lunes, 26 de octubre de 2009

El Hombre Elefante

Director: David Lynch
Año: 1980 País: EE.UU./Inglaterra Género: Drama Puntaje: 09/10
Interpretes: Anthony Hopkins, John Hurt, Anne Bancroft, John Gielgud, Wendy Hiller y Freddie Jones

Maravillosa película del incomprendido y genial David Lynch que basándose en hecho real nos cuenta la historia que se centra en el Londres Victoriano, en donde John Merrick (John Hurt) vive un drama debido a las malformaciones que padece, rechazado por la sociedad vive en un estado inhumano bajo la custodia de su “cuidador”, que lo presenta en el mundo círquense como “El Hombre Elefante”, pero en su ayuda acudirá el doctor Frederick Treves (Anthony Hopkins), quien quera llevarlo a un hospital para su bienestar. Según la causa de las malformaciones de Merrick se debió a que su madre tuvo un accidente con un elefante en África, cuando esta estaba embarazada.

Sensacional película llena de emotividad y efusión afectiva. David Lynch (en su segundo largometraje tras "Cabeza Borradora") utiliza aquí su trazo más sensible para dibujar con mano maestra la triste vida de John Merrick, dramatizando el caso real hasta extremos harto dolorosos, dolor que van padeciendo con el personaje principal los propios espectadores (hasta tal punto está conseguido el sentido de la compasión y desconsuelo que desprende la extraordinaria caracterización de John Hurt). El ambiente decimonónico está maravillosamente conseguido por parte de una fotografía en blanco y negro repleta de claroscuros obra de Freddie Francis, un veteranísimo operador y director de cine que había trabajado con asiduidad para los legendarios estudios Hammer.

La agria e irreal atmósfera lograda por Lynch y Francis crea un afligido y sombrío cuento victoriano que destapa con gran habilidad su mensaje de tolerancia y respeto con escenas y planos sobrecogedoramente efectivos: el Dr. Treves llorando hieráticamente cuando contempla por primera vez al "hombre elefante" mientras la cámara se acerca sutilmente a su rostro y de fondo se escuchan las voces hostiles que rodean al mal llamado monstruo; la secuencia en casa de la familia Treves; momento en que el médico le presenta a su esposa y ésta escucha mientras toman el te a John Merrick hablar sobre su difunta madre sin aguantar el llanto que interrumpe su mansa voz en una escena que muere en un suave fundido; y, sobre todo, la estremecedora secuencia ocurrida en la estación de tren, cuando Merrick es acorralado por una muchedumbre violenta y desesperado grita "No soy un animal.......soy un ser humano........soy un hombre.." al mismo tiempo que sus palabras van perdiendo fortaleza.

David Lynch nos plantea una interesante reflexión sobre la belleza. En personas “normales” el aspecto físico se convierte generalmente en una primera capa que a veces dificulta el conocimiento auténtico del otro. Se interpone. Aquí, cuando la deformidad es llevada al extremo, ya no hay interposición. Uno habla directamente al alma de J. Merrick y a su vez es respondido directamente por ella. El yo, despojado de todo aquello que es pasajero y tantas veces superficial (una mueca, un gesto, un rostro terso y joven), queda al desnudo frente al interlocutor. Surge así un curioso cruce entre el espantoso rostro de Merrick y su mundo interior tan frágil y rico frente a los infames seres de alma negra y rostro mundano, aparentemente normal, que rodean al personaje. Y el espectador no queda indiferente. Se elige ser víctima en lugar de verdugo.

El doctor y su mujer simbolizan el equilibrio entre ambos mundos. Su casa es un pequeño paraíso que Merrick añora desde el primer momento en que es invitado a ella. La sociedad es hostil y solo una excelente Anne Bancroft, en su papel de actriz, es capaz de llegar de manera especial al corazón de nuestro protagonista. Al fin y al cabo ella también usa una máscara cada noche, en cada actuación. Con ella vive uno de los momentos más emotivos de la película, un homenaje a Shakespeare que viene a ser un homenaje a lo eterno, a la palabra sublime que perdura a través del tiempo. Un cálido hogar y amigos eran dos de las cosas básicas que necesitaba un ser humano distinto en apariencia, quizá feo...pero idéntico y bello en su interior...y eso es lo único que verdaderamente importa.

Magistral tacto narrativo y magistrales actuaciones de Anthony Hopkins y John Hurt, contando además de una bella banda sonora que fluye excelentemente a lo largo del metraje. La película obtuvo ocho nominaciones al Oscar sin ganar ninguno (de manera injusta Freddie Francis no estuvo ni tan siquiera optando a la estatuilla). "El Hombre Elefante" es todo un clásico, un trabajo brillante y magistral, además de ser un bello homenaje al que debe ser el valor primordial de todo ser humano: la dignidad.

"Generosa, clásica, bellísima película"

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