ambicioso proyecto que había pasado por las manos de Steven Spielberg, sobre una novela de Thomas Keneally, titulada “El Arca de Schindler”. Así mismo, Spielberg planeaba rodar en pocos meses un comercial remake de “El Cabo del Terror” (1962). Scorsese sentía el proyecto que tenia entre manos le era muy querido a su amigo Spielberg, y renunció a él, proponiendo un intercambio de proyectos. Como todos sabemos, “La Lista de Schindler” (1993) le proporcionó al Rey Midas de Hollywood su primer Oscar como director y un sinfín de parabienes críticos. Un tiempo antes, Scorsese estrenaría este nuevo encargo, el último antes de encadenar una trilogía de proyectos personales. La película no te deja un minuto de respiro, es intrigante a más no poder, tiene suspense, una genial banda sonora que pone los pelos de punta y nos hace incluso tener miedo de un soberbio Max Cady (Que creo que pudo ser mejor), un hombre que no se detiene ante nadie y ante nada.


De la floja y muy envejecida película de J. Lee Thompson filmada a los inicios de la década de los 60s, Scorsese ideó con su “Cabo de Miedo” una versión mucho más abstracta e interesante, que, sin embargo, hay que situar bastante por debajo, en inspiración y ejecución, respecto a las películas que la rodean, las anteriores y las posteriores. Este relato de venganza y angustia, basado originalmente en una novela de John D. MacDonald, podría haber caminado al lado de la inigualable “Taxi Driver” (1976) en lo que tiene de retrato de una obsesión enfermiza por parte de un personaje tan extremo, interpretado además por el mismo actor. Pero se queda en un brillantísimo ejercicio de estilo, realizado con la extraordinaria pericia de un director tan experimentado y deslumbrante como Scorsese, que se entrega sin complejos al género del suspense más hiperbolizado. Pero se le escapa el tono a ratos (seguro porque hasta ese entonces no había filmado un Thriller), se percibe que se le escapa el personaje de Cady y el espíritu final de la película. Con todo, estamos hablando de un filme de trazas notables. Sin ser un gran admirador de la película presente, la intención de Scorsese era la de realizar uno de sus viajes estéticos y temporales, con los que recuperar parte de las esencias de un cine ya desaparecido, mezclado con una mirada moderna, en una suerte de equilibrio formal. No todo le sale bien al director en ese esfuerzo.


Los sensacionales títulos de crédito de los míticos Elaine y Saul Bass (quienes diseñarían las secuencias de apertura de cuatro películas consecutivas del director), sumados a la música, a cargo de Elmer Bernstein, versión de la partitura de la primera película, obra del por entonces ya fallecido Bernard Herrmann, buscan situarnos en un cierto espíritu “hitchcockiano” al que accedemos sin demasiado esfuerzo, siempre dependiendo del grado de cinefilia del espectador. A pesar de todo eso nunca sentiremos tan a gusto a Scorsese como lo estuvo Hitchcock en sus obras maestras, pues se le percibe ceñido a unos preceptos que diluyen en parte su personalidad artística. En esta cinta trabajaría con la primorosa fotografía de Freddie Francis, uno de los más legendarios operadores de la segunda mitad del siglo XX y director él mismo de filmes de terror, y con el diseño de producción de Henry Bumstead, no en vano director artístico de la magistral “Vertigo” (1958). Ahora hablando de los papeles encontramos al abogado Sam Bowden, interpretado correctamente por Nick Nolte, quien ya trabajara poco antes para Scorsese en “Lecciones de Vida”, Max Cady, se muestra algunos ratos genial, a ratos insoportable, Robert De Niro interpreta a un seudo “Guasón” en Batman, que lo puede todo, cuando y donde quiere, pero a pesar de eso es un papel muy aplaudible. Cabe destacar los papeles de la mujer de Sam, la diseñadora Leigh Bowden, que esta interpretada con suma elegancia por la gran Jessica Lange, y a su hija Danielle caracterizada por una adolescente, sensual y formidable Juliette Lewis, en su primer papel importante en el cine.


En “Cabo de Miedo” se alterna lo genial con lo vulgar, sin pausa, hacia un salvaje clímax final que conecta visual y temáticamente con los títulos de crédito iníciales, y que propone un alucinante viaje por los infiernos de la culpa, el odio y la sexualidad reprimida. El principal problema, entre varios, de este feroz relato, es que comienza siendo la historia del abogado que no cumplió con su deber, pero termina siendo la historia de un sujeto casi inmortal con el que es imposible identificarse. El drama de Sam Bowden no es el centro de las preocupaciones de Scorsese y del guionista Wesley Strick, y todo acaba desdibujándose, cuando podría haberse convertido en una potente tragedia criminal por la que discurriera una reflexión sobre la burguesía y la familia tradicional, sobre los vaivenes de un matrimonio complejo con una hija difícil. Todo eso queda más o menos expuesto, pero eclipsado por la necesidad de pasmar y conmocionar al espectador con las astucias y malabarismos de un psicópata tatuado con reminiscencias del Robert Mitchum en “La Noche del Cazador” (1955). Un Robert Mitchum que, irónicamente, hizo el papel de Cady en la primera versión, y que al igual que Gregory Peck, que interpretaba al abogado en aquella, hacen sendas apariciones a modo de homenaje en la película de Scorsese.


Lo que no se le puede negar al director italoamericano son algunas secuencias magistrales como: El diabólico diálogo, repleto de segundas intenciones y dobles significados, entre Danielle y Cady en el teatro del instituto, empleado a modo de metáfora acerca del Lobo Feroz y la Caperucita Roja, y que termina con un juego erótico tremendamente perturbador; La escena de sexo de Sam y Leigh, con el posterior despertar de ella entre fundidos sucesivos a amarillo, naranja y rojo, que anticipan el descubrimiento de Cady en el cerco que rodea la casa; La larga secuencia de tensión en la casa con el detective (Joe Don Baker), esperando la llegada de Cady, aunque termine de manera tan frívola y poco conseguida y el poderoso clímax final, algo alargado, en Cape Fear (región y costa de Carolina del Norte), con algunos planos acuáticos realmente hipnóticos y con la inquietante conclusión en las aguas del río. La película tiene muchos matices, críticas al sistema legal así como a las personas que se saltan dicho sistema y que por ello sufren las consecuencias de no actuar conforme a las leyes; el actuar de un abogado que juzgó a su defendido y no le representó debidamente, y otra cosa que pasa desapercibida igual de demoledora: El hecho de que un abogado se aproveche de la ignorancia de sus clientes para defraudarles la confianza. Todos estos elementos se unen dando lugar a un thriller bien hecho pero al que le falta ese estilo que siempre caracteriza al maestro Scorsese.


Pero Cady queda a años luz de Travis Bickle o de otros psicópatas cercanos en cronología como Hannibal Lecter. En algunas secuencias es un villano fascinante y en otras es un matón tosco y sin más interés que el proporcionar sustos fáciles al espectador. Queda poco creíble, y la intensa caracterización de Robert De Niro no siempre funciona como él querría. Su oportuno disfraz de mujer, su plano invertido mientras habla con Danielle o su supuesta inmaterialidad, difuminan bastante su presencia, y terminan convirtiéndole en un malo de opereta, en uno más de los muchos “psycho-killers” que proporcionó el cine durante los años ochenta y noventa. A su lado, Nick Nolte realiza una de sus menos recordadas y más brillantes composiciones, aunque siempre en segundo plano. Filme con momentos muy buenos, y con otros que desmerecen al autor de “Toro Salvaje” (1980). Fue su mayor éxito comercial hasta la fecha, por lo que el esfuerzo no resultó del todo una pérdida de tiempo, por mucho que no pueda considerarse entre sus grandes obras maestras. Parece mentira que sea el mismo director de la insuperable adaptación de Edith Wharton que llevaría a cabo dos años después y que marca el inicio de su plenitud absoluta como artista. A pesar de algunas fallas de que no sea una de las mejores obras de su director “Cabo de Miedo” es una película para disfrutar, de esas que te mantienen hasta el final en el asiento y constantemente quieres saber qué pasará. Recomendable.


“Scorsese entrando al mundo del thiller y el terror”

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