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miércoles, 11 de noviembre de 2009

La Danza de los Vampiros

Director: Roman Polanski
Año: 1967 País: Inglaterra Género: Comedia/Terror Puntaje: 08/10
Interpretes: Jack MacGowran, Roman Polanski, Sharon Tate, Alfie Bass y Ferdy Mayne

Divertida y genial película de Roman Polanski, El doctor Abronsius (Jack MacGowran) y su asistente Alfred (Roman Polanski) viajan por tierras de Transilvania en busca de la confirmación de las teorías del primero, quien defiende, ante sus colegas de la Universidad de Könisberg, la existencia real de los vampiros. Llegan a una posada cubierta de ajos en paredes y ventanas, pero los paisanos y el mismo posadero niegan sin resultar muy convincentes conocer la existencia de ningún castillo por los alrededores, y justifican la presencia de los ajos como un motivo ornamental típico de la región. El rapto de la hija del posadero (Sharon Tate) y la posterior vampirización de éste ponen sobre la pista a nuestros dos protagonistas, quienes lograrán llegar al castillo.

Producción británica del director polaco Roman Polanski que proyecta mediante una mezcolanza entre la comedia y el terror establecer un homenaje en tono paródico a los filmes producidos en uno de los estudios más insignes dedicados al género del horror que ha dado el cine mundial en general y el inglés en particular: la Hammer. Polanski ya era en 1967 un cineasta de prestigio gracias a perturbadoras películas como “Repulsión” (1965). En "La Danza de los Vampiros", en su primera película a color Polanski no sólo trabaja como actor y director, sino que también es guionista y productor. Polanski se las ingenió para convertir una película de terror en una sátira desenfadada, cómica y con una puesta en escena inquietante y por momentos desestabilizadora que el propio cineasta volvería a utilizar en lo que fue su mayor éxito comercial: "El Bebé de Rosemary" (1968).

"La Danza de los Vampiros" se erige, pues, como una parodia del ya muy trillado en aquel momento subgénero de vampiros. En el film el cineasta polaco pone en escena los desmanes de unos vampiros homosexuales y promiscuos, así como las locuras de un científico anciano y su inepto ayudante. La película no es, desde luego, de las mejores de la extensa filmografía de Polanski, pero tiene suficientes elementos que despiertan la atención del espectador. A saber: Polanski es un gran director de actores, y las mejores secuencias de esta película provienen de las situaciones cómicas en las que se ven envueltos sus personajes; además son personajes muy originales, tanto física como personalmente. También la perturbadora puesta en escena, a la que ya hemos aludido anteriormente, resulta un elemento cuanto menos llamativo.

Los personajes no son para nada planos. Son dos personajes principales, un profesor sabio, prepotente y despistado y su alumno, un menso como la copa de un pino, un idiota, pero a la vez apasionado y romántico. La película coquetea entre la comedia y el terror, predominando el terror por encima de las escenas de risa, que están sabiamente distribuidas con cuentagotas, para que las situaciones no den grima ni saturen al espectador y no hacer el filme excesivamente tragicómico sin poder diferenciar una cosa de la otra cosa que ya se sabe si se llega a los extremos. Es un humor fino, exento de sal gorda o vulgaridad, a nombrar por ejemplo el cutre-asalto de nuestros protagonistas a la cripta de los vampiros, o cuando se alejan silbando de Kukol para hacer como que están por allí de casualidad y la verdad, no han podido ser más descarados. Como escenas a destacar por gran efectividad visual la escena de la bañera es muy buena por decir alguna. También se diferencian aquí los vampiros de baja casta con los de la alta aristocracia, ya que los segundos son elegantes y tienen un trato más exquisito que otros que aparecen que son rudos o cutres incluso para morder y atacar a sus víctimas o para escapar.

Con una conseguida fotografía de Douglas Slocombe, una dispar pero provocativa partitura de Krzysztof Komeda y un grandioso reparto, estelarizado entre ellos por el encantador y carismático anciano Jack MacGowran, el tenebroso Ferdy Mayne, la preciosa Sharon Tate, y el mismísimo Roman Polanski como un torpe y soñador joven aprendiz. Es obvio que la comedia no es el fuerte de Polanski, su habilidad se encuentra más en la creación avezada de atmósferas desasosegante u opresivas, sin embargo, cabe admirar su uso del slap-stick y el fast-motion, con fin de otorgarle cierta hilaridad a la pieza. Dentro de los momentos memorables, que se cuentan por montones, están las escapadas de Shagal, las presentaciones de Von Krolock, su hijo Herbert, y el jorobado Koukol, y los tiernos momentos entre Polanski y Sharon Tate, quienes entablarían un romance en la vida real, que los llevaría al altar, tristemente por poco tiempo, luego del brutal asesinato de la hermosa actriz a manos de la sádica familia Manson.

La película se presenta como una burla a las creencias sobre vampiros, muy marcada en aquella época. Los dos personajes principales de la película se muestran como el típico anti-héroe; un viejito simpático muy gracioso y un joven extremadamente miedoso. Vale resaltar la actuación de la bellísima Sharon Tate, "La Danza de los Vampiros" es un filme atípico dentro del currículum de Polanski, no obstante, contiene numerosos momentos simpáticos y entretenidos, y tampoco esta exento de esa inequívoca, placentera y fantasmagórica puesta en escena del director franco-polaco, con el que sus cintas transmiten la magia, el poder, y el encantamiento necesario como para disfrutar dos horas de buen cine.

"Divertida, muy esmerada estéticamente, perfeccionista, con gags memorables, y curiosamente transmite ganas de vivir"

sábado, 21 de noviembre de 2009

Chinatown

Director: Roman Polanski
Año: 1974 País: EE.UU. Género: Policial Puntaje: 10/10
Protagonistas: Jack Nicholson, Faye Dunaway, John Huston, Perry Lopez, Burt Young, John Hillerman y Roman Polanski

Considerada la obra mayor de Polanski y si que es una gran joya del cine negro, Los Angeles, 1937. El detective Jake Gittes (Jack Nicholson), especializado en divorcios, recibe la visita de una mujer llamada Evelyn Cross (Faye Dunaway) la esposa de un tal Mulwray, que es el jefe del Servicio de Aguas de la ciudad. Ella cree que él la engaña, al investigar este caso Gittes descubre que a Mulwray le acusan los agricultores del lugar de corrupción por negarse a construir un pantano que paliaría la sequía que sufren. Poco después, el escándalo salta a la prensa, pero la cosa se complica cuando una mujer misteriosa se presenta en el despacho de Gittes con una sorprendente revelación.

Muy lejos de sus primeros trabajos más intelectuales y enrevesados, afincado en Estados Unidos y en su cine más lineal, Roman Polanski, rodo uno de sus mayores éxitos de taquilla “Chinatown”. En su progresiva decantación hacia un cine en estado puro, sin pretensión de utilizarlo como portavoz de personales filosofías, aquí estamos quizás sencillamente ante un buen film policíaco, aderezado por las habituales provocaciones del director. El cine negro, vertiente de la novela policíaca y de gángsters ha dado grandes obras maestras al séptimo arte, obras que a mi parecer se encuentran en lugares inalcanzables incluso para un buen libro, obras que al llegar a cierta persona que comparta gustos por tales temáticas, se quedaran en su mente para siempre, y dejaran una huella imborrable también en su corazón, obras como esta.

Si hay un filme que reúna las temáticas que mas me interesan ese es Chinatown. una esplendida película facturada por la pareja Roman Polanski/Robert Evans (luego de trabajar en la también excelente "El Bebé de Rosemary") y con un sólido guión de Robert Towne, este clásico film-noir me engancho desde el primer encuadre, tanto por su argumento como por su inmejorable aspecto, Polanski es sin duda alguna un director elocuente, alguien capaz de llevar la batuta con gran maestría, sus usuales planos subjetivos se dan cita en este trabajo, así como su gran habilidad para crear los momentos mas perturbadores jamás imaginados, y propios del cine negro, como el del final de la cinta, cargado de pesimismo extremo e impotencia ante la podredumbre de la sociedad, a pesar de que su productor (Evans) quería un happy ending.

El tema del filme lo podemos tomar como una excusa, (McGuffin en términos hitchconianos), únicamente para rodar una película. En éste, se debate la especulación del suelo y la escasez de agua en el municipio de Los Ángeles, ante la prevaricación de los políticos y la falta de escrúpulos de los magnates del capital. A partir de aquí una serie de enrevesados acontecimientos hará entrar en escena a un detective privado (Jack Nicholson) que ignorante de todo el entramado, nos hará de lazarillo, descubriendo la compleja intriga a la vez que el propio espectador. Como todo gran héroe (o victima) del cine negro, Jack Nicholson personifica de manera magistral a ese detective cínico e irreverente que vera su vida tornarse un infierno a lo largo del metraje, al igual que una vulnerable Faye Dunaway y el magnifico John Huston en un memorable papel, descansando de la dirección, y que ha dado al genero varias obras maestras como "El halcón Maltes" o "La jungla de asfalto", esta ves interpretando con gran acierto a un villano odioso a los ojos de cualquier persona sensata.

Después de su tragedia personal (la muerte de su esposa Sharon Tate a manos de la familia criminal de Charles Manson) Roman Polanski regresó a América para lograr esta obra de notable pulidez, en especial para otorgar a una trama al parecer sin mucho peso (los problemas del acueducto angelino y de su chairman) a la que este director y su guionista supieron darle una profunda gradación psicológica y romántica a veces mal aprovechada en otras cintas del genero, pero que sin duda alguna alimentan esta obra y la llevan al lugar en que se encuentra. Un filme de género, en el que Polanski se pasea con maestría por los clásicos de Hollywood, para ofrecer un producto redondo, en el que, una vez más, nos demuestra su sorprendente capacidad de, simplemente, hacer cine.

Este hito del cine, no es recomendable únicamente por sus grandes actuaciones, su impecable diseño de producción (del asiduo colaborador de Polanski, Richard Sylbert) la nostálgica banda sonora del siempre excelente Jerry Goldsmith, y la ya mítica dirección del infravalorado (debido a sus escándalos privados) director franco-polaco. Esta película es especial, como todo buen film noir dejare un mal sabor de boca, es una de las cintas mas emotivas y crudas que he tenido la oportunidad de observar, y no me cansare jamás de elogiar al igual que de disfrutar cada minuto de esta obra que a mi parecer esta y siempre estará en la cúspide del séptimo arte.

"Homenaje al cine negro, filme sólido, de guión modélico y lleno de nervio"

lunes, 14 de diciembre de 2009

Tess

Director: Roman Polanski
Año: 1980 País: Francia/Inglaterra Género: Drama Puntaje: 08/10
Interpretes: Nastassja Kinski, Peter Firth, Leigh Lawson, John Collins y Richard Pearson

Distinguido melodrama de Polanski, adaptación de la novela de Thomas Hardy, la historia se centra en Tess Durbeyfield (Nastassja Kinski) es una jovencita que lleva una vida en apariencia jovial, pese a ser hija de una familia de campesinos en la Inglaterra del siglo XIX. Un día su vida dará un vuelco cuando su padre se entera a través del párroco del lugar de que su familia desciende de la gloriosa estirpe de los d´Urberville, y de que tienen parientes adinerados no muy lejos de donde viven. Por ello, Tess será enviada a casa de estos parientes, para lograr un trato de favor. Será a partir de ahí, cuando conozca a su pérfido primo, cuando su vida se verá afectada irremisiblemente.

"Tess" supuso un cambio total de registro para el realizador polaco Roman Polanski, al ser su primer filme de época, y el primero que hizo tras su huida de Estados Unidos a causa de un escándalo sexual. Acostumbrado a dirigir películas a contracorriente respecto a las convenciones de su época, el firmar un film tan clasicista como lo es este si que resulta novedoso, aunque quizá "Chinatown" como homenaje al cine negro ya planteaba una adopción de formas más convencionales, en las antípodas de películas como "Repulsión" o "El Bebé de Rosemary". La película es una adaptación de la novela homónima de Thomas Hardy, escritor británico de la época victoriana, que ha conocido en la década de los 90 otras adaptaciones de obras suyas en cintas como "Jude" o "El perdón". Las novelas de Hardy suelen denotar críticas a la sociedad de su tiempo, pero eso es algo que Polanski deja de lado en esta ocasión.

Al director polaco le interesa más el narrar las aventuras y desventuras de una serie de personajes que luchan por su supervivencia, tanto a un nivel físico como emocional. La protagonista es una joven sin grandes pretensiones en la vida, que más de una vez deja patentes sus deseos de morir, que confía en el amor como redentor, pero sin mucha convicción. El amante de Tess (Peter Firth) es un pobre diablo que pasa de las convenciones sociales, pero que repudia a la chica cuando descubre su pasado, en el que tiene mucho que ver el infame Alec (Leigh Lawson), un ricote con pretensiones de señor. De este modo, Polanski nos ofrece un mosaico de pasiones contenidas, rodado con gran exquisitez y sensibilidad, sin caer en lo zalamero y pasteloso.

A ello ayuda que el director capta las tonalidades de la naturaleza según la estación, así como el compositor, autor de una lírica partitura, para nada barroca y recargada. Polanski narra con sencillez y ritmo pausado, para poco a poco ir desgranando los sucesos, que curiosamente se desencadenan a través de coincidencias poco afortunadas. Así pues, el autor de "La Danza de los Vampiros" nos brinda todo un tratado sobre la predestinación y el fatalismo, en el que brilla con luz propia su protagonista, la actriz alemana Nastassja Kinski. Pocas veces lució la teutona tan bella en una pantalla, dotando de humanidad a su personaje por medio de una gran economía gestual, ya que por su expresión o las variaciones en la caída de sus ojos adivinamos sus estados de ánimo. En el apartado de defectos hay que reprocharle un final algo artificioso y teatral, que rompe algo con el tono más realista del resto de la cinta.

Roman Polanski abordó esta romántica historia como homenaje a su esposa Sharon Tate, asesinada en 1969 por Charles Manson: en efecto, ella le dejó a leer esta novela poco antes de morir. La película está exquisitamente rodada: la cámara de Polanski se mueve con una sutilidad desacostumbrada, de una elegancia majestuosa, absolutamente perfecta para narrar este intenso drama de época, con ese tono trágico característico del escritor inglés. La fotografía es primorosa, increíble, tanto que el espectador tiene la sensación de que cobran vida las pinturas campestres de Constable. Polanski respetó mucho la esencia del drama de esta chica inocente e íntegra condenada a la destrucción pero que brilla con la suave luz de su espíritu, que se eleva por encima de las miserias y cuya alma nunca llega a ensuciarse con la crueldad y las mentes sucias de las personas que la rodean. Nastassja Kinski nunca ha estado tan bella ni tan magnífica como en este delicado papel. Película inmensamente triste, melancólica y hermosa, no apta para quienes se aburran con dramas de ritmo pausado.

Deslumbrante ejercicio artístico el que hace Roman Polanski en esta película.Visualmente cautivadora, llena de una belleza inusual y de una crudeza interior sobrecogedora. Polanski convierte los maravillosos paisajes en los que transcurre la historia en un motor más de la narración, en un componente cambiante que ejemplifica la simetría de la obra.Así pues, nos hallamos ante un producto muy recomendable, que quizá no haga las delicias de los seguidores del Polanski más bizarro, pero que resulta ser una de sus mejores películas. En su momento, el film obtuvo tres Oscar en premios menores, quedándose sin galardón en las categorías de mejor película o mejor director, siendo la vencedora la inferior "Kramer contra Kramer", pero ya se sabe que la distribución de los eunucos dorados no siempre es la más merecida.

“Un intenso drama con aires de clásico, que solo Polanski nos puede dar”

viernes, 22 de enero de 2010

Lunas de Hiel

Director: Roman Polanski
Año: 1992 País: Inglaterra Género: Intriga/Erótico Puntaje: 08/10
Interpretes: Peter Coyote, Emmanuelle Seigner, Hugh Grant, Kristin Scott Thomas y Victor Banerjee

Roman Polanski sufre un doble rasero, no sólo en su vida privada, también en su vida creativa. Parece establecido que el cineasta ha firmado un grupito de obras mayores que casi nadie cuestiona, y un puñado de obras menores, entre las que se encontraría “Lunas de Hiel”. Pero yo hoy quiero romper una lanza en favor de situar a esta película entre las más inspiradas y personales de toda su apasionante carrera de Polanski. La trama se centra en Nigel y Fiona (Hugh Grant y Kristin Scott-Thomas) disfrutan de su séptimo aniversario de boda con un crucero por el mar. A bordo ambos se encuentran con Mimi (Emmanuelle Seigner) que parece encontrarse indispuesta, y la llevan a su camarote, donde conocerán a su marido, Oscar (Peter Coyote) que está impedido en una silla de ruedas. A partir de ese día Nigel se obsesiona con Mimi. Oscar se da cuenta y propone a Nigel que intente seducirla. Para ello le relata sus experiencias sexuales con Mimi antes de sufrir el accidente que le dejo paralítico.

Después de dirigir la magistral “Tess”, Roman Polanski tuvo un considerable bajón en su carrera, siendo quizás la etapa menos inspirada de su filmografía. “Piratas” y “Frenético” son un buen ejemplo de ello. Ambos filmes dispares y de diferentes intenciones aunque, ambas ligadas por un nexo en común: el de la desidia y la falta de inspiración. Es por ello que, con “Lunas de Hiel”, el realizador volvió a retomar el buen rumbo. En parte la película, se acerca más al espíritu de “Repulsión” o al de “El Inquilino” que al resto de sus productos. Al igual que en estos, relata la degradación física y psíquica de sus protagonistas. Hurga en los rincones más oscuros de cada uno de ellos. Y lo hace de manera fría, casi distante, sin acercarse demasiado a sus personajes. Diseccionando sus caracteres a través de un fino y afilado bisturí, deja que sangren con sus profundos cortes de cirujano voyeur y, al mismo tiempo, anula toda posibilidad de rescatarlos de su eminente caída al pozo más oscuro. Polanski no siente ningún tipo de pudor por abandonar a su propia suerte a unos personajes empeñados en no dejar cicatrizar sus heridas.

Pocas veces en el cine hemos sido testigos de una historia de amor tan perfecta, tan preciosa, tan apasionada. El escritor y la bailarina se conocen y su pasión es absoluta y cimera, sin aristas ni trabas. Pero todo irá cambiando paulatinamente, hasta el punto de que nunca hemos presenciado semejante degradación emocional y física, y llegaremos a asistir a un verdadero ritual de sacrificio sentimental, cuyos roles de víctima y verdugo irán alternándose dando rienda suelta al sadismo de ambos contendientes. ¿Es posible encontrar el amor de una vida para después desdeñarlo por convertirse en rutina? ¿Es el sexo la válvula de escape eterna que satisfaga un vacío interior? ¿Dónde están los límites de la pasión? ¿También la crueldad y la indiferencia consentidas son pasión? ¿Y el desprecio, y la compasión? Polanski no da respuestas, sólo formula preguntas. Ama a sus imperfectas y salvajes criaturas, pero no por ello les da demasiadas oportunidades. Descarnada descripción de los avernos infinitos a los que desemboca una relación apasionada y tumultuosa, escalofriante relato de “pasiones devoradoras” que embarcan a sus dueños a un viaje más allá de toda posibilidad de redención, o brutal disección de los mecanismos de autodestrucción o sadismo que implica todo amor envenenado de odio y celos. Cualquiera de estas frases, y algunas más, podrían aplicarse a la realización número trece de Polanski.

A partir de de la trama del filme (ósea de los conflictos amorosos), Polanski entra en una controlada y explícita espiral de flash-backs relativos a la convivencia de esos dos amantes. Por su parte, el estupefacto Nigel se convierte en la figura del espectador, atento desde la platea a los juegos sexuales y amorosos de Oscar y Mimi y, ante todo, a la degradación de ambos en su particular dependencia. El masoquismo empieza a aparecer en las vidas de estos. Su afable unión acabará transformándose en un infierno conyugal, lo cual no supone ninguna sorpresa, pues el filme lo deja bien claro desde que, por primera vez, presenta a esos dos seres. Oscar que es un escritor norteamericano afincado en París y Mimi, una exuberante camarera de un restaurante de la ciudad. Sin lugar a dudas, se trata de una de las mejores interpretaciones de Coyote, mientras que Seigner, a pesar de su poca valía como actriz, acaba dando el pego como la mujer excitante; ese tipo de mujeres que, desde siempre, ha retratado a la perfección Polanski, Hugh Grant, gracias a su sosería innata, logra convertir al inseguro y timorato Nigel en un personaje totalmente creíble, mientras que la siempre eficaz Kristin Scott Thomas resuelve a la perfección el rol de mujer insatisfecha y no atendida por su compañero.

Y por encima de ellos está la novela de Pascal Bruckner y ante todo, el fantástico guión adaptado por el gran Gérard Brach, un habitual de Polanski desde que éste dirigiera “Repulsión”. La historia es negra; muy negra. Dura y cruda, sin concesiones. Pero, aparte, sabe administrar pequeñas gotas de humor negro que hacen más llevadera su proyección. Tanta mala leche y cinismo vuelca en su singular sentido del humor que, por momentos, la hiriente relación establecida entre Oscar y Mimi parece una transposición, en personajes de carne y hueso, de los cartoons protagonizados por El Coyote y El Correcaminos. Ciertamente sublime. Y es que no hay mejor manera de plasmar los pasajes más arrebatados que haciéndolo mediante un poco de chispa. Aunque ésta sea sardónica, abrasiva y vitriólica. Incluso, y sin que sirva de precedente, la banda sonora de Vangelis resulta espléndida y bonita. Casi, casi, un milagro tratándose de quien se trata. Pero la verdad es que, en esta ocasión, su partitura musical acompaña perfectamente las neuras y desidias de los cuatro personajes protagonistas, embarcados todos ellos en un crucero con muy pocas esperanzas. Un naufragio moral asegurado al cien por cien.

La película más personal de Roman Polanski. Alejada de preceptivas convencionales como Frenético y en las antípodas de aquél cine de corte más conceptual. “Lunas de Hiel” situó a su director en su óptica más intimista para narrar no ya el declive emocional y sexual de una pareja, algo ya expuesto a mitad de la película, sino el periplo de dos personas que experimentan polos tan opuestos como extremos, llevados por esa trayectoria que va desde la pasión al tedio, desde la ensoñación al rencor y al desprecio más absoluto. Dos personajes opuestos que finalmente, tras un largo periplo de destrucción, en el que los roles cambian trágica y cómicamente, llegan a comprender que se destruyen a sí mismos cuanto más maltratan a su par. Que finalmente se odian, y a la vez se necesitan mutuamente. O quizás, se necesitan porque se odian. Y en ese punto precisamente reside ese nexo de dependencia mutua. “Lunas de Hiel” es en cualquier caso, con todas las virtudes del cineasta, una divertida imagen despiadada del carácter depredatorio de las relaciones humanas; me atrevería a decir que también con todos sus defectos la mejor obra de Polanski, la más subversiva, auténtica por desencasilladora, y también la más original.

“otra genial obra del universo oscuro y tétrico de Polanski"

jueves, 11 de febrero de 2010

La Muerte y la Doncella

Director: Roman Polanski
Año: 1994 País: Inglaterra Género: Thriller Puntaje: 08/10
Interpretes: Sigourney Weaver, Ben Kingsley y Stuart Wilson

Sigo repasando la filmografía de Polanski, esta vez me toca hablar de una de sus películas más infravaloradas “La Muerte y la Doncella”. El argumento de la cinta es la siguiente, Paulina Escobar (Sigourney Weaver) es la esposa de un prominente abogado, Gerardo (Stuart Wilson), ellos viven en un innombrado país del tercer mundo. Una noche una tormenta obliga a su marido a traer a casa a un vecino, el Dr. Miranda (Ben Kingsley), a quien Paulina cree reconocer como parte del antiguo régimen que la torturó. Paulina le recluye, decidida a desvelar la verdad, mientras se debate entre su represión psicológica y su memoria; Gerardo entre su esposa y la ley, y el Dr. Miranda se ve forzado a un duro cautiverio mientras marido y mujer tratan de descubrir la verdad sobre un oscuro pasado. La cinta es una escalofriante disección del poder. Una atmósfera de suspense enfermiza, de volcánica violencia externa e interna. Qué talento el de Polanski, irrenunciable buceador de las tinieblas.

Con esta cinta vuelve Polanski por donde solía, por los amados territorios de los personajes encerrados con un solo juguete, ellos mismos, en atmósferas claustrofóbicas, en tensos ambientes donde se desencadena la tragedia conforme la tensión ambiental se eleva, se eleva, se eleva, hasta llegar a ser vitalmente una válvula de escape que deje salir tanto humus, tanto miedo, tanta irracionalidad. No es éste el gran Polanski de "Repulsión " o "El Inquilino", ni tampoco el protodemoníaco de "El Bebé de Rosemary", como se sabe de Roman Polanski uno debe estar siempre previamente avisado: con algunas excepciones, sus obras rodearán asuntos turbios, siempre muy turbios. En esta ocasión la protagonista es la muerte...y nos involucra en el meollo entre un abogado, su mujer otrora torturada en tiempos de dictadura y un médico que, casualmente, va a parar al lugar menos debido…El mal, la locura, el miedo, la tristeza, la angustia, la soledad... todas esas sensaciones se hayan unidas por el eje común del horror. Y Polanski conoce muy bien ese eje, y es más, sabe interpretarlo.

Imagino que la tenebrosa causa de ese talento se haya en que él lo conoce muy bien. En la memoria de Polanski tiene que haber múltiples cicatrices que jamás desaparecerán. Por ello, su plasmación en la pantalla del horror no puede ser más escalofriante y brutal. "La Muerte y la Doncella" se trata de un relato profundamente desolador cuyos protagonistas se hallan atrapados por un tenebroso pasado que les oprime y no lo suelta. En este pasado tortuoso hubo una víctima, y consecuentemente, un verdugo, y ahora, en el presente, aquella víctima superviviente cree encontrarse con ese verdugo. La voz de éste, su risa, su olor, una cinta de Schubert, expresiones y detalles; pistas sobre las que el sufrido cerebro de aquella víctima relaciona al diabólico verdugo que la torturo, tejiendo acto seguido una venganza para exorcizar sus demonios internos. Hay un tercero, el marido de la víctima, convertida ahora en verdugo, unido a ella por amor, y al otro por el sentido cívico. A partir de ahí, Polanski nos guía por un aterrador viaje al lado oscuro del ser humano, a sus instintos más míseros y primitivos.

Por supuesto que "La Muerte y la Doncella" se resiente de su origen teatral, por más que Polanski haya procurado "airear" en lo posible la película, con hermosos aunque estáticos paisajes nocturnos (gallegos, curiosamente, aunque la acción se supone que se desarrolla en Hispanoamérica). Su nudo gordiano, el hecho de que las víctimas tomen el papel de los verdugos y hasta qué punto el ser humano vejado es capaz de humillar también hasta caer en la misma abyección, es hoy por hoy tal vez una atractiva propuesta filosófica, pero desde luego es difícil que suceda: invariablemente los verdugos siguen siendo verdugos, y sus víctimas, víctimas. Acaso el papel más ambiguo, el del testigo que, a su vez, es el único que pugna por mantener la cordura en este marco de insania, resulte ser también el más culpable: culpable de no intervenir, de no tomar partido, de no imponer el imperio de la razón. Un guión magistral que Polanski da forma con su incomparable genio y su insuperable sentido del suspense, ayudado inestimablemente por unos intérpretes prodigiosos a los que se debe gran parte del filme.

La música recuerda la que acompañaba a Paulina durante su tortura, el opus para cuarteto de cuerdas de Schubert "La Muerte y la Doncella". La partitura original de Vojcieh Kilar intercala pasajes de gran melancolía (sentimientos de Paulina), con marchas marciales amenazantes. La fotografía, del gran Tonino delli Colli resalta los contrastes entre claros y oscuros, luces y sombras, en una atmósfera sombría, con predominio de formas geométricas, evocadoras de una prisión. El guión contiene unos diálogos fluídos y tensos, que dan paso a un desarrollo argumental muy cinematográfico, pese a su raíz teatral. La interpretación de los tres protagonistas es magistral, especialmente la de Weaver, que es simplemente espectacular. La dirección del filme se recrea en la exploración de los orígenes de la violencia. Todo funciona a la perfección en esta tela de araña, tejida con la lúcida y desequilibrada fibra de la venganza, el poder; del horror. Con esta película me he visto sumergido en un universo aterrador que cuando se muestra en carne viva es terriblemente doloroso, el de la maldad del ser humano, involuntaria o no, siempre espeluznante.

El siempre subyugante Roman Polanski nos ofrece en esta ocasión uno de sus filmes más redondos y efectivos, no sólo visto dentro de su estimable filmografía, sino encuadrándolo en el panorama cinematográfico de los últimos tiempos. Con tres personajes, una casa y poca luz, el realizador polaco narra una historia desgarradora y escalofriante a partes iguales, gracias sin duda al buen ejercicio del guión, claramente deudor de su origen teatral (por ésto conciso y de personajes bien definidos), además somos testigos de toda una gama de sentimientos: una rabia feroz, una insondable humillación, un miedo tremendo y un deseo brutal de vengar todo el dolor padecido. Con pocos elementos y sobriedad de recursos, aquí tenemos una contundente denuncia que no puede dejarnos indiferentes. Una gran película que usted deberia ver de todas maneras.

“Definitivamente claustrofóbica y aterradora”

lunes, 2 de noviembre de 2009

El Bebé de Rosemary

Director: Roman Polanski
Año: 1968 País: EE.UU. Género: Terror/Drama Puntaje: 09/10
Interpretes: Mia Farrow, John Cassavetes, Ruth Gordon, Ralph Bellamy, Sydney Blackmer y Maurice Evans

Con este post comienzo el estudio a la filmografía del gran director Roman Polanski y como no empezar con una de sus grandes películas “El Bebé de Rosemary”, la trama de la película se centra en los Woodhouse un matrimonio que se muda a un edificio frente al Central Park en Nueva York, una casa que según un amigo está maldita. Allí los reciben Minnie y Roman Castevet, una singular pareja de ancianos, que los colman de atenciones. Ante la perspectiva de un buen futuro, los Woodhouse se plantean tener un hijo, y Rosemary (Mia Farrow) queda embaraza, aunque todo lo que recuerda es haber hecho el amor con una extraña criatura que le ha dejado todo el cuerpo lleno de marcas. Con el paso del tiempo, Rosemary comienza a sospechar que algo extraño ocurre con su embarazo.

Segunda película americana de Roman Polanski y quizás el mayor éxito de su filmografía, con una evolución considerable en sus formas, pero conservando sus gustos por los personajes límite en situaciones angustiosas. Una película clave en el género de terror, basado en la novela homónima de Ira Levin y producida por William Castle, destacada por el agudo retrato psicológico de su personaje central, atrapado en un ambiente obsesivo y amenazador y sobre todo, porque la sensación de terror y suspense recae en la creación atmosférica más que en las andanzas del psicópata o demonio de turno y el empleo de efectos especiales. Sorprende el tratamiento de la trama, sin artificios ni trampas, Polanski mantiene a la expectativa al espectador en la inmersión de la creciente paranoia de su protagonista, exponiendo de manera magistral un asunto narrado con pausado pero intenso pulso, sin subrayados ni aceleramientos bruscos.

Despliega una enigmática definición de sus extraños personajes en un escenario aparentemente dominado por la cotidianeidad urbana, que va creciendo en su mecanismo de horror y desesperación, culmina con un final acunado por una hipnótica nana de naturaleza espectral. Con unos recursos que nos recuerdan al maestro Hitchcock, mientras el espectador se va enterando puntualmente de todo el entramado, la joven embarazada se dejará llevar al abismo del terror totalmente ignorante, y descubriendo por sí misma, poco a poco, la horrible realidad. El filme, además de considerarse ya como un clásico del cine de terror, aprovecha para plasmar lo cierto de la existencia de exotéricos grupos de poder, desde la propia iglesia, hasta las más extravagantes sectas. Grupos que, aparte de las concesiones de la película a la fantasía, han movido desde siempre los más importantes hilos del entramado económico y político del mundo.

El verdadero temor que produce “El Bebé de Rosemary” es la increíble capacidad de crear conciencia en el espectador y hacerle entender que tras la pared del vecino se esconden otros mundos, otra clase de personas, otra clase de "costumbres" que en este caso guardan oscuros lazos como lo es el culto a Satán, un fenómeno que podría estar a la vuelta de la esquina de cualquier hogar llámese decente, es uno de los mas grandes temores del ser humano, mas que asesinos persiguiendo con hachas, mas que animales monstruosos o seres del espacio exterior, es esta profunda creencia en el inframundo del sufrimiento eterno y de su abominable líder la que acaba por no dejar conciliar el sueño a los menos aptos. Está claro que Roman Polanski realizó aquí uno de sus mejores trabajos, consiguiendo una obra perfecta. Su maestría radica en su sutileza, aterroriza sin mostrar nada, sin tener que recurrir a sustos baratos ni a escenas sanguinolentas, sugiriendo solamente, lo que acrecenta la sensación de suspense.

En conjunto estamos ante un inmortal clásico del Terror psicológico, con mas que brillantes actuaciones de su reparto, entre ellos el director John Cassavetes demostrando que como actor hace un muy buen trabajo, y la infaltable, bella y frágil Mia Farrow, de quien Polanski dudo hasta que comenzó a rodar (quería a Tuesday Weld) pero que sin duda demostró que no se trataba de una simple actriz de televisión. Además cabe anotar la profunda mística que rodeo a la obra, se dice que El Demonio fue interpretado por nada mas y nada menos que Anton La Vey, el conocido "Papa negro" o fundador de la iglesia de Satán, también que el departamento donde se rodó fue el mismo en que vivió sus últimos días el ex Beatle John Lennon, o el infame rumor de que Charles Manson odió tanto la cinta por dar a conocer el mensaje demoníaco al mundo, que decidió asesinar a Polanski, quien se encontraba en Europa en ese momento, pero la victima fatal de aquella infamia fue su bella esposa Sharon Tate, a quien Manson y sus seguidores dieron muerte en un sanguinario y macabro frenesí impulsado por las drogas y la demencia.

Tal vez la principal valía de este titulo fue originar la llamada "fiebre del satanismo" en el mundo del cine, el cual se abriría paso por la década de los setenta con obras como "El Exorcista" o "La Profecía" pero que jamás superaran a este clásico del cine de todos los tiempos, la cual sigue siendo la película mas emblemática de su genero, toda una imbatible e irrepetible joya del horror. Esta película esta considerada entre las 10 Películas más Terroríficas de la Historia del Cine, dicho por Entertainment Weekley, y su póster ocupa el Nº 21 entre los 25 Posters de la Historia, otorgados por la revista Premiere. Realmente un hito en la cinematografía mundial.

“Una maravilla auténticamente terrorífica”

lunes, 30 de noviembre de 2009

El Inquilino

Director: Roman Polanski
Año: 1976 País: Francia Género: Terror Puntaje: 09/10
Interpretes: Roman Polanski, Isabelle Adjani, Shelley Winters, Melvyn Douglas y Bernard Fresson

Con esta película Polanski se afianza como uno de los mejores directores del género de terror psicológico (por no decir el mejor) de la historia del cine. Trelkovsky (Roman Polanski) es un tímido y tranquilo polaco que alquila un apartamento en París cuya anterior inquilina había intentado suicidarse arrojándose por la ventana. Desde el primer momento mantiene roces con sus caseros y algunos de sus vecinos, pero la cosa empeorará hasta creerse objeto de una conspiración por parte de los mismos mientras que extraños acontecimientos tiene lugar en su apartamento, hasta hacerle cuestionarse su propia salud mental ¿De verdad sus vecinos se han aliado contra él, o Trelkovsky se está volviendo loco?

En su tercer film de la llamada "Trilogía de apartamentos", Polanski (que interpreta el rol principal) construye un híbrido entre “Repulsión” y “El Bebé de Rosemary”. Su estreno no tuvo mucha repercusión y se sumó a las tantas películas que, a pesar del fracaso en su debut, hoy en día no escapan a la condición de obra de culto y esencial para todo espectador que sabe contemplar buen cine. “El Inquilino” es una película que nos sumerge de inmediato en la transformación psíquica del personaje, y en donde el humor parece asentarse como si fuera una estela observable claramente sobre la superficie de un océano de situaciones bastante negras. Por momentos Polanski nos invita a establecer códigos absurdos pero con una lógica cuasi-metafísica de extremada consistencia.

“El Inquilino” es un film para ver más de una vez, puesto que de esta manera se accede a un tipo de lectura más abierta, oculto en toda obra maestra, con proezas que saltan a la luz y que no pudieron ser contempladas con la primera mirada. Los detalles se camuflan en la psicología del personaje y ya no sabemos si lo que observamos es una deformación de la realidad o son precisos puntos de conocimiento para comprender el concepto y los tópicos que la película irá abordando. Hay algo que esta muy claro: el ambiente claustrofóbico; la excentricidad e inpulcritud de varios personajes. Aquellas reflexiones de Trelkovsky acerca de la prioridad o no de un brazo a continuar llamándose “yo” en el caso de que fuera cortado, llegan al extremo cuando vemos el personaje todo separado de si mismo.

En cuanto el personaje de Trelkovsky, al cual interpreta magistralmente el mismo Polanski, es un joven francés de ascendencia polaca que busca piso de alquiler en Paris. Su carácter es introvertido, amable, huidizo, y en su búsqueda por encontrar la vivienda, se topa con un piso que ha quedado libre recientemente. La inquilina que lo habitaba está en el hospital, en coma, porque justo la noche anterior había intentado suicidarse. En su interés por el desarrollo de estos acontecimientos, acude a verla al hospital, donde presencia su muerte. A partir de aquí, la impregnación psicológica que produce todo el ambiente en nuestro protagonista, hace que su mente entre en un círculo autodestructivo que le llevará poco a poco a la locura.

Pero la magia de “El Inquilino” no reside sólo en su buen guión, ni siquiera en la espléndida interpretación de todos y cada uno de los actores, comenzando por el propio Polanski como protagonista y pasando por cada uno de los personajes que intervienen: Isabelle Adjani demuestra una naturalidad y credibilidad asombrosa, y Melvyn Douglas o Shelley Winters (en el papel de casero y portera, respectivamente) resultan pérfidos y macabros hasta el extremo, todos ellos magistralmente dirigidos y perfectamente dibujados. Lo que hace del film una obra maestra, quizá el mejor de Polanski, es esa narrativa crítica y mordaz de una sociedad parisina profundamente conservadora, provista de una moral que intenta socavar cualquier intento de invasión en sus valores, bien sea por su excesivo atrevimiento, bien por su precaria ingenuidad, como es el caso del protagonista.

Todo la película es un recorrido por un negrísimo y fino sentido del humor que deja algunas escenas inolvidables como las del patio de vecinos distribuido en balcones a modo de palcos teatrales, la del diente que encuentra escondido en la pared, la insistente terquedad del camarero en venderle una cajetilla de Marlboro, las quejas de los vecinos a modo de complot contra él, o la magnífica escena del discurso sobre la mente humana de la mano del propio director. Una infinidad de detalles que convierten al film en una de las pesadillas más gratas y placenteras de la historia del cine.

“La propuesta más febril de Polanski. Diseccióna los avatares de la paranoia libre de motivos. Simple, pura y electrizante”

lunes, 4 de enero de 2010

Repulsión

Director: Roman Polanski
Año: 1965 País: Inglaterra
Género: Drama Psicológico Puntaje: 08/10
Interpretes: Catherine Deneuve, Ian Hendry, Patrick Wymark, John Fraser, Furneaux y Valerie Taylor

Sigo con el repaso de la filmografía de Roman Polanski, pero en esta ocasión quiero ir más atrás, a los inicios de su carrera y analizar la película que lo lanzo a la fama, me refiero a “Repulsión”, la historia gira en torno a Carol Ledoux (Catherine Deneuve), una bella joven Belga que sexualmente esta reprimida, vive junto a su hermana Helen (Yvonne Furneaux) en un apartamento de Londres. Con sentimientos simultáneos de atracción y rechazo hacia el sexo opuesto, Carol es una virgen que se encuentra extremadamente molesta la relación de su hermana con un hombre casado, Michael. Cuando su hermana y Michael se marchan de vacaciones, Carol comienza a desmoronarse mentalmente, sufriendo una serie de alucinaciones, esta fue la primera película de la llamada “trilogía de las habitaciones”, que la conforman también los filmes “El Bebé de Rosemary” y “El Inqulino”.

Fue con "El Cuchillo en el Agua", su ópera prima, que Roman Polanski se proyectaría hacia el futuro como uno de los cineastas clave en futuras décadas, pero poco hubiera sido si no hubiera filmado “Repulsión”, la película que lo hizo conocido internacionalmente, se podría calificar de una manera simple como un filme de “terror psicológico”, aunque vista con mayor detenimiento, sería más acertado hablar de “drama psicológico”, siempre teniendo en cuenta que como todo filme de autor, escapa a cualquier simplificación, convirtiéndose en una historia personal y compleja, que a través de sus abundantes metáforas nos abre el camino a numerosas interpretaciones. Gracias a la maestría de su autor al narrar su historia vemos como todos estos detalles acumulados nos ofrecen una perspectiva de la personalidad fragmentada y casi autista de la protagonista femenina, quien incluso en su casa persiste con su obsesiva aversión al sexo masculino, al que percibe amenazante y hostil, aquí representado por el novio de su hermana.

La película, en sí, la podríamos dividir en dos partes claramente diferenciadas, más un corto remate final. Polanski nos cuenta como Carol, una joven introvertida y huraña, vive con su hermana Helen, de carácter totalmente opuesto. La vida entre ambas parece apacible, a no ser, por la compulsiva repulsión que Carol tiene hacia los hombres y cualquier implicación sexual que se pueda derivar. Tras exponer esta situación, con ya incipientes rasgos de anormalidad, las vacaciones de la hermana con su amante, que la dejará sola en casa, desencadenará el definitivo “resquebrajamiento” de la mente de Carol, quien se vera ultrajada por inexistentes violadores (al sonar las campanas del convento cercano), vera agrietarse el edificio (su propia mentalidad), y finalmente materializará sus obsesiones en las dos personas reales que aparecen en su vida, más o menos inocentemente.

Al final, con el desastre totalmente desatado, una coda final, sobre el comportamiento del vecindario, fisgón, completamente ajeno y superficial, contrasta con el de sus propios familiares, asumiendo la auténtica tragedia. “Repulsión”, rodada que esta rodada en blanco y negro, es un esplendido thriller psicológico, escrito por Gerard Brach y el propio director, quienes dan vida a un ensimismado e inestable personaje, con una inusual aversión hacia individuos del sexo masculino, y quien debido a su belleza y a su apariencia inocente, se verá asediada por estos.el director expone de manera magistral la gradual deconstrucción, declive psíquico y las cada vez más frecuentes fantasías sexuales de aquella frígida joven, encarnada por la hermosa actriz gala Catherine Deneuve, luciéndose en un papel en el que no solo brilla por su innegable buena presencia, sino también por lograr un notable y natural manejo de las expresiones y conductas típicas de una esquizoide. La sordidez del apartamento londinense también contribuye a recrear esa atmósfera claustrofóbica que perseguía Polanski, pero lo que siempre persistirá en nuestro disco duro cada vez que nos mencionen “Repulsión” será la presencia etérea y fantasmal de una prodigiosa Catherine Deneuve.

Lo que comienza siendo un drama sobre las relaciones filiales entre una joven de aspecto casi autista con su entorno, terminará siendo una terrible pesadilla psicológica en la que todos nos veremos inmersos. El terror al contacto con el sexo opuesto derivara a un comportamiento violento y hostil, que se vera aumentado cuando la joven se queda en casa sola, siendo ya la última media hora de un delirio esquizofrénico difícil de olvidar. Pocas veces se ha tratado el cine de terror de una manera tan cercana y realista como la del realizador Polaco Roman Polanski. Es acertada también el desasosiego que produce la genial partitura de Chico Hamilton (en la mejor tradición de Bernard Herrman), la gran fotografía de Gilbert Taylor (rica en claroscuros), y el siempre delirante y fascinante tacto narrativo del realizador polaco (constante uso de planos subjetivos) elevan a "Repulsión" a la categoría de pieza de culto, y uno de los mayores exponentes del genero del horror.

En resumidas cuentas “Repulsión” es un filme desasosegante, entre el terror y el sexo, cerca de la locura y la crueldad. Mezcla de cine popular y complejo, con una joven y hermosa Deneuve, es un magnífico descenso a los infiernos de una mente maltrecha y desquiciada. Además es un compendio visual de Polanski de la época y de las tendencias sesenteras pero, como siempre, llevándolas a su terreno y alejándose de temáticas, dogmas y corsés, esto hace el progresivo desenlace con la realidad que tiene Carol, junto a la originalidad de como sus síntomas esquizofrénicos son retratados, nos resulta una de las más grandes, atemorizantes y abrumadoras cintas del llamado terror psicológico que existen.

"Espléndido drama de tintes psicológicos"

jueves, 15 de abril de 2010

El Escritor

Director: Roman Polanski
Año: 2010 País: Alemania Género: Thriller/Político Puntaje: 08/10
Interpretes: Ewan McGregor, Pierce Brosnan, Olivia Williams, Kim Cattrall, Tom Wilkinson, Timothy Hutton y James Belushi

Este es el último post sobre la filmografía de este genial director como es: Roman Polanski. Un escritor (Ewan McGregor) acepta a regañadientes terminar las memorias del antiguo Primer Ministro británico Adam Lang (Pierce Brosnan), después de que la persona que lo estaba haciendo, que llevaba muchos años como ayudante de Lang, muriera en un accidente. El escritor toma un vuelo para trabajar en el proyecto, en pleno invierno, en una casa junto al mar de una isla en la costa este de Estados Unidos. Sin embargo, al día siguiente de llegar, un antiguo ministro británico del gabinete de Lang acusa a éste de autorizar la captura ilegal de sospechosos de terrorismo y su posterior entrega a la CIA para que los torture, hechos que están considerados como crímenes de guerra. La controversia atrae a periodistas y manifestantes en masa a la mansión de la isla donde se aloja Lang con su mujer, Ruth (Olivia Williams), y su ayudante personal, Amelia Bly (Kim Cattrall). El veterano director polaco regresa allí donde es admirado con este apasionante thriller.

Polanski filma con una precisión absoluta. Sin ligerezas. Sin caer en ese estilo tan actual de exagerar el cine negro. Para él, esto es un juego. Un juego cruel, pero juego al fin y al cabo. De modo que está presente un erotismo y un humor negro que alinean un relato lleno de pequeños y placenteros detalles (el barrendero al que el viento le lleva lo barrido, el gorro del jardinero, la recepcionista disfrazada…) que hacen respirar de cotidianeidad una trama que, de otro modo, hubiera resultado más fría. Porque estamos ante una verdadera “pieza de cámara” (pues la mayor parte de su metraje transcurre en el interior de un búnker de lujo…). Polanski no tiene ya nada que demostrar a nadie, y se lo pasa como un chiquillo y esa sensación (vigorosa, juvenil) se transmite en cada secuencia. La elección de los espacios de esa mansión, tan abierta por cristales al exterior, pero tan encerrada por su ubicación aislada juega otra vez a favor de la angustia. Los personajes se encuentran en una isla y el precursor del protagonista perdió la vida precisamente en el único medio que existe para escapar de ella. Los movimientos están condicionados y cualquier paso custodiado. Con todo ello, se hace más arduo respirar que averiguar las claves que se ocultan en la gestión del gobernante retirado.

El experimentado Polanski toma, de un relato gastado e irrisorio, los mecanismos que mejor se prestan a producir el modelo de thriller que tan magistralmente ha llevado a cabo en previas oportunidades. El polaco cuece una atmósfera asfixiante y corrompe la urgencia de la investigación, gracias a un conjunto de secuencias conducidas con tranquilidad, pero que no extravían, ni por un instante, la siniestra presencia de una amenaza indeterminada, tan poco concreta que podría ser, por lo que al protagonista concierne, una simple paranoia sin fundamento. La escena del GPS despunta entre ellas como un ejemplo claro de construcción de la tensión y de mantenimiento del interés. Si al escritor se le ha podido llamar "fantasma" gracias a que, en inglés, la expresión para hablar de los autores ocultos tras una firma famosa contiene esa palabra; mucho más invisible es aún el antiguo Primer Ministro, personaje que, entre carrera y carrera, echa una mirada nostálgica a otras épocas de su vida. A su alrededor, dos mujeres convertidas en rivales por la situación, luchan por su espacio. Misteriosos todos ellos, plenos de verdades sin desvelar, cada uno de los personajes que aparece en “El Escritor” aumenta la curiosidad, pero más centrada en sus vidas y personalidades que en su desempeño dentro de la confabulación.

La nueva película de Roman Polanski no es una de sus películas más personales, pero el director sabe llevarla a su terreno y sacar mucho provecho de una historia con toques hitchcockianos gracias a su enorme oficio. A pesar de que la película te sitúa ante unos hechos dramáticos, y con puntos de conexión evidentes con la actualidad política de la pasada década, Polanski usa con brillantez la comicidad que despunta de su inteligente guión, forjando así grandes instantes cómicos, que ayudan a depurar las pequeñas incoherencias y baches inverosímiles por los que pasa su guión. Un guión que se le hubiera podido sacar mucho más brillo e intensidad, si se hubieran destinado más páginas a recrearse en los momentos de mayor tensión, adrenalina e intriga, tal y como su director nos brindó a lo largo de la ejemplar “Lunas de Hiel”. Es en los instantes finales, cuando el protagonista se ve en apuros, cuando la cinta cobra mayor fuerza y no se detiene hasta su repentino final. La grata impresión que se lleva uno durante su visionado responde también al excelente trabajo de fotografía, a la genial ejecución visual de Polanski, y a la incesante y agobiante música de Alexander Desplat, que sumerge a la perfección al espectador en la agravada maraña por el que pasa su intranquilo escritor. Este filme es un apasionante thriller político, que empieza seduciendo al espectador con su descripción de personajes, con la extraña atmósfera que se respira en esa isla y que envuelve a sus protagonistas, y que termina adentrándose en un túnel de tensión, angustia, y drama, todo ello, añadido con unas admirables gotas de humor.

Los caracteres encontrados y la exploración de la propia personalidad son, igualmente, bazas constantes en Polanski que, en el caso particular de “El Escritor”, aportan madurez y valía al encargo. Los diálogos, henchidos de sarcasmo y de sagaces consideraciones, perfilan a unos personajes de vuelta de todo y con poco que perder. McGregor se introduce en la carcasa de un hombre superado por las coyunturas, que se ve forzado a desempeñar un rol de investigador que no le corresponde y para el que no está capacitado, el director aprovecha la noción de extraer a un ciudadano de a pie de su hábitat natural para dotar a la historia de un realismo y unas apreciaciones de los que las narraciones detectivescas al uso carecen. Con todos sus éxitos, es un autor que no firmará el libro que está escribiendo porque ni siquiera tiene nombre, un pelele ante quien los malos de la película ni tan solo demuestran el respeto de considerar su presencia un riesgo que pudiese desentrañar su secreto. Sus opciones se representan en una elocuente metáfora encarnada por un jardinero que en vano trata de arrebatarle al viento las hojas secas de los árboles. Si al escritor se le ha podido llamar “fantasma” gracias a que, en inglés, la expresión para hablar de los autores ocultos tras una firma famosa contiene esa palabra; mucho más invisible es aún el antiguo Primer Ministro, personaje que, entre carrera y carrera, echa una mirada nostálgica a otras épocas de su vida.

Cada uno de los personajes que aparece en “El Escritor” aumenta la curiosidad, pero más centrada en sus vidas y personalidades que en su desempeño dentro de la confabulación. Supongo que, dentro del género novelesco de espías o de thriller político, se podría abrir un gran apartado relacionado con las teorías de la conspiración. Algunas las consideraría ocurrentes, como las que dieron pie a las dos versiones de “The Manchurian Candidate” y a otras les otorgaría una credibilidad que captaría nuestra atención ante el desenredado de sus detalles. El complot ideado por Harris no contiene ni la originalidad de unas ni la legitimidad de otras y carece de la fuerza para enganchar, pero más aún para sorprender. Tratar de justificar las decisiones de este ex-Primer Ministro, trasunto de Tony Blair, con un elemento subversivo como el que incluye Harris, puede ser más risible que sugestivo. La base literaria de “El Escritor” sirve a Polanski para hacer lo que le motiva, que no coincide con las intenciones del novelista. Si se busca en la película un transcurso de thriller político conspirativo, la experiencia será insatisfactoria y se verá interrumpida, antes casi de haber despegado, con un brusco final. Si se trata de ver, sin embargo, el espíritu del director, reflejado en la opresión y el encierro, o un retrato de interesantes personajes; todo, incluso esa conclusión precipitada, cobrará sentido para componer una propuesta que, si bien no está entre las mejores de Polanski, no carece de ninguna de las constantes que hacen su cine tan fascinante.

"Un thriller político extraordinariamente preciso y bien realizado”