miércoles, 20 de julio de 2011

Adiós a Las Vegas

Director: Mike Figgis
Año: 1995 País: EE.UU. Género: Drama Puntaje: 8.5/10
Interpretes: Nicolas Cage, Elisabeth Shue, Julian Sands, Richard Lewis, Steven Weber, Valeria Golino, Laurie Metcalf, Vincent Ward y Danny Huston



Ben Sanderson (Nicolas Cage) es un guionista alcohólico de Hollywood que acaba de perder su trabajo por sus problemas con la bebida y su bajo rendimiento. Sin amigos y sin familia, Ben quema sus recuerdos y viaja hasta Las Vegas con el propósito de beber hasta morir. Pero en dicha ciudad conoce a Sera (Elisabeth Shue), una atractiva prostituta de la que se queda inmediatamente enamorado, de esta manera estas dos almas perdidas paradójicamente trataran de sobrevivir a la vida. Existen pocos dramas como éste hoy en día, solo alguno se esconde por ahí. Observando “Adiós a Las Vegas” más allá del rol que adquieren los protagonistas, uno se da cuenta de que la película atraviesa un trasfondo mayor, que Nicolas Cage junto a Elisabeth Shue trasladan a la pantalla con soberbias interpretaciones. Se la puede tomar como una cinta sencilla y fugaz, ahí Mike Figgis el director, hace de éste filme algo normal, porque su guión no es que sea sobresaliente, en lo que destaca la cinta es la dedicación de el director en la maniobra hacía los actores de su película. Recuerdo que cuando la vi me dejó huella y una huella que aún persiste, pues la brutalidad que envuelve a esta historia es imposible de olvidar. Obra que sobrecoge y reluce al mismo tiempo, con una trama tan realista que te hace pensar y saber, hasta donde puede llegar una persona que no ve ningún sentido a su día a día.



Sus minutos iníciales presentan una variedad de hechos en la vida del personaje de Cage para que ya vayamos encontrando la pista y cojamos aire para la increíble interpretación que a continuación nos demuestra el actor norteamericano, que le valió el Óscar en 1995. Lo más positivo de “Adiós a Las Vegas” junto al gran deber de Nicolas Cage, lo encontramos en la maravillosa sorpresa de Elisabeth Shue, quien hace el mejor papel de su carrera. El director pretende hacernos ver en esta película lo dura que es la vida, desde dos puntos de vista diferentes, o si se quiere desde dos personalidades distantes pero a la vez complementarias. Una de ellas es una prostituta, harta de los desprecios de los hombres, de sus humillaciones. Este personaje se siente un objeto en manos de hombres solo sedientos de sexo. Sola en un mundo que no llega a comprender donde no encuentra un verdadero amor, un hombre que la comprenda y la quiera. Un hombre que sepa escucharla, que la mime y la respete.Por otro lado un alcohólico. Un hombre sin rumbo fijo. A quien la vida le ha dado la espalda de manera injusta. Un personaje también solo y perdido en el mundo. Una persona en fase terminal que pretende poner punto y final a una vida que ya no sabe encauzar. Ante estas dos personalidades aparece el amor, aquel misterio de la naturaleza que todo lo une. Una fuerza suprema que hace que nuestros dos personajes se sientan amarrados a tal vez su última salvación. Cada personaje encuentra en el otro lo que a el le falta.



Creo que es una de las mejores historias de amor que se ha podido ver en el cine. Está tan bien realizada que nunca se cae en la cursilería a la que estamos tan habituados. Contrario a lo que ha sucedido hasta el cansancio, no se crea un guión para glorificar un amor imposible o lleno de dificultades; es todo lo contrario, la mesa está puesta y ellos prefieren seguir con sus vicios porque están profundamente arraigados. A pesar de todo lo que hay en contra, la tan inusual pareja se acepta tal y como es y bastan algunos diálogos para saber que están hechos “el uno para el otro”. Sera quiere tanto a Ben que soporta su repugnante comportamiento y aunque lo cuestiona, sabe que no puede hacer nada. Él por su parte consiente de su profesión y aunque le duele profundamente nunca trata de censurarla. Es efectivamente una historia romántica; totalmente “sui generis” si se quiere pero muy sentimental. Lo más rescatable es que se deja a un lado el cliché barato y narra las cosas como son en la vida real, duras, complicadas y bastante crueles. Tiene una profunda esencia moral y reflexiva, y de paso te enseña indirectamente todo lo perjudicial del alcohol, sus consecuencias. Y la lamentable situación de prostitución. Dos historias estrechamente ligadas en la que accidentalmente surge el amor. Otra lección más: se puede amar sin tener en cuenta los prejuicios.



Además el filme estudia de modo sucinto pero efectivo el mundo de la prostitución femenina. Es de gran interés la descripción del universo que la rodea, hecho de perversiones, abusos, maltratos y agresiones. La prostituta suele ser una mujer que ha tenido escasas oportunidades de educación y formación y que se ha visto obligada a ejercer una profesión degradante por coacciones, violencia o tráfico de personas. Resulta patético que haya usuarios de servicios de prostitución que pretendan justificar sus agresiones a mujeres indefensas bajo el delirante pretexto de castigar la mala conducta de éstas. El filme presenta una conmovedora historia de un amor. Muestra cómo y en qué medida, incluso en situaciones extremas de desesperación, se puede encontrar alivio y consuelo dando y recibiendo amor. La película deviene una historia singular y atípica de amor, de un amor extraordinario entre dos personas atormentadas, desasistidas y abandonadas a su suerte. Es de enorme interés la descripción que se presenta de una relación amorosa entre un hombre y una mujer, que se respetan mutuamente, que no se imponen condiciones, que se tratan con respeto y libertad. Desde mi punto de vista; desde mi conciencia y sentimientos, opino que la película es triste; cargada de una impenetrable soledad, que no se llena con nada ni nadie. Pero despierta la esperanza en mi como espectador; pero los intentos de bondad y de afecto no conducen al amor y se pierden, para mi desilusión y rabia, en la pura violencia y impotencia.



En un tramo de la película Ben Sanderson, explica la razón de su comportamiento: “No sé si empecé a beber porque mi familia me dejó o si mi familia me dejó porque empecé a beber”. El hecho es que es un sujeto moralmente destrozado y ya no le importa nada, sólo desea un poco de felicidad, la cual es proporcionada por el alcohol. Por eso se dirige a Las Vegas, donde los bares nunca cierran. Toda ella es un gran complejo de emociones inteligentemente amarradas. La fotografía es memorable, la musicalización es acertadísima y la dirección está impecablemente ejecutada, Es admirable que en los confines de la vida, dos personas humanas no especialmente cualificadas, sepan desarrollar una relación tan limpia, transparente, libre, cautivadora y auténtica. Sorprende el estoicismo de Ben y la presencia de ánimo que exhibe. No menos admirable es la serena aceptación de la voluntad de Ben por parte de Sera, su resignación ante lo inevitable, la firmeza de su afecto y la fortaleza de su ánimo. Ella seguirá su camino, pero la vida ya no será igual, porque ha conocido el amor verdadero. Es sorprendente la definición que se hace del amor: no pone condiciones, no busca ventajas, no es interesado, no impone restricciones, no coarta la libertad de la pareja, no crea dependencias. El filme explica que amor es entrega, aceptación, respeto y compañía.



La cinta está basada en la novela autobiográfica de John O’Brien. Este escritor nació en 1960 y en 1990 redactó el libro “Leaving Las Vegas”. En 1994, dos semanas posteriores al inicio del rodaje, se suicidó; contaba con 34 años. Su padre aseguró que la novela era su nota póstuma. En fin esta cinta es para los que creen que perder no es un fracaso, para los que encuentran la vida oscura y triste pero hermosa, para los que pasan sus días con la mirada perdida en el ayer, olvidándose del mañana, para aquellos que creen que el dinero sólo es papel y números, para todos los que jamás cambiaron una sonrisa por un grito, para los que creen que duermen duendes en los neones de una ciudad, para quién cree que la vida dura y vale lo que dura y vale amar a alguien, para el que dijo que el amor es un sentimiento terrible y desolador que destruye a la persona hasta hacerla de papel, a sólo un paso de volar en el viento o de caer sobre el suelo bajo la lluvia y que luego de decirlo no dejó de enamorarse, para todos los que valoran el tiempo y lo saben infinito pero corto, para aquellos que le dieron la vuelta a sus pasos cuando ya veían el abismo, para los que viven en él, incapaces de salir o simplemente, convencidos de quedarse. Así pues esta cinta es un canto al amor. Un amor necesario, puesto que una persona necesita a la otra para poder afrontar su difícil situación, lo que hace especial al filme es que el alcoholismo del protagonista le hace ser un tipo fuera de si, ausente, enfermo, sin casi uso de razón. Ante esto nos preguntaremos ¿como alguien se puede enamorar de alguien así?. Una cinta imperdible.



“El amor en tiempos de cólera”

3 comentarios:

  1. Héctor García Morales
    Gran película.

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  2. Me da miedo ver esta película. Soy de emocionarme fácilmente y me destrozan estos dramas. Por lo que leí hasta ahora sobre el film, es una historia de amor conmovedora. Me hace acordar a "Dulce noviembre", otra obra que te parte el alma luego de verla...

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